jueves 19 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Las enseñanzas que les ha dejado a nuestros paisanos el COVID-19, estando lejos de casa

Cuatro comunicadores sociales, quienes desde hace algunos años viven en Europa y en Estados Unidos, nos cuentan las lecciones de vida que les está dejando la pandemia, lejos de sus terruños.
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Ellos decidieron ir en busca de sus sueños. Partieron de su Ciudad Bonita rumbo a diferentes destinos. Los cuatro, comunicadores sociales, tenían sueños en común: crecer profesionalmente, trabajar, consolidar sus familias y buscar nuevos horizontes.

Fausto Arciniegas partió rumbo a Sevilla, España; David Ortiz Castaño se fue por su maestría a Madrid; John E. Rojas llegó en 2001 a New York y ha hecho su periplo profesional allí, en Boston y Los Ángeles; y Martha Sheils, quien resultó casada con un británico, se fue a la región de Cheshire a realizar un trabajo comunitario y a enseñar el español.

Pese a que vivir afuera ofrece muchas oportunidades, algo que después de algún tiempo los cuatro ratifican, hoy coinciden en afirmar que la lejanía es dura y que el recuerdo de sus tiempos bonitos en casa revolotea a diario por sus cabezas.

Los cuatro afirman que la experiencia en el extranjero les ha dado grandes lecciones de vida y les ha permitido progresar, ya sea porque están de pasantías, capacitándose, estudiando, consolidando sus hogares o trabajando.

No obstante que las fronteras abiertas de Europa y en el caso de John E. Rojas en Estados Unidos les ofrecen gran flexibilidad, los cuatro confiesan que no estaban lo suficientemente preparados para vivir una crisis como la del Coronavirus. Hoy, más que nunca, saben lo duro que es estar lejos de sus terruños.

Ellos aseguran que estar fuera de casa en medio de esta pandemia los está volviendo más fuertes y gracias a ello se sienten con una mayor herramienta para asumir la crisis: la entereza.

El tema económico, por supuesto, les ha pasado la cuenta de cobro; y con los lazos familiares han tenido que ser más fuertes; de alguna forma esto les ha movido el piso.

Obviamente la idea de estar bien de salud, de manera literal, se ha convertido en sus prioridades.

En estos tiempos han tenido que recurrir a la fortaleza e incluso a vivir con la mayor austeridad posible. La idea es que desde la distancia puedan recibir las bendiciones de sus padres, a quienes extrañan hasta más no poder.

Añoran, en estos días de virus, vivir en paz. No obstante, ellos dicen que han aprendido a tener los pies sobre la tierra y, en ese orden de ideas, entienden que deben permanecer cada uno en sus sitios actuales de residencia.

¿Qué experiencias han aprendido con este terrible COVID-19? Dejemos que ellos respondan el interrogante.

DAVID ORTIZ CASTAÑO

Esto lo escribo para Vanguardia desde España, desde Madrid, después de tres días de declarada la situación de alarma.

Esto implica que los más de seis millones de habitantes de la capital española solo podemos salir de casa a comprar comida, medicinas o a trabajar (con un justificante). Si lo incumplimos, podemos recibir desde multas hasta un año de detención.

A la nostalgia de estar lejos, se suma la incertidumbre de cómo va a evolucionar la situación en Colombia. Desde España (que es uno de los países con más infectados actualmente), hemos visto cómo se han tomado medidas para detener el contagio, y la principal sensación es que en Colombia se están tardando.

Ya hay experiencias internacionales, otros países han visto qué sucede y no hace falta esperar para proteger a los colectivos más vulnerables.

Teletrabajando y con el computador sintonizando noticias de Colombia todo el día, lo único que espero es que todos los compatriotas tomen conciencia pronto y eviten que se propague.

Los que estamos aquí en España ya lo hemos visto, la tasa de mortalidad del virus no es alta, pero no ser solidarios va hacer que se pierdan más vidas.

MARTHA SHEILS
Soy Comunicadora Social, egresada de la Unab, vivo en el Reino Unido desde hace 20 años.
La llegada de la pandemia ha despertado varios sentimientos; la lejanía con mi familia es algo duro que afecta; tal vez ese sea el mayor precio por pagar en todo esto.
Los británicos son muy prácticos en situaciones como estas, algunos dicen que se le está dando demasiada importancia al Coronavirus, otras personas por el contrario dicen que el gobierno no ha hecho suficiente.
Sin embargo, todos estamos en casa, aislados para no contagiarnos.
En este país la privacidad y el espacio son prioridades, no se acostumbra ir a la casa del vecino, pero pienso que si cuido de mi vecino, me estoy cuidando a mí y a mi familia.
Por cuanto si en un lugar hay muchas personas infectadas, el Coronavirus crea zonas circulantes, en las que todos pueden infectarse.
Por esta razón, con algunos vecinos hemos intercambiado teléfonos por si alguien necesita alimentos o medicinas, de esta manera ayudarnos mutuamente.
Ignorar a quienes nos rodea no ayuda. Dejar una nota en casa del vecino preguntando cómo está, si necesita algo, no es intromisión... es solidaridad.
FAUSTO ARCINIEGAS
Son momentos de crisis, de emergencia sanitaria, social y económica en toda España, generados por la rápida expansión de la pandemia COVID-19.
Esta circunstancia tan especial y negativa me hizo recurrir a la alcancía. Un martillazo y el pobre chancho quedó hecho trizas. Con mi pareja tuvimos que recurrir a los ahorros para mitigar estos 15 días de confinamiento en casa.
Solo esperamos a que esta emergencia pase pronto, para volver a nuestras actividades normales, que se vieron afectadas en su totalidad por el estado de alarma impuesto por el Gobierno.
Así como estamos nosotros, estirando al máximo nuestros recursos y siendo muy recursivos a la hora de preparar nuestros alimentos, están muchos latinoamericanos en territorio español.
Aunque antes de la imposición del toque de queda pudimos hacer mercado, previendo lo que se venía, la incertidumbre que genera el hecho de no saber cuándo pase todo esto, no hace ser muy ahorrativos y precavidos.
Con el 90% de la actividad comercial y empresarial parada, no queda más que recurrir a los ahorros y a la solidaridad entre paisanos. Las autoridades prevén que esta crisis duré más de los 15 días de estado de alarma, que originalmente se pactó para contrarrestar el avance de COVID-19.
Si bien el Gobierno español, en cabeza de su presidente Pedro Sánchez, anunció un desembolso de 200 mil millones de euros para ayudar a la debilitada economía española, luego de que se controle la pandemia del coronavirus, el panorama para la comunidad latina no es la mejor.
“Parcerito, yo trabajo con domicilios. Desde la orden de quedarse en casa, casi todos los negocios están cerrados; no tengo que entregar”, cuenta un amigo antioqueño que trabaja con una plataforma de entregas a domicilio.
Son días tristes para todos acá, en España. Más para la comunidad latina que llega a territorio europeo con las ganas de salir adelante y, esos sí, con el objetivo de ayudar a los suyos que quedan en sus países de origen.
JOHN E. ROJAS
Tras vivir en New York, Los Ángeles, y ahora Boston, por cuestiones de trabajo, mi familia y yo estamos seguros que esta es una situación sin precedentes. Llegué a Estados Unidos poco antes de los atentados terroristas del 11 de Septiembre, vivía en Nueva York. Y aunque la reconstrucción tomó tiempo y mucho dinero, esta pandemia es algo más impactante.
Es difícil de describir lo que se siente tras casi una semana de aislamiento junto con mi esposa Camila Sierra, y nuestros dos hijos. Los colegios están cerrados; la recomendación es que solo uno salga a la calle.
Hemos entendido que tener una rutina es clave, que mantener un horario ayuda y que de arranque en las mañanas, no quedarse en pijama sino hacer de cuenta que vamos a salir y arreglarlos para ello, pone a la mente en orden para ser productiva.
Los chicos, bajo nuestra dirección, mantienen periodos de trabajo escolar y juego. Pero en medio de esto, desayunamos todos juntos, algo que es usualmente solo para los fines de semana. Hay menos afanes y compartimos más tiempo. Eso, el tiempo juntos, su calidad y el darnos cuenta de lo frágil que es la vida, puede ser lo más positivo de una situación que apenas comienza. No sabemos cuándo va a terminar y no está en nuestro control. Manejar lo controlable y soltar el resto, es siempre clave; al lado de disfrutar las cosas pequeñas.
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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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