lunes 26 de octubre de 2020 - 9:26 AM

#NuestraMemoria: Monumentos que le dan sello a Bucaramanga

Este es el significado de algunos monumentos de la Ciudad Bonita a través de los cuales se cuenta la historia de nuestro departamento.
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Los monumentos muchas veces se convierten en íconos de una ciudad. Bucaramanga tiene muchos que se han convertido en insignias de la historia santandereana.

En el Parque de los Niños, por ejemplo, hay varios de ellos. Está El Clavijero, obra del maestro Guillermo Espinosa, que representa el tiple, instrumento musical que le da son a la música de nuestro departamento.

El Clavijero empezó a crearse en la mente del maestro Espinosa cuando ganó una convocatoria en la que se debía realizar un monumento en homenaje al maestro José A. Morales.

Nunca aprendió a tocar el tiple, pero se inspiró para crear esta obra que se levanta a un costado del gran parque que ocupa cinco cuadras.

“Para el diseño de esta obra me dije: No necesité hacer todo el tiple; además, voy a enterrar en el parque. Los diseñé y cada clavija la hice con picas. Creo que me pasé un poco y terminé al estilo Julio Iglesias (romántico)”, le contó en una ocasión a Vanguardia.

El Galán Comunero...

En este mismo parque se levanta imponente Galán Comunero, obra de Carlos Gómez Castro.

Este monumento debía estar listo para 1940, cuando la ciudad se preparaba para la celebración de los V Juegos Nacionales.

Sin embargo, fue hasta 1944 cuando decidieron que la estatua se ubicaría en el Parque de los Niños, y fue entonces cuando se le encomendó la obra al escultor santandereano Carlos Julio Gómez, Castro. Finalmente se inauguró en 1949.

Pero si bien algunas obras son muestras culturales y de próceres, hay otras que nos recuerdan la violencia que ha azotado a Santander.

Homenaje a comerciantes asesinados...

Una de ellas, también el Parque de los Niños, es homenaje a 19 comerciantes asesinados y descuartizados por paramilitares en Puerto Boyacá, en octubre de 1987.

En ese entonces, los restos de estas personas, que se desempeñaban como comerciantes, fueron lanzados al Río Magdalena por sus asesinos.

Tras un histórico fallo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) condenó en 2006 a Colombia por esta masacre.

Las víctimas fueron asesinadas con la presunta complicidad de miembros de la Segunda División del Ejército.

El 5 de julio de 2004 la Corte ordenó al Estado Colombiano pedir perdón por estos hechos y reabrir las investigaciones.

Entre las órdenes también se obligó al Estado a “erigir un monumento en memoria de estas personas y, mediante una ceremonia pública y en presencia de los familiares de las víctimas, debe poner una placa con los nombres de los 19 comerciantes”.

Fue solo hasta diciembre del 2011 cuando el monumento fue llevado al Parque de los Niños, donde hoy permanece.

El obelisco del Parque Romero...

Pasando a otro punto de la ciudad, sobre el Parque Romero o mejor conocido como Parque de las Flores, frente al Cementerio Central, se levanta imponente el ‘Obelisco a los Sembradores del Bien’.

Es una obra del artista Miguel Vicente Rueda, de estilo romano que fundamenta en un pilar monolítico de base cuadrada y remate piramidal de 5,30 metros de altura y 70 centímetros de ancho.

Se levanta sobre un pedestal conformado por gradas de acceso en piedra labrada y granito, y soporte en mármol ornamentado con festones lobulados.

La lectura de la placa conmemorativa en granito le rinde homenaje al sacerdote Francisco Romero por su evangelización y su apoyo a la economía del café.

Y es que según la historia, el sacerdote logró impulsar el cultivo de café en Bucaramanga y Santander, pues la penitencia para redención de los pecados, era la siembra de estos granos.

Por una mentira piadosa se debía sembrar 10 granos; un mal pensamiento, 50 granos y una infidelidad significaba sembrar el bulto completo.

Como testimonio y agradecimiento, el parque lleva su nombre que, además, está grabado en el obelisco.

Vale decir que este es uno de los pocos obeliscos que existen en Colombia y el primero que se construyó en el país. Fue levantado el 20 de julio de 1910, como celebración del centenario del Grito de Independencia.

Cada uno de sus cuatro lados tiene un significado muy especial. El lado oriental es el tributo que rinde Bucaramanga a los mártires de la independencia; el norte al ilustre presbítero Eloy Valenzuela, amigo y confidente del Libertador; el occidente a los ‘sembradores del bien en Santander’ y el sur al sacerdote Francisco Romero, quien fue pieza fundamental en el desarrollo de Bucaramanga.

Obelisco del Viaducto Provincial...

Finalmente, junto al viaducto Provincial de la carrera novena, se levanta otro obelisco donde antes estaba el Cementerio Universal.

Por eso, junto al obelisco hay una placa en la que se lee el siguiente mensaje: “A la memoria de los hombres libres y de buenas costumbres, cuyos restos mortales han reposado en ese lugar”.

Y es que además de los liberales de principios del siglo XX, masones, adventistas, presbiterianos y testigos de Jehová, el Universal también albergó a suicidas, prostitutas, soldados de la recordada Guerra de los Mil Días, artistas, gitanos, toreros, misioneros e incluso extranjeros.

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