viernes 03 de enero de 2020 - 12:00 AM

Sí derrumbaron la icónica casa de los García Cadena

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Finalmente la mítica casa que perteneciera a la familia García Cadena, tal y como lo habíamos advertido en una reciente edición, fue demolida.

La edificación se había levantado entre los años 1946 y 1947 en el barrio Sotomayor, de manera más exacta en la calle 49 con carrera 28, esquina suroccidental.

Según el arquitecto e historiador Gilberto Camargo Amorocho, a esta edificación la denominaban ‘La Casa de Chocolate’, por su color marrón oscuro y brillante.

Para Camargo Amorocho, el derrumbe de este predio, considerado como un ‘atentado a la memoria urbanística de la ciudad, se produjo por particulares el pasado 30 de diciembre.

El historiador señaló que “pese a las denuncias hechas y protocolizadas ante la opinión pública, no fue posible salvar este predio. Es una lástima que esa casa, como otras que han sido derribadas durante los últimos años, era parte de la historia de muchas generaciones”.

En este lugar, que retrataba parte de la memoria urbana de la capital santandereana, vivieron inicialmente Carlos García Cadena y Elvira Reyes Serrano, junto a sus seis hijos: Carlos, Marta, Álvaro, Ricardo, María Eugenia y, por supuesto, el exgobernador Benjamín García Cadena.

Las paredes eran de tapia pisada; su fachada, de ladrillo y mampostería; el techo, de teja de barro; y el piso era de baldosa verde oscura, decorada con motivos florales rojos.

Inquietud

¿Cómo podemos los ciudadanos actuar frente a este tipo de desplomes de la memoria urbana en Bucaramanga?

El cuestionamiento, planteado por el arquitecto, es un llamado a las autoridades locales.

Según él, “es necesario crear conciencia respecto a la conservación del patrimonio histórico, cultural y urbanístico de la capital santandereana”.

El cuidado de esos predios icónicos, a su juicio, se debería hacer desde dos frentes:

1. Desde la administración local, exigiéndoles a los funcionarios el cumplimiento del marco legal que soporta la protección y la conservación de la memoria urbana del municipio.

2. Desde el terreno de la educación formal, uno de cuyos objetivos es la sensibilización hacia el patrimonio.

“El objetivo debe ser conseguir que se valore la importancia que tiene el ayer para el conocimiento de la historia. Obvio hay que valorar la herencia cultural, además de cuidar y legar a escala local, nacional e internacional, la riqueza compartida que debemos conocer y preservar”, señaló.

“En este sentido debería crearse el Plan Nacional de Educación del Patrimonio, pues así se podría tener una estrategia de sensibilización frente al tema, que podríamos sintetizar así: conocer para valorar, valorar para respetar, y respetar para conservar y transmitir; lo que sin duda contribuirá a reforzar el sentimiento de identidad y de pertenencia por lo recibido y por lo que entregaremos a las nuevas generaciones”.

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