viernes 08 de mayo de 2020 - 3:15 PM

La heroica labor de alimentar personas con hambre en Bucaramanga

Los refrigerios que reparten un grupo de amigos son tal vez la mayor muestra de afecto que reciben a diario unos 200 habitantes de calle que deambulan por sectores reprimidos de Bucaramanga.
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En medio de la pandemia por coronavirus más que nunca han sido necesarias las muestras de solidaridad. En Bucaramanga sobresale la labor que adelanta un grupo de cuatro jóvenes que se encargan de llevar el ‘pan de cada día’ a unas 200 personas en condición de calle.

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La labor nació por iniciativa de Nicole Alvarado. Desde hace algunos años, en compañía de Daniel Rodríguez, Jennifer Torres y Willson Rincón, realizaban una recolecta para llevarles algún bocado a esta población dos o tres veces por mes.

Pero con el inicio de la pandemia la situación se hizo más crítica para las personas en condición de calle, el hambre se intensificó y pocos se preocuparon por sus necesidades. “Ellos recibían alimentos de restaurantes y hoteles, pero esos establecimientos ahora no están operando. No tienen el mismo nivel sociocultural ni educativo, por lo que es posible que cuando sientan un hambre terrible hagan cualquier cosa por saciar esa necesidad”, afirma Alvarado.

Al notar esta situación se percataron de que urgía reforzar su labor social. Así que buscaron la forma de lograr distribuir comida todos los días. “Hicimos unos videos y empezamos a mover ayudas a través de redes sociales. Así más personas se fueron uniendo con diferentes aportes”, relata.

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Las jornadas

Ya se completaron cuatro semanas en las que sin parar estos jóvenes han repartido unas 200 raciones de comida diarias, de lunes a sábado.

Cada jornada es ardua, pero gratificante. Los fogones se encienden en horas de la madrugada, la idea es repartir los desayunos entre las 6 y las 7 de la mañana. El centro de operaciones donde se coordinan todos los detalles es el apartamento de Nicole. “Yo voy adelantando mientras los demás llegan. Luego cocinamos entre todos en las ollas, algunas son prestadas...”, comenta la mujer.

Es así como logran preparar diferentes menús, que pueden ser: chocolate, queso y pan; huevos, pan y aguapanela; arroz con pollo, verduras y té; pasta, pan y aguapanela; pan con salchicha...

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Cuando ya todo está listo, los ‘titanes’ se embarcan en el automóvil de Nicole con el que recorren sectores críticos como la calle cuarta, la carrera 17, el parque Centenario, la avenida Quebradaseca y el parque del Agua, donde también han favorecido a migrantes venezolanos.

“Tratamos de repartir comida no perecedera para que no les vaya a caer mal. Algunas veces hemos llevado caldo de huevo, sopa de pastas y menudencias”.

Cuando se reparten comidas, la misma rutina se repite a partir de las 5:00 de la tarde, para empezar la distribución pasadas las 7:00 p.m.

Debido al riesgo por el coronavirus, los jóvenes deben contar con tapabocas, guantes y caretas. “Tenemos muy claro que no nos podemos llevar las manos a los ojos y la cara. Tenemos esas precauciones desde el primer momento en que salimos. Salimos con ropa manga larga para no quedar tan expuestos y manejamos todo el tiempo el alcohol. Tras hacer en cada punto la entrega nos rociamos con alcohol, cuando regresamos al apartamento nos duchamos y nos cambiamos, la ropa se pone inmediatamente a lavar”.

Gratitud

Nicole Alvarado reconoce que esta actividad no es tarea fácil, incluso en algunas oportunidades ha llegado a ser desgastante.

No es para menos. Pocos estás dispuestos a cocinar tremenda cantidad de comida, empacarla repartirla, madrugar y trasnochar, además de tener que cumplir con las obligaciones del trabajo y el ámbito familiar.

Sin embargo, para estos jóvenes todo este sacrificio vale la pena cuando a cambio reciben tantas expresiones de gratitud por parte de las personas que reciben la ayuda.

“Cuando llegas y le sirves un plato de comida a ellos, eso lo paga todo. Ellos expresan felicidad y total agradecimiento cuando reciben algo, eso no tiene precio. Me ofende que les digan indigentes, porque siguen siendo personas. Simplemente por situaciones de la vida que le pudieron haber pasado a cualquiera están en esa condición”, asegura Alvarado.

Uno de los mantras de esta joven es aquella frase de la Madre Teresa de Calcuta que subraya que quien no vive para servir, no sirve para vivir.

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“Siempre he pensado que uno debe aportar algo y tomar acción. No solo se debe mirar desde lejos y decir ‘pobre gente’. Si todos aportaran algo creo que el cambio sería fuerte. Nos quejamos de todo, pero no hacemos nada...”, dice Alvarado.

Faltan políticas públicas

Para poder atender a los cerca de 1.800 habitantes de calle que hay en Bucaramanga, según la cifra del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, Nicole Alvarado considera que hacen falta más políticas públicas para atender esta población.

La joven afirma que se deben estudiar diferentes alternativas, como la instalación de huertas donde ellos puedan producir su propio alimento o la construcción de comedores comunitarios. “Ellos son personas muy bonitas y aunque muchos son consumidores de drogas, hay que aprender a mirar más allá. No son gente llena de mugre o sin ropa...”.

Alvarado lamenta que por ejemplo hace algunos días se encontró con una niña con una enfermedad compleja en su boca. “Tenía el cachete hinchado por la afectación que tiene en una muela”.

Es así como también urgen jornadas de salud para la población en condición de calle.

Uno de los mayores temores que tienen los jóvenes es que en algún momento se acaben los aportes que han recibido y se dejen de repartir los 200 refrigerios. “Lo que hacemos es gracias al 100% a las ayudas que hemos recibido. Si en algún momento nos dicen que ya no nos pueden aportar más ¿qué va a pasar? Estamos tratando de estructurar un proyecto para poder generar alguna forma de que sea sostenible”.

Por el momento, los jóvenes van a continuar con su labor hasta donde más puedan y reconocen que siempre van a hacer falta manos, ninguna ayuda sobra. “Sabemos que el día en que no podamos ir, ellos no van a comer. Requerimos tanto apoyo económico como de más colaboradores. Vamos a llegar a un punto en que nuestro cuerpo no pueda más. Por eso nos gustaría que más gente se uniera para turnarnos y poder descansar uno o dos días”.

Para darle más oxígeno a esta causa se pueden hacer llegar donaciones en especie o consignaciones para la compra de alimentos, desechables y elementos de bioseguridad. “El valor no importa, todo suma”.

Los interesados en realizar algún aporte pueden contactar a Nicole Alvarado al número 318 5301804.

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