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Bucaramanga
Lunes 26 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Se cumplen 84 años de la primera gran tragedia aérea en Santander

En el lugar de la tragedia se levantó un homenaje al exgobernador de Norte de Santander Benito Hernández Bustos quien murió en el accidente

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Esta es la placa que le rinde un homenaje póstumo al exgobernador de Santander, Benito Hernández Bustos, quien falleciera el 27 de febrero de 1940. (Foto suministrada/ VANGUARDIA)
Esta es la placa que le rinde un homenaje póstumo al exgobernador de Santander, Benito Hernández Bustos, quien falleciera el 27 de febrero de 1940. (Foto suministrada/ VANGUARDIA)

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Esta es la placa que le rinde un homenaje póstumo al exgobernador de Santander, Benito Hernández Bustos, quien falleciera el 27 de febrero de 1940. (Foto suministrada/ VANGUARDIA)

El martes 27 de febrero de 1940, hace ya 84 años, el avión de Scadta 404, proveniente de Bogotá y que estaba al mando del capitán Alberto Fernández Aristizábal, equivocó la ruta y en lugar de sobrevolar Girón lo hizo sobre Floridablanca, lo cual lo llevó a estrellarse en las estribaciones de la cordillera en el sitio El Mortiño.

En esa tragedia aérea Benito Hernández Bustos, exministro de Estado, jurista y quien ostentaba el cargo de gobernador de Norte de Santander en 1933, falleció. Junto a él murieron otras once personas, entre ellas Eugenio Penagos, de Hermanos Penagos.

Estas muertes causaron dolor en todo Santander. “El corazón del exgobernador dejó de palpitar súbitamente en un terrible golpe contra la tierra de su gran Santander, motivo de sus más hondas preocupaciones y de sus más plausibles intervenciones públicas”, escribió un texto periodístico de la época.

En el lugar de la tragedia, en ese entonces, se levantó un monumento que hoy todos vemos al borde de la carretera que de Bucaramanga conduce a Pamplona, en el kilómetro 16.

La temprana desaparición de tan ilustre personaje movió los corazones de sus paisanos, particularmente los residentes en la capital de Santander, quienes habían constituido desde tiempo atrás, la colonia nortesantandereana.

A comienzos de 1942, conformaron una junta, la que denominaron ‘Pro Monumento’, con el fin recaudar los fondos requeridos para construir un monumento a la memoria de Hernández Bustos. La misma estuvo presidida por Ramiro Blanco Suárez, quien manifestó que la obra expresaba la admiración y el afecto de un pueblo “para quien fuera una de sus glorias y símbolo de las más estrechas vinculaciones entre los dos departamentos hermanos”.

El acto inaugural fue patrocinado por la Gobernación de Santander, encabezado por Alejandro Galvis Galvis, fundador de Vanguardia. Asistieron las autoridades civiles y militares de Santander y una comisión de Norte de Santander, compuesta por el gobernador de la época, Carlos Ardila Ordóñez; una comisión del Concejo de Cúcuta, integrada por los concejales José Manuel Villalobos, Carlos Julio Peña y Luis Felipe Dávila y el secretario de la Corporación; también estuvo el personero de Cúcuta, Enrique Arámbula Durán.

Luis Alejandro Bustos, familiar del exgobernador fallecido, dio las gracias a nombre de los parientes y el hijo menor del homenajeado, Germán Hernández Duplat, depositó una ofrenda floral. La Banda del Departamento ejecutó el Himno Nacional y al término del acto una compañía del Batallón Ricaurte hizo tres descargas.

Algo de la vida de Benito Hernández Bustos

Hernández Bustos había nacido en la provincia de Pamplona en mayo de 1896. Nunca fue claro afirmar que haya sido en la ciudad de Pamplona, aunque alguno de sus biógrafos señaló que fue en Mutiscua, aún así, para la época esa población pertenecía al municipio de la ciudad Mitrada.

Luego de haber recibido la educación en la Escuela de las Hermanas de la Caridad pasó al Colegio Provincial de San José, regentado por los Hermanos Cristianos y obtuvo su cartón de bachiller con sobresalientes calificaciones en 1913.

Viajó entonces a la capital del país donde se matriculó en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional. En 1918, después de haber conquistado las más altas calificaciones y los más honrosos conceptos de sus profesores le fue otorgado el título de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas.

Después se consagró por entero al servicio de su departamento y al año siguiente fue elegido Diputado en representación del partido liberal. En 1930, con el advenimiento del partido liberal a la dirección de los destinos públicos, Benito Hernández figuró en el cuadro principal de sus conductores, única y exclusivamente por sus dotes morales e intelectuales que en él abundaban.

En 1933, fue nombrado Secretario General de la gobernación del Norte de Santander por el titular de la gobernación, Luis Augusto Cuervo, quien tuvo que separarse de su cargo designándole como su reemplazo, convirtiéndose así en el primer gobernador liberal durante la presidencia del “mono” Olaya Herrera, cargo que ejerció por espacio de casi un año.

Al asumir su primer mandato el presidente López Pumarejo, puso sus ojos en el joven Hernández Bustos y a comienzos de 1935 lo nombró Ministro de Industrias y Trabajo. Conocedor el presidente de sus dotes de liderazgo y de su capacidad de conciliador, en agosto del mismo año lo trasladó al ministerio de Guerra, cargo que ejerció hasta pocos días antes de finalizar el mandato presidencial, siendo nombrado embajador en Francia, en los días previos al inicio de la segunda guerra mundial, la que no tuvo oportunidad de sufrir puesto que regresó a su país en 1939 para dedicarse definitivamente a sus actividades privadas luego de haber servido a los grandes intereses patrios con diáfana pulcritud y encendido entusiasmo.

Era el 17 de Marzo de 1988. El ingeniero del vuelo 410 de Avianca sOlo pudo decir “revisen esa neblina” y luego se oyó una risa nerviosa, justo cuando el avión se estaba acercando al cerro de El Espartillo, cerca de El Zulia, Norte de Santander.

Luego se oyó que el piloto dijo: “en todo caso vayan girando hacia la derecha” y finalmente el sonido se quebró por el impacto. La cinta de grabación de la ‘caja negra’ se silenció.

Era un jueves y apenas empezaba la tarde del 17 de Marzo de 1988. Murieron 143 personas. El avión HK-1716 bautizado Antonio Villavicencio, que agonizó incrustado en una de las laderas del cerro, llevaba ya un largo recorrido.

Ese día salió temprano de Pereira hacia Bogotá y luego llegó a Bucaramanga donde recogió más pasajeros con destino a Cúcuta.

Pero ahí no terminaría su travesía. Con otros pasajeros que abordaron en el aeropuerto Camilo Daza, el avión salió rumbo a Cartagena y finalizaría en Barranquilla. Nunca llegó.

Fue precisamente a la salida del aeropuerto en Cúcuta, “considerado por los pilotos como una ‘estrella negra’ por lo peligrosas que resultaban las operaciones, que sucedió la tragedia”, según recuerda Ricardo Moreno.

Más tarde, con las grabaciones que se recuperaron de la ‘caja negra’, sólo se dijo que las causas del accidente fueron fallas humanas.

El drama enlutó al país entero. En la lista de los que murieron estaba el obispo de Tibú, monseñor Horacio Olave Velandia, el ex jugador argentino del Atlético Bucaramanga Roberto Frascuelli y 34 deportistas miembros de delegaciones de Ecopetrol que se dirigían a Cartagena para la final de un campeonato interno.

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Publicado por Euclides Kilô Ardila

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