viernes 23 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Las huertas escolares ‘echan raíces’

En el colegio Santander sede D, situado en el barrio La Independencia, sus alumnos aprenden a sumar y restar y también a sembrar y cosechar.

Angie Velandia, de 10 años, es una de ellas. Para esta estudiante de cuarto de primaria, el cilantro, la lechuga, el rábano y el perejil se han convertido en parte de su lenguaje cotidiano durante clase. ¿De qué se trata esto? Un pequeño predio de dicho colegio fue acondicionado como huerta escolar, concebida como un programa de la Secretaría de Salud de Bucaramanga para inculcar una dieta saludable en niños y jóvenes. Ya ha ‘echado raíces’ en al menos nueve planteles oficiales.

Todos los jueves, Angie junto a otros 14 compañeritos que integran el comité ecológico dedican dos horas de su jornada académica para cultivar hortalizas y verduras a las que cuidan con esmero.

Según ella, quien reside en el barrio La Independencia, al norte de la ciudad, la experiencia ha sido gratificante: 'es muy bonito, porque nos enseñan a cómo sembrar y no dejar morir las maticas'.

Su labor ya ha dado sus frutos. Producto de la primera cosecha, Angie ha llevado rábano a su casa, el mismo que ha servido para que su mamá le preparara un apetitoso menú, aunque la menor admite que hasta ahora le atrae la idea de comer verduras.


Proceso pedagógico

Esther Julia Zárate, directora del colegio Santander, sostiene que el proyecto implementado hace cuatro meses, ha  resultado todo un éxito ya que los niños han sido muy receptivos con la huerta.

De hecho, opina que más que una herramienta didáctica es un proceso pedagógico en el que los menores han entendido la importancia de alimentarse bien gracias al acompañamiento que viene realizando la Alcaldía.

La institución, que alberga a 370 estudiantes desde preescolar hasta quinto de primaria, cuenta con restaurante escolar, que ahora ha incluido en sus menúes las ensaladas y los productos que allí se cosechan.

'El problema aquí es que tenemos niños de bajo peso y con desnutrición, por eso insistimos en apostarle a este tipo de proyectos que no requieren mayor inversión sólo ganas y dedicación', concluye la directora.


POR BUEN CAMINO

Bajo la dirección del ingeniero agrónomo Gerardo Camelo Ardila, que hace visitas semanales a los colegios, el programa de huertas escolares se implementa en sectores vulnerables de la capital santandereana, considerando que el rendimiento escolar de los niños depende, en gran parte, de consumir una alimentación saludable.

En términos generales, la iniciativa consiste en que los colegios aportan el terreno y en algunos kcasos el abono orgánico, mientras la Administración Municipal contribuye con los insumos, las herramientas y las semillas, describe el profesional.

Si bien el proceso no ha sido fácil, puesto que los padres no sacan el tiempo necesario para las capacitaciones, el ingeniero estima que el proyecto va por buen camino en vista de que directivos, docentes y alumnos han mostrado el interés por impulsar estas especies de granjas dentro sus instituciones.

Por su parte, Mardeli Gómez, nutricionista y coordinadora del proyecto de la Secretaría de Salud, manifiesta que las huertas han ido creando la cultura de nutrición saludable, que incluye aspectos como la higiene, las actividades deportivas y el buen trato, apuntándole al mejoramiento de los estilos de vida: 'el niño adquiere el conocimiento necesario para saber qué comprar a la hora del descanso y los padres deben apoyar este proceso'.

 

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