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Bucaramanga
Lunes 20 de marzo de 2023 - 12:00 PM

Las formulaciones contra la leucemia que no sirven: estudio de la UIS

Moisés es un niño de cinco años que padece leucemia linfoblástica aguda. Desde hace 16 meses vive en Bucaramanga para recibir tratamientos contra este tipo de cáncer. Un estudio de la UIS señala la baja calidad de algunas marcas de un medicamento esencial para la cura de esta enfermedad. El cáncer infantil es una de las principales causas de muerte en menores a nivel mundial.

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 Suministrada  / VANGUARDIA
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Jeriling Arias Vargas, de 24 años de edad, aún recuerda cuando desesperada cruzó la frontera entre Colombia y Venezuela. Cargaba a su hijo Moisés en sus brazos. Debía llevarlo a un centro médico de Cúcuta.

Era agosto de 2021, Jeriling y Moisés estaban de vacaciones en la casa de su madre y abuela Sandra Milena Vargas, en San Cristóbal en el estado de Táchira, a 40 kilómetros de la frontera con Colombia. Habían viajado desde Bogotá para pasar unas semanas allí con su familia.

Fue en esos días en los que Jeriling empezó a notar que Moisés estaba pálido. Tampoco tenía fuerza en sus piernas cuando intentaba caminar. “Duelen, mami, duelen las piernitas”, recuerda Jeriling que le decía Moisés durante su estancia en Venezuela. Un detalle más hizo que ella no dudará en regresar a Colombia: empezó a notar cómo se le iba oscureciendo el tono del cabello a Moisés, perdiendo el color rubio que lo caracterizaba.

Jeriling acudió a un reconocido hospital de Cúcuta. Moisés estuvo hospitalizado por 20 días. La respuesta de la valoración no le convenció: “El niño está bien”, recuerda la mujer fueron las palabras con las que le dieron la salida del servicio de urgencias.

Antes que regresar a casa de su madre, Jeriling decidió quedarse donde un familiar en Cúcuta. Ella no se fiaba de ese parte médico inicial; si Moisés no se recuperaba con los medicamentos que le habían formulado, prefería estar cerca al centro de salud.

Cuatro días después volvieron con Moisés al mismo hospital; la respuesta esta vez, luego del chequeo y siete días de hospitalización, fue distinta. “Debes ir a Bucaramanga para que le examinen, puede que el niño tenga cáncer”. Esa fue la explicación que escuchó Jeriling ante la nueva urgencia que abrió una nueva etapa en sus vidas.

No en vano, durante 2021, Cúcuta fue la ciudad del país con mayores tiempos de espera para la atención y el diagnóstico de niños con cáncer, según la Cuenta de Alto Costo, con un promedio de 26 días.

A finales de septiembre de ese año, ya en Bucaramanga, el dictamen fue contundente: Moisés tenía leucemia linfoblástica aguda, el tipo de cáncer infantil más común en el mundo, y que en Colombia representa más del 30 % de los casos de cáncer en menores de edad.

Moisés empezó una serie de tratamientos que por más de 16 meses lo han mantenido en Bucaramanga. Jeriling hace cuentas. Asomando una sonrisa, advierte que han vivido más tiempo en las habitaciones de una clínica, que en una casa que tomaron en arriendo al norte de la ciudad.

Uno de los primeros medicamentos que apareció en ese coctel de recetas fue la asparaginasa, un fármaco indispensable para el tratamiento de este tipo de enfermedad. Sin embargo, las primeras dosis no le sentaron nada bien a Moisés.

“Cambió el color de piel, temblaba, vomitaba, estaba muy débil”, relata Jeriling, al explicar cuál fue la reacción a la primera marca de ese medicamento que le suministraron a su hijo. Luego, se lo cambiaron por otro de mayor calidad.

Esa situación inicial quizá tenga una explicación en investigaciones internacionales y locales. El diario El País de España, en un artículo publicado el mes pasado, advierte sobre la baja calidad en marcas del fármaco asparaginasa y el peligro que supone esta situación a nivel global.

Ese mismo informe deja en evidencia que Colombia, en julio de 2022, fue el segundo en la lista de importadores de asparaginasa de “baja calidad” desde la India.

En el país, a través de un estudio preclínico realizado en la Universidad Industrial de Santander, UIS, seis investigadores comprobaron que tres de las seis marcas de asparaginasa que se utilizan en el país no son del todo efectivas.

Una situación que requiere atención

Este dato es importante, no solo para Moisés, sino para muchos pacientes oncológicos: la asparagina es uno de los 20 aminoácidos esenciales para que las células se puedan dividir; mientras que la asparaginasa es el nombre con el que se le conoce al medicamento esencial para evitar que las células cancerosas se multipliquen en el cuerpo. Así lo explica el investigador y docente universitario Arturo Gutiérrez, coautor del estudio preclínico que requirió de más de un año de trabajo conjunto.

En caso de ausencia de la asparagina, las células normales son capaces de reciclar y producirla, a partir de componentes similares, por tanto se pueden multiplicar; mientras que las células cancerosas presentan “una deficiencia en ese proceso”, comenta Gutiérrez. Eso hace que las células cancerosas no se puedan expandir ante los bajos niveles de ese aminoácido.

¿Cómo funciona la asparaginasa? El profesor Gutiérrez la describe como una “tijera molecular” que entra al cuerpo y reduce la cantidad de asparagina. ¿Resultado esperado? Que las células normales sobreviven reciclando otros componentes y pueden multiplicarse; mientras que las cancerosas no pueden hacerlo ante la carencia de asparagina y, por ende, se destruyen.

¿El problema actual? Que la mitad de las formulaciones de asparaginasa que se aplican en el país no son tan ‘filosas’ y no reducen los niveles de asparagina, al menos eso arrojó el citado estudio preclínico. Es decir, tres de seis formulaciones no cumplen con lo prometido.

“Son enzimas sin control”, apunta Gutiérrez, docente de la Escuela de Microbiología de la UIS. “No son todas las formulaciones”, aclara.

“Sin estudios de biosimilitud se han admitido estas moléculas (de baja calidad) en el país”, señaló a Vanguardia otra de las coautoras de la investigación. En ese sentido se hace indispensable, según los investigadores consultados, que el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima, haga una revisión acuciosa, como autoridad sanitaria, de estos medicamentos.

“Colombia es el segundo país de Latinoamérica en contar con los laboratorios para medir los niveles de asparagina”, comenta Diana Valencia, hematóloga-oncóloga pediatra y miembro de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología Pediátrica, Achop, una asociación científica sin ánimo de lucro que trabaja para el bienestar de los menores y sus familias que llevan estos casos.

Esa situación, dice la oncóloga Valencia, quien además es la delegada para Colombia de la Sociedad Latinoamericana de Oncología Pediátrica, debería ubicar al país en una situación de ventaja para tomar decisiones efectivas y comprobar que las moléculas de asparaginasa que se comercializan cumplan con los estándares.

La evidencia reunida por los investigadores de la UIS se relaciona con lo documentado en Brasil, uno de los primeros países en los que estudios permitieron comprobar lo que algunos de los médicos de ese país ya sospechaban: el tratamiento no estaba siendo efectivo porque varias marcas utilizaban moléculas de baja calidad que, según El País, inundaron el mercado especialmente de naciones con bajos y medianos ingresos.

“Los mecanismos de ingreso de medicamentos al país no están siendo eficientes para corroborar lo que ingresa. Eso afecta el principio de equidad porque no solo es el acceso al medicamento, sino recibir el mejor medicamento para la curación”, señala la oncóloga Valencia, quien a diario atiende a niños que afrontan esta enfermedad.

“Nosotros podemos medir los niveles de asparaginasa y evaluar, si es efectiva o no y, por tanto, hacer un cambio de manera oportuna; hacer la respectiva notificación de no efectividad al ente regulador”, dice una de las investigadoras que estuvo en ese proceso de revisión de los compuestos médicos en el laboratorio, sobre la posibilidad de garantizar la calidad esperada de esos fármacos.

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, el 80 % de los niños diagnosticados con cáncer sobreviven en países con altos ingresos; mientras que en países de menores y bajos ingresos esa esperanza de curación ronda apenas el 20 %. Para Colombia, según el Ministerio de Salud, esa tasa de sobrevida fue del 61 % en 2022.

Un sonido anhelado

Moisés ha seguido con su tratamiento de quimioterapia. Ya terminó su proceso con la asparaginasa. A tres días de finalizar sus radioterapias, antes del trasplante de médula ósea, Moisés tuvo una recaída y ese viaje a Bogotá deberá esperar, al menos por unos días.

– ¿Estoy tan mal? –pregunta Moisés a su madre cuando la ve salir del baño con los pómulos rojos.

– No, hijo –responde Jeriling

– ¿Entonces, por qué lloras tanto, mami?– le cuestiona su hijo.

En medio de esas conversaciones, Jeriling y Moisés suelen acudir a una canción; una melodía que les recuerda, en palabras de ella, que se “curan de a poquito” y que “mañana todo será más bonito”.

Jeriling aguarda a que pronto Moisés, sonriente como de costumbre, haga sonar la campana, en señal del fin de su tratamiento. Tal vez para entonces Jeriling empiece a contarle a Moisés qué significa la palabra ‘cáncer’.

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Publicado por Luis Alvaro Rodriguez Barrera

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