domingo 19 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Robo de tapas y medidores nos cuesta más de $5 mil millones

Además del elevado costo que implica reponer estas tapas y medidores, son muchos los accidentes que les genera a los transeúntes esta problemática. Los peatones tropiezan y caen en los huecos que quedan tras los robos de las rejillas.
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Cada día que pasa aumentan más los robos de las tapas de alcantarillas, así como los hurtos de medidores del agua y contadores del gas natural.

Tanto la Empresa de Alcantarillado de Santander, Empas, como la misma Compañía del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, amb, y las entidades que abastecen del citado combustible han invertido, en lo que va del año, más de cinco mil millones de pesos en la reposición de estos elementos.

Nada más el Acueducto, según lo expresó su gerente, Hernán Clavijo Granados, ha tenido que reponer mil 50 medidores en lo que va del presente año.

El tema es delicado si se tiene en cuenta que cada medidor cuesta $213 mil: “Lo peor es que el daño no se le hace solo a la entidad y a la ciudad, sino también a los usuarios, quienes finalmente son los que terminan asumiendo los costos de estos robos”.

Robo de tapas y medidores nos cuesta más de $5 mil millones

Además, recordó que el hurto de tapas de alcantarillado, rejillas y demás elementos representa un gran peligro para la integridad física de los transeúntes, especialmente para los menores de edad, así como para los vehículos de transporte, pues su ausencia provoca accidentes de todo tipo.

De igual manera, este delito ocasiona afectaciones en el servicio, pues facilita el taponamiento de las redes de alcantarillado, permitiendo la entrada de sedimentos, residuos sólidos y escombros, entre otros objetos.

Uno de los barrios más afectado con los robos es el San Francisco, adscrito a la Comuna Tres de Bucaramanga. Allí, según el más reciente censo, los amigos de lo ajeno han hurtado 74 tapas robadas, 12 medidores del agua y 15 contadores de gas.

De acuerdo con la Policía Metropolitana de Bucaramanga, se han identificado distintos grupos de hampones dedicados a ese delito. Uno de ellos está conformado por los “mayoristas”, bandas bien organizadas que roban para venderlas a empresas de otras ciudades. Algunos las compran conociendo su procedencia, para ampliar su margen de ganancia.

Otros son los que las emplean para aprovechar los componentes de las tapas, cuando se hacen con materiales reciclables. Hay receptores de la mercancía que los descomponen y venden los minerales, sobre todo el hierro.

Por último están los habitantes de la calle, a quienes se les sindica de llevárselas para ofrecerlas al mejor postor y conseguir con esos recaudos dinero para la compra de sustancias alucinógenas.

Lo cierto del caso es que las tapas son vendidas en centros clandestinos por las que les pagan cifras irrisorias, comparadas con el valor de cada una de ellas.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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