domingo 13 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Morir joven en Bucaramanga: El dolor que dejó un trago de soda cáustica

Escuchar este artículo
Una mujer murió tras ingerir un químico que le ofreció un desconocido en Bucaramanga. Esta es su historia. Siga la transmisión de un capítulo más de Expedientes de Prensa este domingo, a partir de las 10:00 a.m.

A las tres de la tarde comenzó la cirugía. En cuatro ocasiones anteriores Julieth Dayanna Pinto Carrillo ingresó a este quirófano. Esta no era la última cirugía programada. Afuera, en las frías sillas de plástico del piso sexto estaba su mamá. Impaciente, abrazaba su ausencia. Veía pasar enfermeras, médicos, pacientes. La vigilante del piso hacía su ronda. Ha de saberse que la espera en los hospitales genera tempestades inimaginables. Madre e hija eran huéspedes recurrentes de ellas. Ana Carrillo sabía que su hija de 21 años no quería una intervención quirúrgica más. Ese martes, dos horas antes, a la una de la tarde, cuando finalmente pudo ingresar a la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, del Hospital Universitario de Santander, en la cama, conectada a varios aparatos que monitoreaban su condición de salud, se lo recordó la joven sin hablar. Julieth Dayanna movió como pudo, y con rabia, unos cojines acomodados a su lado. Los tiró al piso. Ella escuchó que esa tarde la operarían. Era su forma de decir, ¡no más! Estaba cansada. Muy agotada. Ya habían pasado meses después de ese domingo en la madrugada en que llegó inconsciente al hospital.

Ana Carrillo, sentada a su lado intentaba tranquilizarla. El cielo grisáceo de la mirada de su hija era difícil de aceptar. Hizo gestos. Claramente la joven quería decir algo. No podía hablar. Estaba entubada. Llevaba 12 días en la UCI. Aunque la mayoría de las veces permanecía sedada por los fuertes dolores, esa tarde quería decir algo. La madre le pasó un teléfono celular para que escribiera. El aparato se le escurrió de las manos como agua. Intentó con un lápiz. Tampoco. La impotencia de no poder ni siquiera sostenerlo fue una bofetada en su rostro. La rabia no puede limpiarse en esos momentos, por más palabras de aliento que se escuchen. Julieth Dayanna no podía estar más derrotada. En un instante, los médicos llamaron a la mamá para explicarle el procedimiento que realizarían esa tarde en el quirófano. Julieth Dayanna se percató. Entonces le sujetó la mano como pudo. No quería que la dejara sola. La necesitaba a su lado.

- Doctor. Ella no quiere que la operen más, dijo la madre.

La repuesta de los médicos fue contundente. Algo ocurría con el drenaje de la tráquea de Julieth Dayanna. El color oscuro era un mal síntoma. Dos semanas atrás intentaron hacer un injerto en sus intestinos. Repararlos. La sospecha de muerte de una parte del tejido intestinal alertaba más. Era necesario verificar. Los efectos de una peritonitis también preocupaban. Ana Carrillo no tuvo más remedio que asentir con la cabeza. No gastó palabras.

$!Morir joven en Bucaramanga: El dolor que dejó un trago de soda cáustica

Ya eran casi las tres de la tarde. Se acercó donde su hija. Le frotó con cariño las manos. La consintió como solo las madres saben hacerlo cuando ven estupefactas el dolor de sus hijos, y no pueden hacer nada ante una vida destrozada. Ana sintió que su hija temblaba, no de frío, sino de tristeza.

- Ya es hora, dijo una enfermera.

Varias personas preparaban para el traslado los equipos de soporte vital de la joven, que vivía en el barrio María Paz, en el norte de Bucaramanga. Ella era madre soltera de una niña de cinco años y trabajaba en una fábrica de zapatos. La bajaron al sexto piso. La sedaron. Primero revisarían su tráquea. Luego el estado de su estómago e intestinos.

Tres horas después, a minutos de las seis de la tarde, uno de los médicos salió y llamó a Ana Carillo. Habló unos segundos con ella. Fue una conversación corta. Le explicaron a la mujer las complicaciones. Le advirtieron que su hija seguía con vida, conectada a un ventilador, que respiraba por ella. El cirujano ingresó de nuevo a la sala de operaciones. Al tiempo, la mujer, sin decir palabra alguna, se encerró en uno de los baños de ese piso.

La despertaron

Cuatro meses y 28 días atrás de esa operación quirúrgica, el sábado 7 de agosto de 2017, Julieth Dayanna Pinto Carrillo dormía en su cuarto, junto a su hija de cinco años. Su casa, de un solo piso, está ubicada en la última cuadra del barrio María Paz. Una humilde comunidad de 661 casas, 2.171 habitantes que colonizan los días sobreviviendo, algunos del rebusque.

Ese sábado, Julieth Dayanna llegó del trabajo a su casa pasada las dos de la tarde. Recuerdan que bañó a su hija. Lavó algo de ropa y llevó a su pequeña al parque. Algunas vecinas las vieron regresar jugando y comiendo helado por las peatonales del barrio. Estaban contentas. Esa noche hizo la comida para su papá y hermanos. A las ocho de la noche se fue a la cama a dormir.

- Buenas noches. ¿Está Dayanna?

- Sí, pero está durmiendo.

El papá le respondió a Kelly Jhoana, una amiga que tenía programada una salida a una discoteca de Bucaramanga. Media hora después regresó. Preguntó si la joven había despertado. Ante la negativa, dijo que volvería en un rato. Así lo hizo. Media hora después regresó. Esta vez, le pidió al hombre que la dejara pasar, porque debía decirle algo.

Kelly ingresó hasta el fondo de la casa. El último cuarto, junto a la pequeña cocina, le correspondía a Julieth Dayanna. Se trata de una pieza pequeña, de paredes blancas, opacadas por los años. Su cama es de madera y tiene una colcha de color amarillo con estampados de girasoles rojos y en el centro un punto negro. Siempre hay dos osos de peluche pequeños sobre la cama. Uno negro y otro rosado, Este último sostiene dos corazones, donde se lee “love forever”. Al frente, tres repisas de madera tienen más osos de peluche, muñecas sin ropa, una imagen de la Virgen María y algunos libros y cuadernos. Julieth Dayanna se despertó. Las dos jóvenes hablaron por unos minutos y decidieron salir esa noche a bailar y festejar.

- Papá. ¿Usted me puede cuidar la niña?

- No...

El hombre le respondió a Julieth Dayanna que ya era muy tarde. Que ese fin de semana, con ‘puente’ festivo le daba tiempo de salir a divertirse en otro momento y no dejar a la niña sola. Pero ella, insistió.

- Cuídeme a la niña hasta la 12 de la noche. ¿Sí? Le prometo que estoy aquí a esa hora.

- Bueno... Terminó accediendo el padre, no sin antes hacer una advertencia.

- Sino está a esa hora, le entrego la niña al Bienestar Familiar.

- Bueno papá, dijo sonriendo la joven.

Luego fue al cuarto y con un beso, sin despertarla, se despidió de su hija. Fue hasta la puerta y dijo...

- Chao papá.

De ida al hospital

Ana Carrillo es una nortesantandereana, quien ha sacado adelante a sus hijos con esfuerzo, trabajo duro y amor, tras la separación de su esposo. Vive de realizar oficios varios y reside en un barrio diferente a María Paz. Ese domingo en la mañana su celular estaba descargado. A media mañana lo conectó y fue a la tienda en busca de verduras para el almuerzo. Al llegar revisó su teléfono y descubrió cuatro llamadas perdidas. No reconoció ninguno de los números. Por eso no devolvió las llamadas. Minutos después volvió a sonar. Esta vez era su hijo mayor.

- Mamá. ¿Usted dónde está?

- En la casa...

- Necesito que se venga urgente para el hospital.

- ¿Qué le pasó, mijo?

- No mamá, es Dayanna. Está entre la vida y la muerte.

- ¿Cómo así?

- Mamá, tuvo un accidente. Vengase urgente para el hospital...

- ¿Cuál hospital?

- El Universitario de Santander...

La mujer se derrumbó. Sus vecinas tuvieron que darle agua con azúcar para calmarla un poco. Todas le preguntaban qué había pasado. Ella no tenía respuestas. Solo las palabras de su hijo, quien colgó la llamada. Cuando iba en el taxi, pensó que tal vez se trataba de un accidente de tránsito. Posiblemente en una moto. Su angustia crujía como un hueso cada vez que intentaba entender qué ocurría. Siguió recibiendo llamadas. Ahora sabía algo más. Al bajarse del carro entendía que su hija estaba consciente, en una camilla de la sala de urgencias del Hospital Universitario de Santander y que desde las cuatro de la mañana vomitaba sangre. Desconocía el porqué.

Uno de los vigilantes de la portería le preguntó a quién buscaba, cuando se acercó a la reja. Eran las once y quince minutos de la mañana del domingo 6 de agosto de 2017.

- Buenas, vengo a buscar a mi hija, ella es la que llegó vomitando sangre.

- Usted es la mamá de la muchacha del vómito... En urgencias la están esperando...

$!Morir joven en Bucaramanga: El dolor que dejó un trago de soda cáustica

El vigilante llevó a Ana hasta donde estaba Julieth Dayanna. La joven permanecía sentada sobre una camilla, que ni siquiera tenía colchón. Le habían retirado la ropa y con unas sábanas hospitalarias de color verde le acomodaron una especie de vestido. Estaba sentada sobre el planchón metálico y frío. Al frente una mica de metal, con los recientes rastros de vómito de sangre. De una de sus fosas nasales emergía una sonda transparente, acomodada con esparadrapo para que no se moviera. La sonda llegaba hasta el estómago. Tenía suero. El lado derecho de su rostro, al lado de la boca y su quijada estaban rojas. Pequeñas ampollas emergían. De lejos, parecía como si la hubiesen golpeado brutalmente.

Ana Carrillo la saludó. Las lesiones en la laringe le impedían hablar. Balbuceaba, pero no se entendían las palabras. La madre buscó a un médico. En el pasillo se encontró con Kelly, quien le dijo que creía que Julieth Dayanna había ingerido un licor adulterado. La mujer la trató mal. Descargó su rabia con la amiga, que en ese entonces iba a buscar un pañal para la joven.

- Doctor, ¿mi hija tomó licor adulterado?

- No. ¿Su hija tiene problemas? ¿Ella se ha intentado suicidar?

- No, respondió con extrañeza la mujer.

Le relataron a la mamá que la historia clínica consignaba que pasadas las cinco de la mañana de ese domingo ingresó por urgencias Julieth Dayanna Pinto Carrillo. A las 6:43 fue atendida en el consultorio número 16. El reporte del médico establecía que la joven se encontraba en alto estado de alicoramiento, deshidrata y somnolienta. Kelly relató al médico que la recibió que desde las cuatro de la mañana la joven no paraba de vomitar. Primero jugos gástricos y luego sangre.

Luego de algunos exámenes preliminares se determinó que la joven había ingerido hidróxido de sodio, conocido como Soda Cáustica, compuesto químico utilizado para elaborar jabones o destapar cañerías. El hidróxido de sodio le generó graves lesiones en los órganos internos de Julieth Dayanna. Aunque estaba consciente, seguía expulsando sangre. Eso le comunicaron a Ana Carrillo, quien se preguntaba cómo y en qué condiciones esta mujer ingirió esa sustancia, ya que no se trató de un intento de suicidio.

Cuando le interrogaban a Julieth Dayanna. Ella decía que no recordaba nada.

- Mientras su hija tenga vida, ella no volverá a ingerir alimentos por la boca. Tiene serias lesiones en la tráquea y en los órganos internos. En ese instante, el mundo se le derrumbó a esta mujer.

Luego de la discoteca

Julieth Dayanna Pinto Carrillo salió ese sábado en la noche del barrio María Paz a la llamada “Zona Rosa” de Bucaramanga. En compañía de varios amigos departió por varias horas en una de las discotecas del sector. Cuando cerraron el establecimiento, decidieron ir hasta el barrio Quinta Estrella, junto al Campo Hermoso, lugar donde reside Kelly.

Los jóvenes se ubicaron en la carrera 14W calle 44 del barrio Quinta Estrella. En una zona de parqueaderos. Allí continuaron hablando y consumiendo bebidas embriagantes. Eran las cuatro de la mañana del domingo 8 de agosto. Minutos después llegaría a este grupo Manuel Camacho Aguilar, de 23 años. Julieth Dayanna no lo conocía. Los demás integrantes del grupo, residentes en la zona, afirmarían que solo lo distinguían.

- ¿Qué están tomando? Les gasto la fiesta, que voy ganando con esta botella.

Un investigador del Grupo de Homicidios de la Sijín aseguró que Manuel Camacho le entregó a uno de los jóvenes del grupo la botella destapada, con la intención de que probara un sorbo. Quien le recibió la botella era un joven, con quien una semana atrás, en un establecimiento comercial, se habían enfrentado a golpes. Desconfiado el muchacho recibió la botella, pero al descubrir que no tenía etiqueta reafirmó sus sospechas. Además, le alertó el color blanco del líquido, muy lejano a la apariencia normal de un aguardiente. La devolvió. Justo en ese momento. En ese instante fatídico, en esos segundos del destino. Julieth Dayanna, en alto estado de alicoramiento pasó por entre los hombres. Tomó la botella. Ingirió un trago de su contenido. Así lo relataron testigos a las autoridades, quienes coinciden en afirmar que Manuel Camacho tomó la botella. Vertió su contenido en la calle. La arrojó lejos y se marchó en una motocicleta.

- Esto no es aguardiente, es límpido...

Esto fue lo que exclamó Julieth Dayanna. Luego se puso pálida. Cayó al piso. Una especie de baba blanca emergió de su boca. Dijo que se sentía ahogada. Luego vomitó jugos gástricos y después sangre. Sus amigos la llevaron de urgencia al Hospital Universitario de Santander. Relataron el episodio a los médicos y empezaron a llamar a la familia de la joven.

En la Unidad de Quemados del Hospital Universitario de Santander fue recluida la joven, quien fue sometida a cinco intervenciones quirúrgicas. De acuerdo con el dictamen médico, el químico le produjo daños irreparables en la tráquea, el hígado, estómago, pulmones e intestinos. Lesiones irreversibles. Sumadas a estas patologías se quejaba de continuos dolores, que en algunos casos no se podían controlar ni con morfina.

Desde el incidente, la joven se mantuvo consciente, soportando los tratamientos médicos. En el hospital celebró su cumpleaños número 21, conmemoró el Halloween, el día de las velitas y la víspera de la Navidad con su hija, hermanos y padres. Sin embargo, su salud empezó a deteriorarse hasta el punto que tuvo que ser trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos el 22 de diciembre, a las 11:40 de la noche, luego de una operación para reconstruirle el intestino. Desde entonces permaneció en la UCI entubada y sedada. Doce días después, el dos de enero de 2018, al identificar problemas en los drenajes y con sospechas de tejido muerto en su aparato digestivo, se ordenó una nueva cirugía. A las tres de la tarde llegó al quirófano.

Tres horas después, a minutos de las seis de la tarde, uno de los médicos salió y llamó a Ana Carillo.

- No puedo hacer más. Su tráquea está muy mal. Ha tenido paros cardiorrespiratorios, pero la reanimamos...

El cirujano ingresó de nuevo a la sala de operaciones. Al tiempo, la mujer, sin decir palabra alguna, se encerró en uno de los baños de ese piso. Diría después que se arrodilló y le pidió en silencio a Dios que su hija no sufriera más. Que Julieth Dayanna descansara. Que se la llevara al cielo a vivir feliz.

Minutos después salió del quirófano una médica. Llamó a Ana Carillo.

- Tranquila, yo sé, le dijo la madre.

- ¿Qué sabe?

- Que Julieth Dayana se fue...

- Hicimos todo lo posible para salvarla...

La búsqueda de Manuel

Ana Carrillo interpuso una denuncia contra Manuel Camacho el 18 de agosto de 2017. Buscaba explicaciones sobre qué había ocurrido esa madrugada de domingo. Inicialmente la denuncia fue por lesiones personales. Sin embargo, con la muerte de la joven, se le investigaba por homicidio culposo. Cuando se expidió la orden de captura, Manuel Camacho no estaba en el país.

A través de denuncias en medios de comunicación y por redes sociales, Jasbleidy, hermana de Julieth Dayanna, le hizo el seguimiento. Lo ubicó en Houston, Texas, Estados Unidos. Las autoridades iniciaron los trámites y se expidió una circular de la Interpol. Manuel fue detenido y expulsado del país. Llegó a Bogotá el pasado 27 de mayo. Tan pronto pisó suelo colombiano, fue capturado. En la actualidad está recluido en una celda en la estación de Policía de la Ciudadela Real de Minas, a la espera de seguir el proceso penal por los delitos de homicidio culposo agravado y tentativa de homicidio.

Las respuestas

Esta semana Vanguardia tuvo comunicación con Manuel Camacho, quien asegura lamentar la muerte de Julieth Dayanna.

- ¿Cómo se considera del delito de homicidio culposo?

- “Inocente, totalmente inocente. Solo Dios sabe que soy inocente”.

- ¿Por qué Julieth Dayanna ingiere el químico esa madrugada?

- “Eso fue algo muy rápido. O sea, muy confuso. Unos amigos llegaron con eso (botella). Eso fue en cuestión de segundos. Hasta yo mismo hubiera podido hacer eso. Haberme tomado eso”.

- ¿Usted sabía que esa botella contenía Soda Cáustica y no aguardiente?

- “No, yo no sabía”.

- ¿Cómo llega esa Soda Cáustica a sus manos?

- “Por medio de unos amigos”.

- Pero los investigadores de la Policía y Fiscalía dicen que usted llegó con ese líquido.

- “Sí, porque yo me encontré con unos amigos que llegaron de Cabecera con eso. Con ellos me fui y fue cuando pasaron las cosas”.

- La mamá de Julieth Dayanna quiere verlo de frente. Dice que le tiene la misión de darle un mensaje que le dejó a usted la joven antes de morir.

- “Yo me imagino, porque yo también tengo una hija, que es muy difícil. Es muy terrible. No tengo palabras para expresar eso. Solo que Dios la ayude y le ayude a calmar ese dolor que tiene en su corazón”.

El pasado lunes Ana Carillo visitó la tumba de su hija. Esta mujer dice que la extraña mucho, pero que entiende que su hija descansó, porque en los últimos meses de vida sufrió mucho. Afirma que espera ver muy pronto a Manuel Camacho, para darle el mensaje que prometió llevarle de Julieth Dayanna.

“Manuel, yo lo perdono. Ojalá Dios le dé vida para que pueda ver crecer a su niña...”.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Publicado por
Lea también
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.