domingo 02 de junio de 2019 - 12:00 AM

“Mi novio me golpeó y lo perdoné... pero él también necesita ayuda psicológica”

Vanguardia abre este espacio pensando en las mujeres que han sido agredidas, discriminadas, abusadas o vulneradas. Buscamos visibilizar los casos que se “normalizaron” por miedo o porque no se denunciaron a tiempo, para demostrar que sí se puede hacer algo para defenderles sus derechos.
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La violencia en el noviazgo también es objeto de evaluación por parte de los expertos, quienes consideran que este tipo de relaciones tienden a caer en “círculos viciosos”, porque el agresor siempre se mostrará arrepentido de sus actuaciones.

Isabel, como llamaremos a la protagonista de esta historia, es víctima de las agresiones verbales y físicas por parte de novio, con quien mantiene una relación sentimental desde hace poco más de siete años.

Durante este tiempo, los dos no han conversado de hijos, ni de matrimonio. Cada uno tiene un trabajo estable y económicamente no hay ‘dolores de cabeza’.

Ella, antes de iniciar, describe a su pareja como un hombre trabajador y muy especial. Eso sí, reconoce que a veces es muy explosivo, hasta se torna violento y eso le genera miedo.

“Cuando tiene una discusión con su mamá o su hermana, por ejemplo, se desquita conmigo o viceversa. Habla con groserías, grita, siento como si se transformara. Como cinco años atrás me golpeó y hace poco volvió a hacerlo, por eso me atreví a hablar”, comentó.

La joven, de 25 años de edad, recordó que días después del primer ataque sostuvieron una conversación, con la que finalmente le dieron continuidad a la relación. “Puedo decir que había olvidado todo; sin embargo, con el puño en el brazo, que me dejó un morado, todo se me vino a la mente. Reaccioné y dije aquí pasa algo, esto no es normal”, relató.

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Reconoció que pese a la marca en su piel y a todo lo que le pasaba por su cabeza, guardó silencio para que el problema no se agrandara. En la casa de él, todo era distinto, porque sus padres y hermanos se dieron cuenta y le reprocharon.

“Supe que hasta lo amenazaron de acusarlo con las autoridades si volvía a pegarme. Al día siguiente del puño, él me buscó en mi oficina y me pidió perdón. Se mostraba realmente arrepentido. Yo lo perdoné y ahí vamos de nuevo”, anotó la mujer.

Aunque dice ser consciente de la situación de violencia, de la que fue víctima y podría seguir siéndolo, no se explica por qué actúa de esa forma, si en el hogar donde este hombre creció no ha estado marcado por estos comportamientos.

“A este hombre lo amo, hemos construido muchas cosas juntas, nos hemos apoyado para salir adelante, pero me da mucho miedo su comportamiento y sus actitudes. Mis amigas me dicen que termine con él, pero no quiero, él no es una mala persona”, aseguró Isabel para concluir su historia.

Habla el experto

Jesús Redondo Pacheco, docente investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana y editor de la revista Informes Psicológicos, describió que estos episodios de violencia entre las parejas de novios es más recurrente de lo que se cree.

Lo que presuntamente sucede es que el acto violento queda difuminado entre lo que mal llamamos amor romántico, a tal punto de que la misma víctima -así suene extraño- no se da cuenta de que está siendo violentada.

Desde la voz de Redondo Pacheco, este es un caso donde la violencia física es evidente. Sin embargo, “me atrevo a adelantar que además hay otros tipos de violencia que no son visibles, pero son igual de importantes y tienen un impacto fuerte, como la psicológica, la emocional y la económica”.

No obstante, explicó que no es posible establecer por qué la conducta del hombre es violenta. Sin embargo, la respuesta podría estar cerca con los estudios de variables que están relacionadas con la violencia de pareja.

“Hay variables precipitantes que, por lo general, se dan por el consumo de alcohol y estupefacientes, y estrés psicosocial. Las variables facilitadoras son las actitudes des negativas, ira, celos, estereotipos de género, bajo apoyo social y violencia intrafamiliar, entre otros”, indicó el docente investigador.

En este sentido, se hace necesario entender que tanto la víctima como el victimario necesitan ayuda psicológica. “Solemos pensar en la víctima porque es el personaje de este juego macabro de la violencia que tiene que ser atendida y nos olvidamos del victimario. A él lo acusamos y lo apartamos. Si bien cada caso se debe tratar de una manera diferente, en los casos de los hombres y mujeres maltratadores debe haber un acompañamiento psicológico porque es una persona que tiene problemas en sus relaciones interpersonales y de pareja”.

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Atención a hombres ‘golpeadores’

Sandra Luna, una de las socias de la Fundación Mujer y Futuro, en Bucaramanga, contó que en 2011 incursionaron con un modelo de atención educativo y terapéutico para hombres que ejercen violencia.

La iniciativa surgió luego de evaluar que era insuficiente trabajar solo con las mujeres para lograr transformar la situaciones de violencia que se ejercen sobre ellas y que, además, el deseo de muchas no era terminar la relación sino cesar la situación de maltrato y de violencia.

Con este modelo se explora esa historia que lleva a creer al hombre que la mejor manera de resolver las situaciones es con la violencia y se trabaja para que él se haga responsable de sus actos y de la transformación y el cambio. No obstante, se le muestra unas herramientas distintas para la resolución de los problemas entre pareja.

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