martes 04 de junio de 2019 - 12:00 PM

Museo de Historia Natural de la UIS: donde se ‘inmortaliza la vida’

Búhos, esqueletos de murciélagos, piel de serpientes, y otros seres que en algún momento tuvieron vida, hacen parte del Museo de Historia Natural de la UIS. Allí, un grupo de auxiliares ad honorem guía las visitas.

Hace más de 40 años un taxidermista decidió combinar su técnica con el arte. Nelson Moreno disecó la mayoría de las 400 especies que hoy se encuentran en el Museo de Historia Natural de la UIS. Un lugar que reúne las controversiales técnicas de la ciencia y la belleza de muchas especies, y que está abierto al público de 10:00 de la mañana a 12:00 del mediodía y de 2:00 a 4:00 de la tarde.

Se fundó en 1970 y desde entonces ha brindado a los espectadores la posibilidad de ver de cerca un animal silvestre. Además de enseñarles la riqueza natural de los páramos, el Cañón de Chicamocha o la Serranía de los Yariguíes, en Santander.

Luego de tener en sus primeros años más 1.200 espectadores por semana, el museo había pasado a la historia, pero en 2017, el profesor Sergio Marchant, de la Escuela de Biología, decidió hacerse cargo de los animales inmortalizados.

El docente de fisiología animal se enfrentó al hecho de que los espectadores no encontraran nada nuevo y exótico en la colección de más de 400 ejemplares, y más de 160 especies. Sumado al hecho de que no había auxiliares que guiaran las visitas de los amantes de la naturaleza. Su principal objetivo es devolverle al museo su razón de ser: las visitas.

Dentro de los ejemplares hay mamíferos, reptiles, aves, invertebrados, fósiles, insectos y peces. Especies emblemáticas, muchas de ellas endémicas de Santander, que se roban las miradas de niños y adultos.

“La idea es que las personas reconozca cuál es el hábitat de cada animal. Que puedan reconocer qué especies están más vulnerables y las causas por las que están en ese estado. Queremos crear conciencia”, comenta el docente chileno.

Aunque no hay fecha de reapertura, porque el profesor asegura que el museo siempre ha estado funcionando, sí fue necesario hacer una remodelación en 2018. El grupo a cargo del museo decidió sacar los animales de las vitrinas y ponerlos en un espacio parecido a su hábitat. “Se veían muy fríos, estaban resaltados con una luz y cubiertos con un vidrio, eso no era muy atractivo para los visitantes”, comenta.

Como no hay espacio suficiente, dispuso de una fotografía con cada uno de los hábitats y se acercó a lo que busca un taxidermista, que es mostrar al animal como si estuviera en la naturaleza. Como si estuviera vivo.

Ahora, solo hay un diorama: el Páramo de Santurbán, pero el equipo de 12 auxiliares y el profesor Sergio Marchant, esperan mostrar todos los ecosistemas a escala real. Incluir más información de las especies, continuar con el tour interactivo que dan los estudiantes y mantener vivo el legado del taxidermista que una pensó en inmortalizar estas especies para mostrarlas a los bumangueses.

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