domingo 20 de septiembre de 2020 - 12:25 PM

La historia del bumangués adoptado en Noruega que ahora busca a su familia biológica

Erlend Óscar Byrkjeland fue adoptado en Bucaramanga hace 30 años y llevado a Noruega. Ahora es profesional del Marketing, la Economía y la Contabilidad y no desiste en la ardua tarea de encontrar a su familia biológica en el país que lo vio nacer y al que ama desde que era niño.
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Un santandereano de sangre y corazón pasea por las calles de Noruega, en el norte de Europa, en donde vive hace más de 29 años. Su nombre es Erlend Óscar Byrkjeland y aunque ama a Colombia y sus costumbres, ha estado pocas veces en nuestro país y aún le cuesta hablar español con claridad.

$!Este es Óscar después de ser adoptado y llevado a Noruega. Tan solo tenía un año y medio de nacido.
Este es Óscar después de ser adoptado y llevado a Noruega. Tan solo tenía un año y medio de nacido.

Cuando fue adoptado, en 1990, se llamaba Óscar Adolfo Arboleda Valencia, y pese a que creció rodeado de amor y cuidados a miles de kilómetros de la tierra que lo vio nacer, aún le falta un pedacito a su vida, hay un vacío que espera llenar pronto, luego de varios años de desazón.

“Tengo una muy buena familia en Noruega y tengo una buena vida. Mis padres adoptivos son los mejores del mundo. Pero quiero ayudar a mi familia biológica a tener una vida mejor, por eso tengo curiosidad por mi pasado y necesito conocer mis raíces para tener tranquilidad”, afirma en su no tan fluido castellano.

Óscar nació en Bucaramanga en el seno de una humilde familia, según el acta de nacimiento llegó al mundo en el entonces Hospital Universitario Ramón González Valencia el 9 de noviembre de 1988; sus padres biológicos eran Alemán Rodríguez Royeros y Ana Luisa Arboleda Valencia.

En la búsqueda de su historia familiar, supo que cuando tenía 6 meses su familia se fue a vivir a Ibagué, en el Tolima, pero por la grave situación de pobreza en la que su madre pasaba no pudo mantenerlo a su lado.

“Mi padre dejó a mi madre y a mis hermanos, ellos eran muy pobres así que estuve por un año con una familia sustituta en Ibagué hasta que me adoptaron”.

Un hogar de amor

Desde Noruega llegaron a Colombia Ingvar Arvid Byrkjeland y su esposa Marit Eva Solheim. Para entonces él era asesor de finanzas y ella docente de enfermería y viajaron con la intención de adoptar a su primer hijo. De esta forma el 31 de julio de 1990 en la Notaria Primera de Bucaramanga, se formalizó la adopción, el pequeño Óscar tomó sus apellidos y viajó con ellos a Forde, un pequeño municipio al occidente de Noruega.

$!Durante la Navidad del 2019, junto a su familia adoptiva. La madre Mari, sus hermanas Lena y Ane y el padre, Ingvar Arvid.
Durante la Navidad del 2019, junto a su familia adoptiva. La madre Mari, sus hermanas Lena y Ane y el padre, Ingvar Arvid.

“Mis padres son los más amorosos del mundo, mis abuelos, tíos y primos son muy amables. Recibí siempre mucho cariño”, enfatizó.

Sin embargo, había algo en él que lo hacía sentir diferente. Sabía que era adoptado y que era colombiano, pero aun así sentía un vacío; su color de piel y las características físicas no encajaban con las de la gente en Noruega.

“Mi alma no está bien todo el tiempo, me falta mi familia. Siempre tuve muchos amigos, pero en la adolescencia no fue fácil ser adoptado, siempre he echado de menos ser físicamente como mis padres, parecerme a ellos; mis amigos siempre han sido parecidos a sus padres, pero yo no”.Erlend Óscar creció feliz, un niño como cualquier otro, bueno para el fútbol y otros deportes y rodeado de amor. Además conoció a muchas otras personas adoptadas en diferentes países, incluido Colombia; el tema ha sido abierto en el hogar y siempre tuvo presente de donde venía.

“Me preocupa más Colombia que muchos otros niños adoptados colombianos que conozco; no sé por qué, siempre he sido así. Creo que fue una casualidad que mis padres eligieran a Colombia en lugar de otros países para adoptarnos”.

Búsqueda incansable

Siendo niño regresó por primera vez a Colombia, estuvo en Bogotá junto a sus padres, que decidieron adoptar a dos niñas, quienes desde entonces se convirtieron en sus hermanas Lena y Ane. Luego, en el 2005 vinieron los cinco a unas vacaciones.

Desde entonces su curiosidad aumentó y las ganas de conocer sus raíces crecieron. Inició una búsqueda exhaustiva en redes sociales, que tuvo pocos frutos.

Finalmente en el año 2019 volvió al país junto a una amiga, a quien habían adoptado en Bogotá, ambos llegaron con intención de encontrar su familia biológica, pero él no corrió con suerte.

Estuvo en Ibagué en donde su familia sustituta, conoció Santa Marta, Medellín, Cartagena y Bogotá. Se enamoró más de su país y el anhelo de encontrar a los suyos se hizo cada vez más grande.

“Fui al Bienestar Familiar en busca de ayuda, acudí a iglesias y emisoras en Bogotá, incluso puse un anuncio en un periódico”, contó.

Pero las respuestas fueron pocas, hasta hace dos meses cuando desde el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar respondieron uno de sus tantos correos. Tenían noticias sobre su familia, pero no todas eran alentadoras.

Su madre había fallecido, y aunque tenían nombres exactos de su padre y dos de sus cuatro hermanos, su localización todavía no había sido posible. Sin embargo, era una luz de esperanza.

“Si alguno de mis hermanos o mi padre lee esto quiero que sepan que pienso en ellos todos los días de mi vida. Siento culpa por no encontrarlos y poder ayudarlos”.

$!La historia del bumangués adoptado en Noruega que ahora busca a su familia biológica

El amor por su tierra


Ahora vive en Oslo, la capital del país, es economista y especialista en Marketing, actualmente estudia contaduría y ejerce en esa área. Aunque ahora está soltero, tiene una hija con una mujer de origen peruano, también adoptada por noruegos.


En su casa se respira amor por Colombia en cada rincón, en la sala la decoración es más colombiana que cualquier otra casa en este país. Entre los elementos tiene hasta un machete, y un cuadro con todas las fotos de su recorrido por Colombia.


Óscar ama bailar salsa, cocinar sancocho, el jugo de naranja, la bandeja paisa, el tinto y el plátano.


“Yo recuerdo mucho y me gustan los olores a comida, el tráfico, la gente que es agradable, el calor, la gastronomía y la música”.


El próximo año espera regresar y esta vez pisar suelo bumangués. Sueña que en ese viaje pueda abrazar a sus seres queridos para recuperar todo el tiempo perdido, para dar y recibir todo el amor que, aunque nunca le faltó, siempre quiso experimentar, conocer un calor de hogar colombiano.


Cualquier información sobre su familia se puede comunicar al Whatsapp 3174588999.

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