martes 09 de julio de 2019 - 12:00 AM

La Liga Extraordinaria de nuestros salvavidas

Hoy les contamos algunas de las historias de esos héroes cotidianos que, si bien no tienen capas ni pueden volar, han logrado rescatar a docenas de personas de las adversidades y de la tragedia. ¡Ellos son nuestros salvavidas!

Ellos parecen ángeles caídos del cielo. Sin ser propiamente médicos, han logrado que los corazones de muchas personas sigan latiendo.

Se han convertido en los actores claves de historias cotidianas que, sin lugar a dudas, cambian para bien las vidas de muchos.

También dan respuestas de manera desinteresada a los llamados de emergencia, incluso actúan en los inesperados acontecimientos del diario acontecer.

Aunque no les gusta que los califiquen como ‘héroes’, la comunidad sí los reconoce como tal. Lo mejor es que son personas comunes y corrientes que rescatan a muchos de la adversidad con el único fin de servir.

En nuestra ya tradicional ‘Liga Extraordinaria’, hoy presentamos a esas personas que desde sus grupos de voluntariados son capaces hasta de arriesgar sus vidas con tal de salvar las de los demás. Veamos:

CON EL VERDE ESPERANZA

Por Ingrid Paola Albis

La Unidad de Operaciones Especiales en Emergencias y Desastres, Ponalsar, es una organización especializada de la Policía Nacional, que trabaja de la mano con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.

Parte de su objetivo es la atención prehospitalaria; sin embargo cada uno de los miembros de esta unidad está capacitado para atender cualquier eventualidad relacionada con rescate en alturas, rescate vertical, rescate acuático, buceo, búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, movimientos en masa; asimismo, combate, control y extinción de incendios forestales y extracción vehicular y telemática, entre otros.

Sin bien muchos o casi todos han recogido historias importantes por contar, especialmente porque se convirtieron en milagros de vida, en medio de la labor prestada, Vanguardia escogió una que guarda en la memoria el patrullero José Luis Pauwels Cuevas, de 33 años de edad, vinculado hace siete al grupo Ponalsar. Actualmente, miembro del grupo de la Regional 5 que abarca los territorios de Santander, Norte de Santander, Arauca y Magdalena Medio.

El hecho ocurrió hace seis meses aproximadamente, justo cuando se encontraba en Cúcuta apoyando las atenciones que pudieran surgir en el paso fronterizo entre Colombia y Venezuela. Una señora, quien iba acompañada de sus dos hijos, tomó una decisión que por poco les cobra la vida a los dos menores.

“Ella no pasa legalmente, entonces se va a la mitad del puente donde hay una altura aproximada de 27 metros. Amarra a la niña de una mano y al niño de un pie, para bajarlos con un lazo. No llevaban más de medio metro cuando se soltaron. El niño se fue de cabeza al precipicio, junto con su hermanita, pero a ella no le pasó nada de gravedad”, relató el patrullero.

Pauwels, una vez se registró el lamentable accidente, se traslada hasta la zona a socorrer al menor y brindarle los primeros auxilios. Pero, cuando lo halló, -recordó- no tenía respiración, ni pulso.

Eso sí no se dio por vencido y todos los conocimientos que ha adquirido para salvar vidas fueron aplicados con este infante. “El niño tenía trauma craneoencefálico severo, pero apenas me doy cuenta que está en paro procedo a hacerle reanimación, duramos unos 10 minutos en eso, apenas llegamos a la Clínica recobra los signos vitales. Los médicos lo ingresaron a UCI y se salvó. Realmente fue un milagro”, sostuvo.

Justo este tipo de historias, donde se recobra la vida cuando hay desesperanza, recompensan un trabajo donde nunca habrá cabida para el cansancio físico o mental, donde jamás se medirá el peligro y donde el tiempo solo se cuenta por segundos.

TRES DÉCADAS DE SALVAMENTO Y RESCATE

Por José luis Pineda

Jorge Peña González ingresó en 1989 al Cuerpo Oficial de Bomberos de Bucaramanga. Asegura que ya perdió la cuenta del número de vidas que ha salvado a raíz de diversas emergencias, incluyendo intentos de suicidio desde las alturas.

Aunque las situaciones más comunes son incendios, este oficial bomberil también ha rescatado a personas que fueron víctimas de desastres naturales que quedaron atrapadas en vehículos luego de accidentes, que tuvieron contacto con químicos o sustancias peligrosas o que sufrieron graves incidentes o lesiones mientras trabajaban.

Él relató una de las misiones de rescate que más lo ha marcado en su noble labor. Ocurrió en la fuerte ola invernal que hubo en 2005. En el barrio Comuneros una vivienda colapsó, producto de las lluvias. Al interior de la casa había un matrimonio y su bebita. Mientras el señor hacía el tinto, la señora le daba seno a la bebé.

“La vivienda se derrumbó y sepultó a los tres casi por completo. Al primero que pudimos sacar fue al señor, quien tenía medio cuerpo inmóvil. Tras rescatarlo, él nos iba indicando más o menos dónde estaban las otras dos personas. Lastimosamente la señora y la bebé quedaron tapadas por la cantidad de tierra y escombros que les cayó, y perdieron la vida sentadas en una mecedora”, agregó este bombero profesional.

Pero dicha misión no acabó en ese instante, pues aún había que adelantar una compleja labor para la extracción de los cuerpos: “Nos tuvimos que meter de cabeza entre los escombros y abrirnos paso para poder llegar hasta las dos mujeres. Fue necesario usar seguetas para despejar el camino y poder liberar los cuerpos que estaban aprisionados”, relató Peña González.

Este rescatista habló de la pasión que siente por su misión en esta vida: “En septiembre entrante cumplo los 30 años en Bomberos Bucaramanga, y todavía siento el mismo impulso por salvar vidas y socorrer en emergencias. Es muy gratificante el agradecimiento de las personas y contribuir a la sociedad mediante el rescate de personas”.

SERVIR DE CORAZÓN

Por Claudia Isabel Delgado

Estar siempre dispuesto a servir las 24 horas del día es la consigna del voluntario de la Defensa Civil. Con esa motivación, Juan Carlos Garzón Rojas ingresó hace 12 años a las filas de los líderes de la Defensa Civil de Piedecuesta: “Siempre he tenido el don de ayudar sin pedir nada a cambio. En 2005, cuando se registró la emergencia en Girón por el desbordamiento del río de Oro vi por primera vez un socorrista de uniforme naranja, ese día quise hacer parte de la institución”, recuerda Juan Carlos.

Para él, su misión en la tierra es salvar vidas, entregarse por el otro. En uno de sus tantos días de trabajo, recuerda que lo llamaron a reportarle la desaparición de una pareja de adultos mayores en las montañas del cañón del Chicamocha.

“Hace tres años me comunicaron la desaparición de una pareja de abuelitos que caminando desde el Chiflas hasta Cepitá. Los señores hace cuarenta años habían realizado el mismo recorrido y querían revivir la experiencia”, relata Juan Carlos.

Durante tres días, los organismos de Socorro, en compañía de la Policía efectuaron la búsqueda de estas personas. Afortunadamente, el último día los encontraron con vida: “Para todos fue una alegría verlos con vida y darles la buena noticia a los familiares”. “Siempre he dicho que el mejor pago a mi labor no es el dinero, sino las oraciones de las personas que he podido salvar para que Dios me siga dando fortaleza y sabiduría para continuar trabajando en beneficio de la humanidad”.

Como recompensa a su labor, desde hace tres años, Juan Carlos se desempeña como Comandante de la Defensa Civil de Piedecuesta; sin embargo nunca ha dejado de lado las ganas de servir.

“Sigo dispuesto a ayudar, a salvar vidas, muchas veces no tenemos descanso porque nos gana más el don de ayudar a esas personas que verdaderamente lo necesitan”.

En la actualidad la Defensa Civil de Piedecuesta cuenta con 100 líderes voluntarios y 22 civilitos.

EL HOGAR DE MI VIDA

Por Euclides Kilô Ardila

Desde muy joven Fernando González supo que su vida estaba conectada con la ayuda a los demás. Si bien nunca ha pertenecido a esos grupos de rescate o de prevención, a lo largo de sus 42 años ha podido salvar varias vidas; sobre todo las de los niños afectados con las minas antipersonas. En su incansable trayecto solidario no se ha cansado de andar de ‘aquí para allá’ en pro de la asistencia a los menores que han sido víctimas de tales artefactos de la muerte.

Su labor es encomiable, más en un país donde 200 municipios están sembrados con minas antipersonales a causa del conflicto armado.

Él recuerda cómo le ha correspondido ir, de clínica en clínica, buscando la asistencia de todos esos niños a los que tales minas los han dejado trepados sobre prótesis porque perdieron sus piernas por esta arma tan lesiva.

Su tarea comenzó hace poco más de 25 años, en un humilde hogar que funcionaba en el barrio Kennedy, de Ciudad Norte.

Desde entonces, siendo apenas un joven inquieto, él comenzó a ser el ‘héroe’ de estos niños que llegaban mutilados y sin una esperanza de recuperación.

Se enamoró tanto de su labor que convirtió ese hogar, al lado de otros ‘ángeles’ como la desaparecida Yolanda González, en el salvavidas no solo de estos niños sino también de sus padres.

“Hemos estado prestos a ofrecerles los primeros auxilios a personas humildes que lo han perdido todo y que, a pesar de las adversidades, son valientes para resistir los estragos de la absurda guerra que aún se vive nuestro país”, puntualiza.

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