miércoles 05 de octubre de 2022 - 12:00 AM

La historia del hombre que perdió sus piernas al colgarse de un camión y ahora pide monedas en la vía

En la vía Chimitá - Café Madrid, en Bucaramanga, Álvaro Javier Guzmán vive de la solidaridad de los conductores quienes le regalan monedas para su sustento diario.

Álvaro Javier Guzmán Vásquez tiene 32 años y perdió sus dos piernas luego de un accidente de tránsito en el 2019. Aún recuerda que el 3 de diciembre de ese año, un tractocamión pasó por encima de sus extremidades.

A las ocho de la mañana de ese día, Álvaro Javier saltó para treparse a un tractocamión, para su desgracia, se resbaló, cayó al suelo y el pesado vehículo lo arrolló.

“Por estar obrando mal”, así se refiere Álvaro Javier al suceso que marcó su vida, y que durante varios días lo mantuvo en cuidados intensivos en una de las clínicas de la ciudad. Ante el dictamen de los médicos, Álvaro Javier debía tomar una decisión: perder sus piernas o la vida. “Yo mismo firmé para que me amputaran las piernas”, dice, sin vacilar.

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Todos los días, sin importar las condiciones del clima, Álvaro Javier o ‘Yiru’, como lo conocen el barrio Villas de San Ignacio etapa uno, sale a pedir monedas a conductores y motociclistas que transitan por la vía Chimitá - Café Madrid, el mismo sector en el que ocurrió su accidente.

‘Yiru’ aprovecha que es el fin de la doble calzada y que los vehículos deben reducir la velocidad por los baches que tiene la carretera. Álvaro Javier se ubica en medio de la vía, abre sus brazos, cierra los puños y extiende sus pulgares para saludar a quienes transitan: “Dios los bendiga”, les dice a quienes le ayudan y dejan caer algunas monedas en la gorra negra gastada que sostiene con su mano izquierda.


Durante el día, Álvaro Javier permanece en la vía, soportando altas temperaturas y expuesto al pasar de los vehículos de carga que transitan por el sector. Tiene los brazos quemados, se cubre el cuello con su cabello largo y se acomoda la gorra antes de cruzar la vía. El humo de los carros le cae a la altura del rostro, él se cubre cuando puede. Mientras saluda a los conductores pidiendo una colaboración, el calor del pavimento le quema las palmas de sus manos laceradas por piedras y vidrios. Se moviliza así, a pesar de tener una silla de ruedas que registra un alto deterioro.

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Durante cada jornada suele consumir entre 8 y 10 ‘vikingos’ de $300 para menguar el calor, todos de sabor mango biche, su preferido.

“La carretera no me está dando para vivir”, reconoce Álvaro Javier, mientras cuenta las monedas que ha reunido, de ahí debe sacar para sus utensilios de aseo, los ‘vikingos’ y algo de comida. “A veces como dos veces”, reconoce, aunque admite que no siempre es así, que habitualmente le alcanza para hacerlo una vez por día, a eso de las cinco de la tarde. En Bucaramanga, según cifras del Dane, 823 familias apenas alcanzan a comer una vez por día.


La historia del hombre que perdió sus piernas al colgarse de un camión y ahora pide monedas en la vía

Una mano amiga

Luz Amanda Vásquez Corredor tiene 52 años y desde hace 15 vive en el sector. Ella conoce a ‘Yiru’ desde entonces. Luego del accidente y de verlo en condición de calle, ha sido una de las personas que le ha ayudado de diferentes maneras. “Él viene, entra y se baña. También le compartimos algo de comida”, cuenta Luz Amanda, quien además donó $80 mil para la silla de ruedas en la que se moviliza Álvaro Javier.

Precisamente, Álvaro Javier busca una silla de ruedas en mejores condiciones, pues ha tenido que reparar varias veces la que tiene. Una de las ruedas auxiliares tuvo que reemplazarlas por la de un coche para bebés, la otra rueda la tiene amarrada con algunos retazos de tela.

Desde joven, Álvaro Javier encontró en la natación una de sus aficiones. “Era bueno, en el colegio me gustaba”, y añade que le gustaría tener una segunda oportunidad para regresar a una piscina y probar la fuerza que ha adquirido en sus brazos luego de tres años intensos en los que les ha confiado todo el peso de su cuerpo.

Esta redacción intentó comunicarse, en repetidas ocasiones, con Henry Murillo Salazar, coordinador del Programa de Discapacidad del Municipio de Bucaramanga, pero no fue posible conocer su versión.

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