martes 30 de octubre de 2018 - 7:55 PM

Los superhéroes de carne y hueso para los niños de Bucaramanga

¿Qué sería de los niños desprotegidos sin todos esos titanes que les dan sus abrigos? Hablo de esos sencillos ciudadanos que, con su buena disposición y servicio, componen el mundo de muchos. Esta página es un homenaje a esos bonitos seres que se ‘disfrazan’ de superhéroes y nos reconcilian con la vida. De una convocatoria hecha por este diario, en la que fueron postuladas 43 historias.

Ninguno de ellos es Superman; tampoco hacen las veces de Batman o de Linterna Verde. Solo son ciudadanos de a pie, algo anónimos por cierto, que cumplen maravillosas misiones solidarias.

Al contar sus historias pretendemos demostrar que no todos los héroes llevan capa y que, de manera especial, en Bucaramanga hay bonitos seres humanos que tienen potenciales de ayuda más reales y certeros que los que leemos con los personajes de las tiras cómicas.

Hacemos referencia a personas de carne y hueso, esas que influyen de manera positiva en la ciudad y que con la labor desinteresada que desempeñan tienen el potencial de ser héroes cotidianos, aunque incluso muchos de ellos no sean conscientes de eso.

Lea también: Estas son las recomendaciones del ICBF para el ‘Día de los niños’

Porque, tal vez sin imaginarlo, salvan vidas de una manera sorprendente. Ellos despliegan el valor del servicio al entregarse  a sus causas sin esperar nada a cambio, buscando una sonrisa en esos pequeños que tienen derecho a ser felices y a soñar, pero que por circunstancias de la vida fueron abandonados a su suerte o están desamparados.

El ‘Pacheco Bumangués’

Fernando González, el ‘Pacheco’ Bumangués, ‘está casado’ desde hace varios años con la asistencia a los niños y a los jóvenes del Hogar Jesús de Nazareth.

Él, sin recibir ni un peso por esta labor, decidió ayudar a estos menores al ver en sus rostros y en sus humildes humanidades la ansiedad, el aislamiento y la tristeza que los embarga, tras las huellas de la guerra. Y más allá de las ‘cicatrices psicosociales’ que les dejó a ellos y a sus familiares el conflicto armado, Fernando ha logrado que recuperen la verdadera chispa de la vida.

Le puede interesar: Crece el amor a cuatro patas

Es la mano derecha de otra titán de la solidaridad, Yolanda González, y junto a ella trabaja a diario para garantizarles a los niños un hogar digno y estudio, además de la alimentación.

Este superhéroe, sin capa alguna, ha logrado más que muchos politiqueros y promeseros de turno.

‘Mamá Dioselina’ nos da sopa y seco en solidaridad


Un poco de caldo con pan, huevos y fideos; un plato de arroz con patacón, papa y ensalada; un pedazo de carne y un jugo de guayaba y, por supuesto, el postre de natas.

Si bien es un delicioso menú, no es la receta de una chef experta ni nada por el estilo; eso sí, a ella todo le queda a pedir de boca. Lo mejor es que tanto la sopa como el seco no les valen ni un solo peso a los cerca de 50 niños que ‘Mamá Dioselina’, la superhéroe de esta historia, alimenta a diario. 

La gigantesca olla de barro con la que esta mujer guisa sus alimentos alcanza para el almuerzo de los menores de estratos bajos que viven en los asentamientos subnormales de Ciudad Norte.

Esta sencilla humilde, que no tiene plata en los bancos, reside en uno de los barrios más neurálgicos de la meseta. Y pese a su extrema pobreza, se pone en la misión de alimentar a toda esa cantidad de niños.

Ella no es madre comunitaria del Icbf; tampoco es funcionaria de la Alcaldía; ni religiosa; es más, ni siquiera es política.

Es solo una abnegada mujer, quien con ‘totuma en mano’ se la pasa pidiendo ‘aquí y allá’ para preparar la alimentación diaria de lo que ella denomina como: “Mi batallón del buen comer”.

Hay que verla pasando cartas a empresas, rogando en las plazas de mercado, pidiendo rebaja por un bulto de papa y haciéndole antesala a todo aquel que le pueda ‘cuartillar’ cualquier producto para su restaurante.

Kelly y Nathalia con su ‘piedra, papel y tijera’


En este juego la piedra, en lugar de aplastar la tijera, se utiliza para construir montañas; la tijera, antes que cortar el papel, moldea el futuro de los niños; y el papel envuelve y protege los sueños de los más desamparados.

Y en medio de ese ‘tejemaneje solidario’ están Kelly Vargas, una psicóloga en formación, y Nathalia Mier, comunicadora social y fotógrafa.

Ellas son dos superhéroes que decidieron armar hace algunos años el grupo titulado: ‘Piedra, Papel y Tijera’.

Vea también: Reescribiendo historias de vida

Lo diseñaron para promover los valores humanos entre los niños.

Ellas reorientan el tiempo libre de menores en condición vulnerable a través de espacios lúdicos y con deportes no convencionales, con medios alternos, con conciencia verde y con la prevención de la salud.

La idea es clara: invitarlos a ser los futuros líderes transformadores para una sociedad más justa e inclusiva.

En la actualidad trabajan en uno de los barrios más humildes de Bucaramanga: Camilo Torres, situado en la ladera occidente de La Feria.

A través del deporte de la paz, conocido como ‘ultimate frisbee’, bajo los valores del respeto, la empatía y la cooperación trabajan junto a dos profesores y jugadores: Andrés Barón y Sergio Hernández. 

Un ‘round’ distinto

Se propuso convertir a los jóvenes más humildes en los ‘champions’ de la vida. Hablo del entrenador Óscar Mauricio Castro Jaimes, nuestro héroe en esta parte de la página, quien ha logrado que muchos adolescentes se cuelguen medallas de oro en el pecho.

El más reciente campeón fue Kevin Ruiz, un adolescente de escasos recursos y golpeado por la violencia, quien encontró en nuestro entrenador una motivación más para ganar.

Los dos ni siquiera tenían un cuadrilátero en donde practicar el ‘box’. El ring, si es que así se le podía llamar, era el patio de una desvencijada casa.

Pese a todas esas limitaciones y a que el escenario no es el reglamentario, todas las semanas, de lunes a domingo, una y otra vez suena la campana para el ‘combate’ que ellos libran y que, dicho sea de paso, tiene mucho ‘punch’.

No obstante, hay que señalar que el ‘Champion’ está logrando que este deporte se convierta en el camino perfecto para alejar a los niños de los graves flagelos que hoy los aquejan. ¡Qué bien!

Desactivando las minas de la violencia

Javier Pallares, un artista que es capaz de pintar cuadros a pesar de que perdió sus manos tras un lamentable accidente, dedica buena parte de sus pinceles y de sus dotes artísticas para la asistencia a los niños y jóvenes.

Él, más allá de estar en situación de discapacidad, despliega una hermosa misión social en Bucaramanga: reivindicar a los menores cuyas familias fueron víctimas de las minas antipersonas en Santander y en toda Colombia.

Lea también: Ninguna discapacidad es más grande que el amor

Sin cobrarles ni un solo peso a sus padres, en la sede del hogar de la calle 41 con carrera 9 de Bucaramanga, este superhéroe todos los días aporta su granito de arena para recuperar el tejido social de aquellos menores de edad que han visto afectadas sus vidas por la guerra.

Desde hace más de diez años organiza actividades asistenciales, cívicas, culturales y recreativas para esta población.

Hoy trabaja en la presentación al Gobierno de una seria propuesta para defender la asistencia integral de cada uno de los jóvenes que tocan a su puerta.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Suscríbete
Publicado por
Lea también
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad