miércoles 01 de julio de 2009 - 10:00 AM

Las pandillas urbanas también se desmovilizan

Son 18 jóvenes pertenecientes a uno de los tres ‘parches’ del barrio La Juventud en Bucaramanga, se ponen la camiseta todos los días con el lema ‘Bucaramanga, empresa de todos’. Ellos también quieren hacer parte de esa ciudad de empresarios propuesta por la actual administración.

Por eso, su destino está en las manos del alcalde Fernando Vargas Mendoza, quien les prometió máquinas para montar su propia fábrica de zapatos: 'No queremos que nos pase lo mismo que a las expendedoras de droga de la olla, las capacitaron y ahí están sin trabajo, muchas han vuelto al oficio', afirmó uno de ellos.
Sin estudio, envueltos en la marihuana, el bazuco, las pepas, los atracos, los homicidios y sin nadie que les ofrezca trabajo, su destino está ahora en que la Administración Municipal no les salga 'con falsas promesas', como dicen ellos. Todos los días, desde hace mes y medio, una camioneta los recoge en La Juventud. Aprenden a hacer zapatos desde las 8:00 a.m., hasta las 12:30 m. y hacen un gran esfuerzo para ganar en un futuro su propio sustento, sin tener que salir a robar.

'Es un esfuerzo porque muchos no tienen plata y uno que otro prefiere salir a robar para tener con qué vivir. Pero debemos ser un ejemplo y seguir, para que otros parches también hagan lo mismo', afirma uno de los líderes.

Sin embargo, Polo* prefiere seguir creyendo en la fábrica de zapatos. Sale todos los días después de la capacitación a Bukacentro, arregla celulares y no gana más de $20 mil, aunque confiesa que hace más de un mes que no mete droga y que quiere trabajar para que sus hijas no sigan sus pasos.
 
Para ello, figuras como la Alta Consejera para la Paz del Norte le siguen apostando a la iniciativa: 'Ellos son víctimas, porque las condiciones no han favorecido un proceso favorable. Se pueden construir escenarios, los salvavidas son las escuelas artísticas y el compromiso que tengan los proyectos en la zona para que los factores de riesgo no los consuman', expresó Andrea Arana, consejera para la paz.

'La vida en los parches'

A sus 22 años, Polo*, como pidió ser mencionado, tiene 4 hijas y dos balazos. Uno todavía lo tiene incrustado en una pierna. El otro le dejó una cicatriz que le atraviesa casi todo el brazo izquierdo.

'Sólo tengo mamá, a mi papá lo mataron cuando yo tenía dos años por estar robando una panadería. Hice hasta noveno, porque me echaron del semestralizado por estar fumando. Pero yo siempre he querido ser ingeniero de sistemas, lo que pasa es que no he podido estudiar, es muy caro'.

Aunque no ha matado a nadie, reconoce que ha robado y  disparado. A los 12 años atracó un bus con una pistola y en su parche, cinco de los jóvenes están recluidos en la Cárcel Modelo, unos pagan condenas por homicidio de casi 25 años, otros de casi 6 años por hurto. Otros seis de ellos los mataron, en una guerra de territorialidad y drogas. 

Para los parches es muy fácil conseguir pistolas nueve milímetros y escopetas, las venden en el mercado de las pulgas, con precios desde los $100 mil hasta los $2 millones. A su parche, el único que ha participado en jornadas de desarme, le han puesto 4 granadas. 'Esas las vendía un soldado profesional que iba al barrio a comprar droga', afirma uno de ellos.

LA VOZ DEL EXPERTO

Martha Lucía Flórez Noriega
Fundación Participar

Vivimos en un mundo caracterizado por la incertidumbre, la inseguridad, la desconfianza y el individualismo. Nada ni nadie parece ser capaz de garantizarnos el funcionamiento adecuado de la sociedad.

Las convicciones de antaño ya no existen y no visualizamos con claridad el futuro. La ética y la moral nos parecen ambiguas e improbables. Los seres humanos actuamos movidos por el interés y el egoísmo, más que por el bienestar común.

¿Qué hacer? No es válido refugiarnos en el fatalismo. La naturaleza humana es un proyecto indefinido y sus posibilidades, impredecibles e inconmensurables, y esa potencialidad nos constituye como sujetos éticos y morales. ¿Cómo hacer converger las diferencias y libertades individuales para el bien común? Hay que encontrar el equilibrio entre el yo y el nosotros a través de la responsabilidad entendida como el deber de cuidar, preocuparnos y sentir simpatía por el otro.

El pacto para la convivencia pacífica que se estableció con los pandilleros del Norte de la ciudad, es un ejemplo del acuerdo a que se puede llegar con una comunidad, sobre un tema de interés común. Es un esfuerzo de largo aliento, que exige acompañamiento, compromiso y cumplimiento del pacto, entre las partes.

Paz y desarme

A comienzos de 2008, la Secretaría de Gobierno de Bucaramanga emprendió un plan, que hoy constituye las ‘alas’ para que este grupo de jóvenes vuelen, no bajo el efecto de las drogas, sino bajo la convicción de lograr sus metas.

'Una de las preocupaciones fuertes cuando asumimos la administración era la delincuencia juvenil. De ahí vienen los pactos de paz y desarme, gracias a iniciativas que tomamos como ejemplo de ciudades como Bogotá y Medellín', explicó Edgar Salcedo Silva, secretario de gobierno.

Hasta el momento, en las jornadas de desarme, los jóvenes han entregado 4 granadas, 2 escopetas, 3 revólveres, un trabuco, 1 kilo de marihuana y 20 gramos de bazuco. A cambio, han recibido bonos para cambiar en supermercados, dos lavadoras y un computador, además de los procesos de capacitación en zapatería.

Según afirma Salcedo Silva, el programa continuará durante lo que queda del año, con lo que se espera finalizar 2009 con un balance de cinco desarmes. En los pactos de paz y convivencia se han sumado a la iniciativa más de 85 jóvenes.

Sin embargo, aunque los muchachos reconocen que es un esfuerzo que nadie había hecho, es importante que se muestren verdaderos resultados para que más jóvenes se unan.

 

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