jueves 14 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Los jóvenes han participado en 1.646 atracos

Un comerciante muere asesinado a causa de un fulminante disparo a quemarropa en la cabeza, en el sector de La Ciudadela… otro hombre fallece tras 20 puñaladas que le propinaron al negarse a entregar su cartera… una mujer es violada en un paraje de la vía que conduce a Ciudad Norte.

Los tres casos descritos hacen parte de la ola de inseguridad que ha azotado a la capital santandereana, entre 2007 y lo que va corrido de 2009.

Pero lo más grave, es que todos estos delitos no fueron cometidos por personas adultas con un amplio prontuario, sino por jóvenes entre 14 y 17 años, que deambulan a sus anchas por las calles de la capital santandereana.

Desde 2007 hasta hoy, los menores de edad fueron los responsables de 61 asesinatos, otros mil 646 participaron en atracos, mientras que 19 más se vieron involucrados en casos de violaciones. Lo anterior, sin contar que 3 mil 249 jóvenes fueron sorprendidos consumiendo drogas alucinógenas.

 La violencia por parte de los jóvenes no sólo se da en las ca-lles; muchos de ellos hacen sus fechorías en sus propias aulas de clase. De acuerdo con las estadísticas que lleva la Policía Metropolitana, nada más en lo que va corrido del año, once jóvenes han terminado con heridas de consideración tras riñas en varios colegios oficiales de la capital santandereana.

Es más, las autoridades tienen identificadas a 25 pandillas de jóvenes que se han dedicado en los últimos meses a intimidar a sus propios compañeros en las comunas populares.

Según Yanni León, coordinadora del Diseño de la Estrategia de Prevención del Delito y la Violencia Juvenil en Bucaramanga, de 91 instituciones analizadas en la ciudad, 20.9% de las comunidades asegura que sus estudiantes forman partes de sectas delincuenciales, muchas de los cuales portan armas de fuego y protagonizan hechos de violencia al interior de las aulas.

Las alarmantes cifras, así como se leen, fueron extraídas del Diagnóstico de la Juventud que, en su primera fase, han liderado la Secretaría de Gobierno Local y la Policía Metropolitana, bajo la coordinación de la Fundación Participar.

LISTA
‘Top 10’ del perfil del joven agresor


1  De manera general, los menores de edad están armados con pistolas o armas blancas. 

2 En un 80%  de los casos el joven delincuente ha abandonado el colegio o la escuela, al momento de cometer el delito. El otro 20% decide actuar en los planteles donde adelanta sus estudios o en los alrededores de tales instituciones.

3 El 85% de los menores delincuentes es consumidor de algún tipo de alucinógeno, de manera especial, marihuana.

4  El 15%  de los jóvenes hace parte de un grupo de muchachos 'sanos' que, de alguna forma, son inducidos a actuar en la delincuencia por sus ‘amigos’ de barriada.  

5 Del total de delincuentes, sólo el 4% vive con sus dos padres, los otros con uno de los dos o solos. Sólo en un 5% los padres de familia inducen a sus hijos a cometer algún delito.

6 En la mayoría de los casos los líderes de los barrios, jóvenes mayores de edad, conforman sus ‘galladas’ y, de paso, son los que involucran a los más ‘sardinos’ en robos.

7 Los asesinatos cometidos por los jóvenes, en su mayoría, son contra otros jóvenes, de manera especial por riñas.

8 Las niñas participan más en robos y venta de drogas, pero a diferencia de los hombres, en un 35% son drogadictas.

9 De manera desafortunada es en los estratos bajos, particularmente en sectores donde se vende y se consume droga, donde crece gran parte de los jóvenes delincuentes. En ese sentido el mayor porcentaje de delincuentes juveniles que llega a los Juzgados, vive en barrios de las Comunas 1 (Norte) y 14 (Morrorrico).

10 El 75% de los jóvenes delincuentes proceden de familias integradas por estas dos modalidades: unión libre o mujer cabeza de familia.

¿qué están haciendo las autoridades?

Ante los casos de violencia que se han presentado durante los últimos años en la ciudad y, sobre todo, en algunos colegios oficiales del área metropolitana; las autoridades locales y policiales, así como los rectores, docentes y los propios estudiantes conformaron una especie de ‘muro de protección’ que permitirá, además de frenar la ocurrencia de más actos de inseguridad en las aulas, la promoción de una campaña de convivencia pacífica.

La iniciativa, que consiste en unir esfuerzos para garantizar la integridad física del estudiantado e incluso la defensa de la propia juventud, se contempla dentro del estudio de la ‘Línea de base y caracterización de actores, procesos y experiencia de organización juvenil en Bucaramanga’.

Esta línea de asistencia compromete la participación e intervención de  324 instituciones u organizaciones comunitarias de tipo religioso, colegios de bachillerato, Juntas de Acción Comunal, universidades, organismos del Estado, partidos políticos, organizaciones de la población vulnerable y ONG’s.

Según el alcalde de Bucaramanga, Fernando Vargas Mendoza, las frías estadísticas, por sí solas, 'son suficientes como para encender las alarmas y aplicar los correctivos, sobre todo en el área de la prevención del delito'.

LA VOZ DEL EXPERTO
La Ley es ‘suave’


Según el abogado y sicorientador juvenil, Carlos Linares Bohada, 'uno de los aspectos que atrae al delincuente juvenil y a los adultos que los inducen, son las débiles sanciones a que son sometidos estos infractores, que en algunos casos ellos mismos conocen al pie de la letra'.

'Por asesinar a una persona, un muchacho sólo será recluido máximo por 3 años. Así lo establece la Ley. En otros delitos el joven puede ser castigado con una simple amonestación para el padre de familia', añade el experto.

Además, explicó que figuras como la denominada ‘libertad asistida’, que consiste en que el menor se debe presentar de manera periódica  al juzgado e inscribirse en un programa educativo, hace que los jóvenes delincuentes queden en libertad a las pocas horas de cometer los atracos.

'En su mayoría ellos conocen las leyes que protegen al menor; llegan y dicen ‘a mí no me pueden tocar’... Forman el alboroto, se respaldan en esto y cuando se les quiere aplicar una sanción, aparecen los padres a protestar y respaldarlos en todo; no se dan cuenta de que a muchos les están haciendo más daño con esa actitud', dijo.

Según su concepto, 'muchos jóvenes que deberían pasar su tiempo en algún colegio terminando su bachillerato, son asesinos, atracadores, vendedores de droga y violadores, en gran parte por la descomposición del núcleo familiar'.

Finalmente, dijo que muchos de los factores que conllevan a los actos de violencia de los jóvenes y que hoy se registran en la ciudad y en los colegios, 'nacen por la falta de una política de Estado para controlar estos desmanes'.

De igual forma, es claro que el evidente fomento de la indisciplina, la falta de supervisión familiar de los adolescentes y, de manera especial, la pérdida de las normas de respeto y tolerancia, multiplican la delincuencia juvenil.

 

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