miércoles 03 de julio de 2019 - 12:00 AM

La historia del artista santandereano que ganó un premio Emmy

El pasado 8 de junio, la academia de Artes y Ciencias de la Televisión de EE.UU. premió al artista audiovisual bumangués por su trabajo en la cadena Telemundo.

La historia de Benito Sánchez, un inmigrante mexicano que pasó de cuidar vacas y limpiar casas a ser programador de código de la multinacional Uber, fue el trabajo ganador en la categoría Feature News Report Light (reportajes cortos tipo crónica) de los premios Emmy que entrega la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión de EE.UU. en cada estado del país a lo mejor de la producción televisiva.

Benito, un ‘dreamer’, como se les llama a los jóvenes inmigrantes indocumentados que hicieron su vida en Estados Unidos y hoy viven y sueñan con salir de las sombras de la deportación, llegó a los 10 años a Greenfeald, California, con sus padres.

Como había vivido varios años con sus abuelos, indígenas nativos mexicanos, en los campos de Oaxaca, llegar a una nueva ciudad, aprender inglés y enfrentarse a toda la tecnología que sus compañeros de clase dominaban, no fue fácil; sin embargo, nunca dudó de sus capacidades y luego de graduarse de la Universidad Estatal de California fue uno de los seleccionados para trabajar en la empresa de transporte Uber.

Así resume la historia Diego Avellaneda, el joven santandereano que detrás de cámaras y luego en la edición del reportaje transmitido por Telemundo, logró en tres minutos un producto audiovisual digno de premio.

A diferencia de Benito, él llegó a Estados Unidos con papeles, pues había vivido y estudiado allí años atrás y contaba con residencia; pero, como el protagonista de la historia, volvió al “país de las oportunidades” en busca de un sueño.

De Starbucks a la alfombra roja

A Diego no le gustaba mucho la producción de noticias y televisión, pero estaba seguro que servir cafés todo el día le gustaba menos.

Mientras llegaba a la gala, tipo alfombra roja como los premios de cine, recordó todo lo que hizo para estar ahí.

La historia del artista santandereano que ganó un premio Emmy

“Cuando yo sentía que me estaba alejando de lo que quería, cuando a pesar de intentar e intentar no veía el camino, lo que hacía era volver a empezar. Siempre había algo que me decía aquí no es, aquí no va a pasar nada y entonces me arriesgaba con otra cosa. Eso pensaba mientras esperaba que premiaran mi categoría, que solo estar ahí sentado era tan importante como haber vendido cafés o enseñado salsa”, cuenta Diego.

Cuando se graduó como artista audiovisual de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, trabajó como productor de un programa de noticias en la Universidad Industrial de Santander, UIS, pero después de un tiempo sintió que necesitaba ir más allá y decidió que era hora de probar suerte en Estados Unidos.

Vendió las cosas que más quería: sus cámaras y sus bicicletas y se fue a empezar de cero.

Cuando llegó a San Francisco, California, todo parecía más difícil. No conocía a nadie del medio y los primeros meses sentía que nada iba a pasar.

“Sentía que no estaba aprovechando lo que había aprendido. Me había graduado, había trabajado, pero estaba ahí sin aplicarlo”, recuerda.

Cuando consiguió trabajo en Starbucks, la cadena internacional de café estadounidense, pensó que por algo se empezaba y hasta preparando cafés no despintaba a las personas que llegaban al lugar. Tenía que hacer contactos y el sitio le parecía perfecto para encontrarse, quizás, un día, con alguien que lo ayudara a pasar de las máquinas de café a las cámaras. De barista a productor, editor, director, o lo que fuera.

Y así pasó. Después de algunos días observando al de la mesa de la derecha, un afroamericano que iba por café y a veces por desayuno y que siempre estaba arreglando o subiendo fotos a algún sitio, Diego se atrevió a hablarle.

Era un fotógrafo de moda y necesitaba ayuda con algunos detrás de cámaras de sus sesiones de fotografía. No había pago, pero sí experiencia y él aceptó.

“Me estaba acercando, lo sabía. Yo estaba seguro que entre más me acercara a algo que tuviera que ver con arte, más rápido llegaría lo que estaba buscando”, pensaba en ese momento.

Entonces vio en el periódico un anuncio curioso: “Se necesita instructor de baile latino. Enviar hoja de vida”.

“El baile es arte”, pensó. Más que preparar café, seguro que sí.

Al día siguiente lo llamaron y después de solo saber unos cuantos pasos de salsa, al poco tiempo ya sabía tango, bolero, chachachá y más.

Bailaba entre seis y ocho horas al día y le gustaba, pero aún no sabía por qué estaba en ese lugar.

Al poco tiempo lo supo.

Un día, durante un video que la academia estaba grabando como promoción para televisión, se dio cuenta que necesitaba avanzar.

Mientras el productor y director daba órdenes y guiaba el video, él solo pensaba en la forma cómo lo haría él, en cómo mejorar el producto y en los errores que, creía, según lo que él sabía, se estaban cometiendo.

Después de grabar el comercial, supo que ya era hora de buscar trabajo en lo suyo fuese como fuese.

Después del premio, Diego quiere apostarle a realizar historias más largas y producir largometrajes y series para plataformas como Netflix. (Foto: Suministrada/VANGUARDIA).
Después del premio, Diego quiere apostarle a realizar historias más largas y producir largometrajes y series para plataformas como Netflix. (Foto: Suministrada/VANGUARDIA).

Telemundo y NBC

Cuando faltaban apenas dos categorías para la suya, los nervios llegaron. Antes no habían tenido tiempo de aparecer porque la emoción y la sorpresa estaban primero.

Pero, ya sentado en la silla que tuvo que pagar junto con la credencial de miembro de la Academia, la ansiedad le ganó. En ese momento pensaba que nunca quiso trabajar para televisión porque creía que lo suyo era el cine y ahora estaba ahí sentado.

Al escuchar su nombre como ganador y subir a recoger su estatuilla, repasó en su mente lo que iba a decir, a quienes y cómo, pero después de 30 segundos la música de fondo que ponen para decir que corten el discurso le avisó que no podía extenderse nada más, así que solo les recordó a todos ahí que hay que soñar, como sueñan los ‘dreamers’.

Así como él soñó volver a estar detrás de una cámara y justo unos días después de renunciar a la academia vio un aviso en Facebook donde buscaban un productor de noticias en Telemundo, canal de televisión estadounidense en español número uno en ese país que hace parte de NBC (National Broadcasting Company), una de las cadenas más grandes en todo el territorio.

Se presentó, les gustó y a los pocos días ya hacía parte del equipo como productor y editor de comerciales y de programas de entretenimiento tanto para Telemundo como para NBC.

El año pasado le preguntaron si quería ayudar con la cámara en unas historias sobre hispanos en Estados Unidos, unos ‘dreamers’. Sin dudarlo dijo que sí y menos de un año después estuvo sentado junto a grandes periodistas, productores, directores y artistas audiovisuales norteamericanos recibiendo un premio que nunca imaginó pero que poco a poco luchó y consiguió.

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