domingo 14 de febrero de 2010 - 10:00 AM

La obsesión por un récord Guinness

En el 2001, Hernando Moncada citó a los medios de comunicación para que fueran testigos de ‘su récord Guinness’.  

Para conseguir un Guinness, el interesado debe primero inscribirse en el portal virtual de dicho organismo, pero Moncada no sabe nada de tecnología.

Inocente, en esa ocasión confió en el alcalde menor de alguna localidad de Bogotá –no recuerda quién ni cuál- que prometió patrocinar el evento para intentar el récord de convertirse en el hombre con mayores conocimientos generales en el mundo.

La cita era a las 11:00 a.m. y media hora después ya estaban listos los periodistas –quienes harían las preguntas y registrarían el hecho- y, por supuesto, Hernando también lo estaba.

El único que no aparecía era el alcalde. Tampoco los organizadores del evento.

El reloj marcó las 12, la 1, las 2, las 3:00 p.m. No llegaron. Los periodistas se fueron y Hernando regresó a su casa, llorando tanto, que las lágrimas se le secaron en sí mismas. Se había preparado diez años para esto.

Su sueño de contestar 9.500 preguntas y batir una marca mundial como el hombre con mayor número de conocimientos generales, se le convirtió en una pesadilla ese día. Y en algo parecido a una obsesión nerviosa para el resto de su vida.

Quien lo conozca sabrá que no le importa la ropa, el dinero o las posesiones. A Moncada sólo le importa el récord.

'Si no lo logro termino mal. En un manicomio o me suicido. Se lo digo'.


El gitano erudito

Cuando era un niño, su papá –una especie de gitano adinerado- y sus profesores en el seminario, le gritaban: '¡ignorante! Moncada no puede responder nada, ignorante. Moncada nada sabe'.

Ligia, hermana menor de Hernando, cuenta que en verdad el patriarca Moncada era bastante estricto, un gran lector y amante del conocimiento que detestaba a los holgazanes y era duro con su hijo, quien no acertaba con las ciencias exactas en la secundaria.

Hernando Moncada nació en Sevilla, Valle, hace 52 años, pero su familia viajó constantemente y cuando fue echado en undécimo grado del seminario menor de Cartago –que el año pasado fue cerrado por falta de estudiantes-, siguió vagando, solo, de un lado para otro.

Ha sido mecánico, ayudante en un restaurante, carnicero y vendedor ambulante, últimamente. Pero de la mayoría de trabajos lo han echado porque no deja su vicio: leer, trascribir preguntas y hacer fichas nemotécnicas para memorizar los datos. Estudia desde las 6:00 p.m. hasta las 2:00 a.m, pero sólo la parte formal. En los descansos de su labor, lee. No lo puede evitar y eso no complace a sus empleadores.

En Bogotá le hicieron varias entrevistas y con su determinación consiguió el apoyo del burgomaestre de una localidad. Pero la memoria de Hernando, como la de muchos, es selectiva y no recuerda caras ni nombres. Sí a los perros famosos, los suicidas, los escritores más importantes, los presidentes de Estados Unidos, los inventos más destacados y hasta las capitales de todos los países del mundo, entre otros más de cien temas de los que puede hablar.

Cuando tenía 23 años, uno de sus hermanos –un mecánico que ha leído 700 libros- lo retó: durante una hora escribirían la mayor cantidad de presidentes de Estados Unidos y de Colombia. El resultado: Hernando recordó 25 presidentes anglosajones y 27 colombianos, contra 20 y 19 –respectivamente- que escribió su hermano.

Hernando se iluminó. Sería capaz de batir un récord Guinness. Tenía demasiados conocimientos y podía probarlo.

Cuando fracasó en el 2001 –según lo registró en una libreta de apuntes- una cita de Conrad Hilton lo mantuvo enfocado: 'El éxito parece estar relacionado con el ser activo. Los hombres de éxito permanecen siempre en movimiento. Cometen errores, pero no se dan por vencidos'.


El que pisa tierra santandereana

Hernando prestó servicio militar con un bumangués llamado Benito y decidió venir a buscarlo en el 2002. Tal vez podría ayudarlo.

Pero antes de dar con él y sin saber cómo, cayó en las garras de un par de mujeres que lo sentaron en una silla ‘rimax’ en el centro de Bucaramanga, le pusieron una máscara de oxígeno, suero y un cartel colgado de su cuello.

'Decían que tenía cáncer y pedían dinero', comenta Hernando arrepentido.

¿Y por qué se prestó para eso?

'Por ingenuo'.

Si se recapitula su vida, esta explicación resulta coherente. Vivía en un ‘cambuche’ de invasión y pesaba 44 kilos. La estaba pasando mal.

Hasta que se zafó de su mala suerte y encontró casualmente a Benito y por ende a José Ángel Acosta.

'A Hernando lo conocí hace 7 años. Él es allegado a la familia por parte de mi esposa porque prestó servicio militar con un tío de ella. Se fue a vivir con don Benito, que tenía una finca por la vía a Cúcuta.

'Hernando le colaboraba y a cambio de eso, tenía su hospedaje. Desde que lo conozco siempre ha estado con el cuento de sus libros. Me pareció inquietante lo que él hacía y muy curioso, por eso decidí apoyarlo'.

José Ángel cuenta que su suegra lo ayudó también y por eso le ofreció hospedaje en el cuartito construido sobre una placa en el barrio El Diviso, en Morrorico.

Hernando no tiene más que una cama y muchos libros pero no se queja. En tres o cuatro meses tiene planeado presentar la prueba.

En la página de los Guinness se señala que quien quiera validar su intento debe enviar una solicitud que se tardará entre 4 y 6 semanas, dependiendo si es urgente o no. Se estudiará la solicitud y se dará una respuesta que puede ser negativa o positiva.

El abogado Héctor Ochoa está dispuesto a apoyar a Hernando para que pueda presentar su récord Guinness.

En enero, Hernando Moncada se presentó en La Casa del Libro Total ante un auditorio que le hizo preguntas sobre diversos temas. Él respondió acertadamente todo lo que se le preguntó.

'Queremos a través de los medios y con la presencia de un notario, que se le hagan preguntas a Hernando'.

Ochoa confía en Hernando y en sus capacidades. 'No lo conozco como persona, pero una vez me dijo que el que pisaba tierra santandereana se convertía en santandereano y por eso quiero ayudarlo'.

No está del todo claro cómo se organizará el evento, pero Hernando asegura que tiene certeza de una sola cosa: o consigue el récord guinness o no habrá nada más en la vida para él.

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