sábado 24 de octubre de 2020 - 10:10 AM

#Paranormal: La noche que los vigilantes le dispararon a un fantasma en el Palacio de Justicia en Bucaramanga

A pesar de que lo vieron varias veces de frente y a través de cámaras de seguridad, nunca supieron de quién se trataba.
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El viernes 25 de noviembre de 2002, una extraña aparición hizo movilizar a cerca de 70 policías y a uniformados de la empresa de vigilancia, a las instalaciones del Palacio de Justicia de Bucaramanga. Se hablaba de la presencia de un hombre al que no lo asustaban ni las balas.

Eran las 9:00 de la noche cuando Raúl, el centinela, quien pertenecía a la empresa de vigilancia, a través de las pantallas de las cámaras de seguridad, notó la presencia de un hombre de pantalón blanco y camisa oscura que se paseaba a sus anchas por el primer piso, a pesar de que según el reporte recibido, dentro del Palacio de Justicia no había ya algún funcionario.

Por el radio, Daniel, otro de los guardas de seguridad le aseguraba a Raúl que no había nadie, pero ese ser extraño seguía apareciendo en las pantallas del circuito cerrado de televisión.

Preocupado quizá porque alguien hubiera burlado la seguridad y pretendiera hacer algo en aquel lugar donde se maneja documentación delicada, Daniel desenfundó su arma de dotación y acompañado por dos policías que para entonces secundaban la vigilancia, procedieron a hacer un barrido por el piso. Raúl se les unió a la búsqueda.

“Llegué al primer piso por los lados de la cafetería. El tipo se saltó una malla que pusieron para separar la nueva construcción. Le dije alto, pero no hizo caso. Lo seguimos, pero no lo encontramos, se había perdido...”, dijo para entonces Daniel.

$!#Paranormal: La noche que los vigilantes le dispararon a un fantasma en el Palacio de Justicia en Bucaramanga

No habían pasado 15 minutos cuando el extraño hombre de pantalón blanco apareció de nuevo, Daniel lo vio a menos de 40 metros, pero esta vez, ya no en el primero, sino en el piso cuatro.

Le gritó que se detuviera pero el ‘intruso’ no acató el llamado por lo que Daniel disparó dos veces. “Pese a los disparos, el hombre siguió caminado normal. Como si no le importara. El agente de Policía estaba en el tercer piso, le grité que el tipo iba para allá, pero no lo vio. Pese a los tiros, a ese tipo no se le daba nada...”.

No era normal, a aquel hombre parecía no asustarlo nada. Vigilantes y Policía encendieron luces pero ni rastros a pesar de que la búsqueda se prolongó por casi una hora. Su imagen tampoco la percibían por las cámaras.

Ante la situación, tanto vigilantes como policías regresaron a sus puestos, hablaron entonces de extrañas apariciones de las que habían sido testigos durante sus horas de vigilia. Pasaron varias horas antes de que en la madrugada, el extraño apareciera de nuevo. Faltaban 20 para la 1:00 a. m. cuando al fondo del piso tres se volvió a dibujar la figura masculina vestida de pantalón blanco y camisa oscura.

“¡Quieto!”, le gritó Daniel quizá ya con el miedo de estar ante la presencia de un fantasma. Disparó de nuevo dos veces pero el intruso no se inmutó.

“Lo seguí, pero se perdió. Nos preocupó que volviera a aparecer. Uno tiene que estar pendiente de la seguridad del Palacio de Justicia. Era el mismo hombre. Tenía la camisa oscura, como gris y el pantalón blanco. Era de piel morena y de contextura gruesa...”.La situación de alarma ante la posibilidad de que alguien hubiera ingresado sin permiso al Palacio de Justicia, hizo que unos 70 policías en patrullas y motos, arribaran al edificio judicial.

Prendieron las luces y se revisaron todos los rincones del edificio. Todas las puertas. Todas las ventanas, el parqueadero y hasta el techo. No se encontró nada.

“Yo nunca había visto tanta Policía, al final se fueron sin encontrar nada...”, explicó Daniel, quien asegura que tres noches después vio a un hombre parado en el tercer piso.

“Era de madrugada. No había nadie. Primero escuché como los tacones de una mujer bajando las escaleras. Subí de una. Yo no le tengo miedo a eso de los espantos, y encontré al tipo. Era de piel blanca, fornido, cuando me acerco, se mete en la pared. Es la verdad, no voy a estar diciendo mentiras, menos en el trabajo de vigilante...”.

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