domingo 02 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Los viejos monopatines de mi barrio en Bucaramanga

Si usted sobrepasa los 40 años, seguramente tuvo monopatín hecho en casa. Hoy le traemos el recuerdo de un ‘minivehículo’ que en su tiempo fue calificado como la ‘bicicleta de los pobres’ y que era utilizado por los jóvenes de los barrios para marcar sus territorios de manera simbólica.
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Hablamos del nacimiento del monopatín en Bucaramanga. Si bien hoy en Bogotá y en la misma Europa muchas personas se movilizan a través de este medio, que ahora es eléctrico, hace mucho tiempo en nuestra ciudad los jóvenes ya lo usaban.

¡Bueno, no eran tan modernos, pero sí funcionaban!

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Muchos no lo sabían, pero ese nombre nació en Nueva York en 1938, en un circo que tenía una función en la que un mico se subía a una tabla con ruedas.

Pero más allá del espectáculo circense del ayer, en la década de 1960 los adolescentes de los barrios populares de la capital santandereana se las ingeniaban para conseguir ruedas de balines y tablas para armar este juguete.

Joven de barrio que se respetara tenía su monopatín y por eso había que armarlo como fuera. Y aunque uno no tenía conocimientos de ingeniería o arquitectura, se le medía al asunto.

Los estilos se calcaban según lo que se leía en las revistas. Algunos sencillamente los armaban a puro ojo. Al principio eran unos improvisados ‘patines’; o sea, eran tablas de madera, con ruedas y acondicionados con balineras y cauchos. Varios de ellos tenían manijas para controlarlos.

En la década de 1970, los motopatines empezaron a parecerse más a los que vemos en la actualidad, y ya no se veían como un simple juguete armado con desechos del basurero o del garaje de la casa. Los jóvenes los modificaban a su gusto, para que se pudieran mover más fácilmente.

En un barrio como Olas Norte, en las escuelas se organizaron competencias en las que los adolescentes le daban la vuelta a la manzana y en juegos que podían durar toda la mañana o toda la tarde.

Pese a su inofensiva apariencia, este medio de transporte no fue inmune a los infortunios. Pronto los jóvenes eran víctimas de caídas, colisiones con objetos e impactos con otros vehículos en movimiento. Los ‘raspones’ comenzaron a marcarse en las rodillas de muchos. Pese a ello, las jornadas más divertidas de mi barrio se vivieron en monopatines.

Aunque hoy día estos vehículos están como ‘promesas’ de movilidad para las congestionadas y contaminadas ciudades del mundo, los monopatines de nuestros barrios antes se hacían para atravesar caminos accidentados y para competencias de cuadras.

¡Pero eran otros tiempos!

Repentinamente miles de estos artefactos aparecieron hace varios años, enviados por plataformas de micromovilidad como las startups, la mexicana Grin o la brasileña Yellow, para quitarles protagonismo a los monopatines del ayer y volverlos más funcionales.

Y no es para menos. Los monopatines ofrecen una opción de transporte limpio en lugares que padecen de altos niveles de contaminación, así los detractores de estos minivehículos aseguren que solo empeoran el caos vial.

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