lunes 15 de junio de 2020 - 12:00 AM

Queda prohibido volver a la ‘normalidad’ de antes: Gonzalo Gallo

Gonzalo Gallo, uno de los más destacados conferencistas y motivadores del país, nos habla hoy sobre la importancia de sobreponernos a a la pandemia y nos da consejos sobre cómo salir adelante, a pesar de la adversidad.
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El reconocido motivador Gonzalo Gallo dice que no quiere que volvamos a la ‘normalidad’ que teníamos antes del COVID-19 porque, según él, “terminaríamos sepultándonos en vida”.

Confiesa que le aterra pensar “en la idea de regresar a las agendas de la calle, calle, calle; trabajo, trabajo, trabajo; y rumba, rumba, rumba. ¡Qué pereza!”.

Si bien tiene claro que la parálisis de la economía puede matar a más gente que la misma pandemia y él mismo cree firmemente en que debemos apoyar y reactivar las empresas, es enfático en aconsejarnos lo siguiente: “No podemos olvidar que durante esta cuarentena hemos compartido más con nuestros seres queridos, nutrimos relaciones bonitas, nos acercamos más a Dios y nos dedicamos más tiempo a nosotros mismos”.

Y para ‘estar a tono’ con la reactivación gradual de la misma economía, Gonzalo Gallo nos recuerda que “el banco de la vida, con trabajo o sin él, nos consigna cada día un bono de 1.440 minutos; 86 mil 400 segundos para ser más exactos”.

“Contamos con ese ‘cheque de 24 horas por cobrar’ y, por ende, debemos pensar más en las cosas que podemos hacer y en los nuevos proyectos que podremos emprender”.

“La clave, al levantarnos de la cama, no es pensar que estamos encerrados sino a salvo”.

Señala que la incertidumbre que ha despertado la pandemia en Colombia no puede imponernos el desánimo ni el negativismo: “Hay que mantener viva la esperanza, entre otras cosas, porque no hay de otra”.

Considera que este tiempo de pandemia nos obligó a cambiar para bien y que no debemos tener miedo por lo que vendrá: “Nunca los temores nos podrán aplastar si aprendemos a desplegar una gran confianza en Dios, si confiamos en cada una de nuestras capacidades y si recurrimos a nuestras reservas de resiliencia”.

“Crecemos con permanentes actos de fe y repitiendo sin cesar: ‘Sí podemos’, ‘somos fuertes’ y ‘tenemos la suficiente entereza para rehacernos’. Usted y yo debemos creer, sin un atisbo de duda, que los riesgos nos abren nuevas posibilidades y nos llaman a dar lo mejor”, argumenta.

“Lo que llamamos hoy como una época ‘mala’ es realmente una sabia lección. Así las cosas, los aprendizajes que hemos tenido, incluyendo los días de cuarentena, nos han permitido estar más a solas con nosotros mismos y conocernos mejor. Es cierto que no podemos ir al exterior, por los toques de queda y los aislamientos obligatorios, pero sí podemos emprender viajes a nuestra interioridad”, explica.

Considera que “la pandemia nos deja ver de qué pasta estamos hechos y lo mejor es que estamos aprendiendo a fluir sin batallas, con la fe intacta y con la mirada puesta en mejores horizontes”.

“Yo soy un convencido de que atraemos lo que pensamos y deseamos, pues son nuestros pensamientos dominantes los que crean nuestra realidad”, agrega.

Para él, “es un craso error creer que la felicidad es una vida sin problemas. Ella es más bien una existencia en la que la fe y el amor convierten cada adversidad en una oportunidad”.

“Con un marcado optimismo aprenderemos a sacar bienes de los males y veremos el Sol detrás de las nubes”.

“Todos podemos confiar más en Dios, pues con esa Venia Celestial venceremos cualquier desaliento. Por favor, no nos quedemos refunfuñando por esto del virus; es mejor fortalecer cada día nuestro espíritu; debemos meditar y relajarnos. También podemos orar, no repitiendo frases como ‘loras borrachas’, sino elevando plegarias con fe. Yo leo mi propio rosario, enriqueciéndolo con frases mías y planteando una sana conversación con Dios”.

Èl explica que “la felicidad es la paz interior que brota cuando se hace todo ‘con amor’ y ‘por amor’. Para conquistar la felicidad, cada uno de nosotros debe fomentar no precisamente nuestra autoestima, sino nuestro amor en nosotros mismos, repitiéndonos una y otra vez que sí podemos superar todos los retos que nos vaya planteando la vida”.

Explica que en esta época de incertidumbre por el COVID-19, la gente de manera efectiva se ha acercado más a Dios. ¿Por qué en épocas duras es cuando más acudimos al Creador?

“De manera desafortunada aprendemos con dolor lo que no se aprendió con amor. Por eso, situaciones difíciles como las que vivimos con esta pandemia, las rupturas afectivas o las mismas quiebras económicas nos hacen ver que a Dios los tenemos muy abandonado”.

En nuestra charla, Gonzalo Gallo también les envía una sana reflexión a aquellas parejas o matrimonios que, por distintas razones, han tenido serios inconvenientes en este tiempo de cuarentena.

“Hay que entender que las relaciones, antes de la pandemia, se vivían en función del trabajo. Obviamente con el confinamiento resurgieron los odios guardados o las rabias atoradas. Si las parejas se aman, no pueden dejar que muera la relación. Se necesita humildad para autoexaminarse y corregir cada falta cometida”.

“Uno de los grandes vacíos es que no nos han enseñado a amar. Hay muchos divorcios porque hay relaciones muertas; pero la gente sigue conviviendo a juro. Si no hay amor de verdad, es mejor terminar. Tal vez hace rato ‘esposas’ y ‘esposos’ estaban separados y no lo querían admitir”.

Sobre el tema de la educación virtual en la que anda inmersa la comunidad académica, por culpa del virus, Gonzalo dice que “se debería aprovechar esta época para hacerles una cirugía radical a las clases. La educación está centrada en números o estadísticas; el pénsum es rígido y muchos docentes no dejan que sus alumnos sean creativos. Ojo: el tema no es si la clase es ‘on line’ o no; lo realmente importante es que debemos educar de verdad a nuestros niños”.

¿Cómo recordará Gonzalo Gallo esta época de pandemia, cuando toda la pesadilla haya pasado?

“Para mí será una época en la que podré decir que aprendí grandes lecciones; que ‘desaprendí’, pues me quité de la mente ideas tontas que me ataban; y que recuperé lo bueno que, por el trabajo y otras distracciones, había dejado en el olvido”.

“En síntesis, los quiero invitar a descubrir la fuerza de la vida que en ustedes palpita y a explotar todo su potencial y su energía divina. Dejen que esa fuerza se convierta en actividad creadora, en cambio y en evolución constante”.

“Atrévanse a soñar, a imaginar lo insólito y a explorar una nueva realidad. No es hacer como que nada ha pasado, es liberar la imaginación, pero con los pies puestos en la tierra”.

Y recalca: “No se afilien a esos del club de los rutinarios que, desde mucho antes de la pandemia, venían haciendo lo mismo y repetían sus aburridas agendas. Mejor dicho: queda prohibido volver a la ‘normalidad’ de antes”.

PERFIL
Gonzalo Gallo tiene 71 años. Es natural de Medellín, pero él ha pasado gran parte de su vida en Cali.
Es licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de San Buenaventura. Además, realizó estudios de Teología y Biblia, en Haifa, Israel; y en Roma, Italia.
Durante mucho tiempo fue sacerdote, pero hace algunos años se retiró, para dedicarse de lleno a sus escritos, disertaciones y causas sociales.
Es políglota. Habla el idioma de los austríacos, el de los ingleses, el de los italianos y el de los franceses. Obvio, en el que mejor se desenvuelve es en nuestra lengua y lo hace tan bien que su voz llega no sólo a los más recónditos lugares de este país, sino a los de muchas naciones del mundo. Es un gran conferencista, pero lo mejor es que el dinero de sus charlas los destina a infinidad de obras sociales. Es el autor de libros, tales como: Oasis, Cuatro Amores, El Arte de Fracasar, Tu Espíritu en Frecuencia Modulada, El Milagro Está en Nuestras Manos, La Magia del Perdón, El Sentido de la Vida, Crecer en Tiempo de Crisis y El Sendero del Espíritu.
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