miércoles 09 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Las misas presenciales ‘resucitaron’ y el templo de Provenza fue el primero en ‘redoblar las campanas’

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Muy temprano, a las 5:00 a.m., redoblaron las campanas de la parroquia de Cristo Resucitado, en el barrio Provenza de Bucaramanga.

Los cerca de 100 fieles que sacaron cita con anterioridad tuvieron que ‘madrugarle’ a la Sagrada Eucaristía. Y es que antes de entrar al templo debían cumplir con lo que, desde ya, se conoce con el ritual de la bioseguridad.

Monseñor Juan Carlos Castellanos Ruiz, párroco del barrio, había ultimado todos los detalles de la reapertura con sus fieles a través de un ‘facebook live’ que organizó el pasado fin de semana.

La calle 105A con carrera 23A, en donde se encuentra la parroquia, se vio rodeada con una larga fila de católicos que debieron guardar la debida distancia antes de ingresar.

Se colocaron letreros en la puerta de entrada pidiendo a toda persona que presentara fiebre o síntomas parecidos a la influenza, que por favor no insistiera en pasar.

La entrada al recinto fue supervisada por las autoridades. El filtro inicial consistió en el tapete desinfectante, posteriormente la toma de la temperatura y la aplicación de gel antibacterial a cada uno de los asistentes.

“Ya esperamos lo más, nos resignamos a esperar lo menos”, dijo Doña Floralba García, quien llevaba casi seis meses anhelando el retorno a su parroquia.

Obviamente todos los fieles debían portar, antes que el escapulario, sus respectivos tapabocas.

Luego de tanto tiempo de estar impedidos para recibir las misas presenciales, por el confinamiento obligatorio en sus casas como medida preventiva, muchos agradecieron a Dios por la reapertura.

Vale recordar que desde marzo pasado se cerraron las iglesias como una manera de disminuir la propagación de la COVID-19. Pero ayer se autorizó la ‘presencialidad’.

Muchos fieles regresaron a su iglesia con lágrimas en los ojos por la felicidad de poder retornar a la Santa Misa.

La Iglesia tiene una capacidad para más de 300 personas, pero en total solo puedo ingresar el 30% del aforo; es más, las bancas tenían una marca para que el asistente tuviera claro la distancia que se debía guardar.

Todos los misales, Biblias, tarjetas de oración y otros recursos de papel fueron retirados de los asientos.

Durante la homilía, el sacerdote reconoció el buen comportamiento de los asistentes, quienes cumplieron con los protocolos implementados por las autoridades de salud para inhibir la presencia del Coronavirus.

A la hora de recibir la Sagrada Comunión, el sacerdote les entregó la hostia en la mano a los feligreses que se formaron guardando la sana distancia.

Previo a ello, otra persona repartía a la fila gel. Mientras tanto personal de la propia iglesia supervisaba que la ciudadanía cumpliera con los protocolos.

Para Monseñor, al contrario de sentir una disminución en la fe de los católicos, “la pandemia ha desarmado y ocasionado mayor inseguridad en quienes creían tenerlo todo, y por lo cual, han vuelto a depositar la confianza en Dios. Eso es algo positivo”.

Las celebraciones eucarísticas, según el párroco, continuarán realizándose durante las mañanas y, según lo establecido por las reglas, no durarán más de 45 minutos cada una.

“Todo esto ha sido un aprendizaje para el corazón. Los largos momentos de distanciamiento que vivimos irónicamente nos tienen más unidos”, puntualizó el religioso.

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