miércoles 24 de abril de 2019 - 12:00 AM

Lluvias: el martirio que sufren 290 mil personas en Bucaramanga y su área

Las autoridades pronostican que el actual periodo de lluvias se extenderá hasta finales del próximo mes, y que el pico más alto de estas precipitaciones se sentiría en los próximos días. Vanguardia le presenta múltiples casos de familias que viven en zonas de alto riesgo en Bucaramanga y su área, para quienes cualquier chaparrón se convierte en todo un sufrimiento.

El arribo de la primera temporada de lluvias de 2019 es sinónimo de angustia, temor y preocupación para miles de familias en el área metropolitana de Bucaramanga. Es un verdadero martirio el que sufren más de 290 mil personas, quienes residen en zonas de alto riesgo por deslizamientos o inundaciones.

Muchas de ellas viven, literalmente, al lado de ríos o quebradas que en épocas de precipitaciones suelen desbordarse y ocasionar serias emergencias. Tal es el caso del barrio Nueva Colombia, en Piedecuesta.

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Otro fenómeno natural que frecuentemente causa desastres en el área metropolitana son las remociones en masa o derrumbes. Una de las zonas más perjudicadas por este problema y que registra deslizamientos en cada temporada de lluvias es el Páramo, en Floridablanca.

Un estudio publicado en 2015 por la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, identificó 236 asentamientos humanos o barrios subnormales en el área metropolitana. En todos ellos, se detectaron riesgos por inundación o derrumbes.

Pero también hay vecindarios que fueron legalizados y que hoy están en riesgo por el descuido y la desidia de las autoridades. Un ejemplo es Miraflores, en Bucaramanga, en donde la comunidad teme el posible colapso de un talud.

Ellos, a quienes el temor los embarga por los estragos que puedan generar las lluvias, le relataron a Vanguardia el drama que sufren cada año con el arribo de las lluvias en el área metropolitana y el país.

“Se nos viene el talud”
José Luis Pineda
jpineda@vanguardia.com

Un despeñadero de alto riesgo y el mal estado que registra la obra de mitigación que se realizó para contenerlo, tienen atemorizadas a decenas de familias en la parte baja del barrio Miraflores, a 500 metros del CAI Morrorrico.

La comunidad asegura que, por la falta de mantenimiento, los gaviones (especie de muros de contención) que se construyeron en la carrera 51a con calle 17a de Miraflores comenzaron a ceder y ya están a punto de colapsar.

Es decir, tal obra de mitigación ahora representa un riesgo, en vez de brindar protección. Las escalas que conformaban dichos gaviones prácticamente desaparecieron, ya que su malla metálica fue carcomida por el óxido y esto permitió que se salieran muchas piedras de tal estructura de contención.

“Los gaviones los construyeron hace 30 años. Nunca hemos visto reparación ni mantenimiento de esa obra. Además del talud, ahora también tenemos el riesgo de que se derrumben los gaviones. El año pasado una de las piedras se salió y cayó en mi casa, no había nadie, pero sí me tocó cambiar el techo”, denunció Henry Barrios, habitante de Miraflores.

Los vecinos se han visto obligados a efectuar diversas reparaciones, para evitar que las rocas se sigan desprendiendo de los gaviones.

“Está muy desbaratada esa obra; hemos echado cemento, pero ni así, cada día va más para abajo. El peligro es inmenso, y más ahorita con la cantidad de lluvia. Debajo de esos gaviones viven unas 30 familias”, manifestó Rubén Corzo, residente de Miraflores.

Los perjudicados aseguran que desde hace más de dos años vienen denunciando el riesgo que afronta dicho vecindario, pero que hasta el momento no se ha llevado a cabo ninguna intervención de las autoridades.

“Esos gaviones los hizo la Corporación Para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb. Hemos pasado comunicaciones hasta por escrito, pero hasta ahora no han hecho nada. El Municipio tampoco nos ha querido ayudar. El riesgo es muy grande, en cualquier momento se nos viene ese talud o los gaviones”, señaló Barrios.

Ruidos que generan miedo en Floridablanca
Íngrid Paola Albis Pérez
ialbis@vanguardia.com

El Páramo, uno de los grandes asentamientos humanos de Floridablanca, ubicado sobre la Transversal Oriental, se encuentra en zona de alta vulnerabilidad por el fenómeno de remoción de masa. Más de 400 familias que allí residen están en riesgo de que sus ‘ranchos’ se caigan a pedazos o colapsen.

Orlando Díaz es tan solo uno de los cientos de ciudadanos que encontraron en El Páramo la mejor opción para tener un techo donde vivir con su familia.

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Según lo relatado por este hombre, hace más de cuatro años llegó a Santander procedente de Venezuela. Por medio de una hija encontró el ‘rancho’, que ahora es su humilde morada.

Recuerda que poco a poco lo fue pagando y, por eso, aunque no esté legalizada ante el Municipio, dice con toda la certeza que es su casa. Sencillamente, asegura, trabajó para comprarlo. Su vivienda se levanta en la parte alta del asentamiento. Fue construido con tablas, láminas de zinc, lona verde y uno que otro ladrillo.

Hasta la segunda semana de abril, Díaz creyó que su casa era un lugar seguro para pasar la noche y resguardarse de la lluvia. Las inclemencias del clima desencadenaron una serie de acontecimientos que acabaron la calma, uno fue el desprendimiento de una parte del talud que afectó una de las habitaciones.

Él vivía con tres hijos y una nieta, pero después de lo sucedido solo vive con su hijo. Sus dos hijas y su nieta se reubicaron por seguridad en otro lugar. Mientras hallan lluvias ninguna de ellas pasará la noche en la vivienda de Orlando.

“Cuando pasó eso me dio mucho miedo. Todo empezó como a las 3:00 de la madrugada. Estaba lloviendo. Como los gatos se meten por la parte de atrás, yo pensé que era uno. Levanté a mi hijo y le dije que en la parte de atrás se escuchaba mucho ruido. De un momento a otro vi que la ‘tranca’ de la parte de atrás se soltó y ahí fue cuando le dije a mi hijo que teníamos que salir. Mis dos hijas y la niña, por fortuna, se habían quedado donde un familiar esa noche”, narró.

“Una cosa es contar y otra vivirla. Desde ese momento yo duermo con desconfianza, uno nunca sabe cuándo la casa se va a ir. Encima hay otras viviendas y abajo también”, acotó.

“Nos queda prender la veladora”
Juan Manuel Morales
periodistapie@vanguardia.com

Uno de los barrios más poblados de Piedecuesta, es también uno de los más peligrosos para vivir. ¿La razón? Se encuentra ubicado sobre una ronda hídrica y con alta probabilidad de remoción de tierra en masa. Sin embargo, se ha convertido en el hogar de más de cinco mil familias, que en épocas de lluvia prenden las veladoras para que las inclemencias del clima no afecten sus casas.

Carlos Carmona reside en el sector conocido como La Vega, a pocos metros del río Hato y su vivienda se ubica sobre una de las montañas de la vereda Guatiguará.

“Nos preocupan las lluvias. Siempre que inicia la temporada invernal hay daños. En los aguaceros de los últimos días hemos tenido que poner piedras sobre el tejado para que el viento no se los lleve”, precisó.

Otra de las preocupaciones de Carlos es la creciente del río que en varias ocasiones ha inundado algunas viviendas. “Mi mayor miedo es el río. Cuando llueve duro se escucha como el caudal arrastra con todo lo que viene a su paso. Una vez nos salimos de la casa porque pensamos que El Hato se llevaba las casas”.

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