lunes 09 de mayo de 2022 - 12:00 AM

La limosna en Bucaramanga: La otra cara de la moneda

Una interesante campaña para frenar el accionar de las denominadas ‘mafias de la mendicidad’ se adelanta en la capital santandereana.

Una mujer anda portando ropa modesta y con unas manos sucias, con las cuales carga un bebé somnoliento. Muestra una cara postiza en busca de misericordia en una esquina del Centro de Bucaramanga. A veces se le ve, con la misma criatura, buscando el mejor andén de la calle 36 para cuartillar una que otra moneda.

No importa si le dan $200, $500 o $1.000; lo importante es lograr un recaudo que, poco a poco, se convierte en el sustento diario. No obstante, la presencia de ella y de menores de edad en las calles y en los autobuses de servicio público pidiendo una moneda tiene un significado que va mucho más allá de producir sentimientos de compasión. Detrás de estos niños hay una mafia que los explota. La ley considera esta actividad como un delito, pero en la ciudad reina la impunidad.

Con esas monedas que el ciudadano les da se financian las bandas con las que mujeres y hombres sin escrúpulos alquilan y explotan a niños en Bucaramanga.

Y es que ‘la otra cara de la moneda’ deja ver algo más que un simple gesto de caridad de los bumangueses. Se sabe que en nuestro Municipio hay grupos de personas, muchas de ellas migrantes, que alquilan u ofrecen niños para que sean utilizados para pedir limosna.

Por cada moneda que la gente da, hay bandas de cuatro o cinco personas comandando un negocio en el que quedan en vilo los derechos de los menores.

$!La limosna en Bucaramanga: La otra cara de la moneda

Esta falsa caridad, como la define el concejal Jaime Andrés Beltrán, lo llevó a liderar una interesante campaña en contra de esta peligrosa práctica.

“A pesar de que logramos una Ley de la República, que lideramos en el Congreso y que les quita la patria potestad a los padres de los niños que están alquilados y además les da de 10 a 12 años de cárcel, las cifras de este delito en Bucaramanga siguen siendo alarmantes”, explica el corporado.

Según las estadísticas, “de cada 10 niños que son utilizados para la mendicidad, cuatro son alquilados; es decir, quienes los llevan en sus manos no son sus familiares”, argumenta.

“Una persona mendigando sin un bebé puede recoger en el día hasta $60 mil, pero con un niño en sus manos triplica la recolecta, a veces alcanza a obtener entre $170 mil y $180 mil durante ocho horas”, denuncia Beltrán.

“Algo más escabroso: estos delincuentes dopan a los niños para que no se muevan ni lloren. Eso es algo aberrante”, añade.

“Hay mafias que se atreven a arrendarles, obviamente de manera ilegal, los lugares a los migrantes. Una acera, un semáforo y un puente es increíblemente comercializado entre los hampones, eso es inadmisible”, puntualiza.

La voz de un sociólogo

Según el sociólogo Juan Marín Fonseca, “la modalidad más frecuente de este delito en la capital santandereana es la llamada mendicidad ajena”.

“Ya es común observar a niños pidiendo monedas

en semáforos, muchos de ellos indigentes o migrantes, los cuales son mandados por adultos ”.

“Para nadie es un secreto que Bucaramanga es una ‘ciudad de paso’ o de tránsito de extranjeros, especialmente venezolanos. Respecto a la explotación de niños con la mendicidad, es claro que eso se hace ante la mirada permisible de las autoridades”, añadió.

“Detrás del proceder de los menores, hay redes que los explotan y se enriquecen vilmente. Inclusive, tal como lo denuncia el concejal Jaime Andrés Beltrán, algunos padres los ‘alquilan’. Muchas

víctimas también son explotadas sexualmente”.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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