jueves 18 de julio de 2019 - 12:00 AM

Todo en la vida tiene su propio equilibrio

No hay que desearle el mal a nadie, ni forzar un desenlace precipitado en contra de quienes nos hacen daño. Al final todo cae por su propio peso.

Por más rabia que nos produzca algo, por más injusto que nos parezca e incluso por más cínico que sea alguien, no debemos forzar nada ni mucho intentar hacer justicia por nuestras propias manos.

Solemos preocupamos demasiado por las malas intenciones de los otros.

Si bien los obstáculos que algunos nos interponen en el camino solo buscan que no logremos nuestras metas en el transcurso de nuestra vida, al final ellos no consiguen sus feos propósitos.

Es obvio que con tanta gente a nuestra alrededor levantándonos chismes nos den ganas de salir corriendo y dejar todo atrás.

Sin embargo, cuando hemos hecho las cosas correctamente, más temprano que tarde, las evidencias abogarán a nuestro favor y con el respaldo del Señor todo volverá a su curso normal.

¡No hay por qué preocuparse, al menos no más de la cuenta!

Sobre el camino se arreglen las cargas.

Sin mover ni un solo dedo, Dios hará todo lo necesario para que, pase lo que pase, se cumplan con justicia todas las situaciones.

Mi padre solía decirme: “No se apure, ya se detendrá; no lo derribe que él mismo se delatará porque las cosas siempre se caen por su propio peso”.

¡Y así es!

El mal proceder se viene abajo de manera espontánea sin necesidad de aplicarle ninguna fuerza externa.

Cada acontecimiento que sucede se da, de manera literal, porque tiene que pasar. Nadie escapa a la justicia divina ni a la ley de la causa y efecto.

El que ha intentado tapar con engaños su traición tendrá que ver cómo su castillo de mentiras se desmorona.

Siempre habrá un momento en el que la verdad aparecerá, dejando todo en evidencia y llevando el nivel de la balanza a cero.

El castigo por lo mal que se hace llega, sobre todo cuando está elaborado de una manera premeditada o se ha planificando con el único afán de lastimar.

No suelo asombrarme por mayores cosas en particular, no porque haya perdido la capacidad de asombro sino porque he aprendido a defenderme sin utilizar la venganza como estrategia.

Y eso es, en esencia, lo que quisiera transmitir hoy con estas líneas: aprender a perdonar sin guardar rencor y, sobre todo, dejar las cosas en las Manos de Dios.

Así muchos se burlen de nosotros y quieran lastimarnos, el mundo de por sí tiene su propio equilibrio; solo hacen falta gotas de paciencia y el tiempo suficiente para que la ecuación de la vida funcione.

Lo mejor que podemos hacer es ignorar insultos, no prestarles atención a indirectas de cualquier tipo, no acelerar el nombramiento a un cargo en la empresa, no insistir en obligar a nadie a nada, en fin...

También es preciso dejarnos llevar por la vida misma y no intentar aparentar lo que no somos. Todo lo que se oculta termina aflorando, toda falsedad en algún momento es aclarada, todo lo que se disfraza se delata, toda mentira es descubierta, así como todo lo bueno trae su respectiva recompensa.

Así no lo veamos inicialmente, lo que hagamos ahora se verá reflejado mas adelante en el futuro y no tenemos por qué conducir nada a un destino forzado.

Las angustias que nuestros detractores nos hagan padecer hoy, más tarde serán aliviadas.

Algún día llegará nuestro tiempo; y lo veremos en el momento preciso y en la debida proporción.

De ahora en adelante, deje que suceda lo mejor para usted y para ello solo debe permitir que las horas hagan su trabajo y que sea lo que tenga que ser. No tome nada como personal, no se sienta atacado por personas que no valen la pena. Deje todo con el normal vaivén del viento.

Pídale a Dios sabiduría para tomar las decisiones correctas, pero sin acelerar ningún proceso y dejando que la vida fluya.

Eso sí, cultive sus pensamientos con todo aquello que ayude a multiplicar la esperanza, la fe y la confianza en usted mismo.

Perdone a los demás, deje que las heridas sanen y suéltese de todas esas cosas que lo atan al rencor y a la rabia.

Conéctese con su esencia, con su espiritualidad y con lo mejor de usted; y verá que todo fluye.

Lo mejor de todo es que cuando suelta y deja ir es cuando más se recibe.

¡Dios lo bendiga!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son los temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio:

“Atravieso por una dura crisis económica, que ya completa varios meses. Ella me han multiplicado la ansiedad, el desaliento y la tristeza. Ya ni duermo. Los proyectos no me han salido y con cada fracaso alimento más mi negatividad. ¿Por qué me pasa eso a mí? No veo salida alguna y eso me tiene desesperado. Soy un hombre de Dios, pero no recupero mi fe. ¿Qué debo hacer?”.

Respuesta:

No puede permitir que en medio de esa crisis económica continúe cultivando ese ambiente negativo, ni mucho menos puede reproducir en su mente el miedo. Es obvio que la incertidumbre acerca de su futuro no lo deje dormir en paz, pero tiene que recomponerse.

Déjeme decirle que por más sombría que parezcan las circunstancias en las que se encuentra, siempre hay salidas viables. Después de la tormenta viene la calma.

¿Qué le quiero decir con eso?

Que debe partir de la premisa de que hay oportunidades y que debe estar dispuesto a aprovecharlas.

Desde esta columna, me parece acertado advertirle que la famosa crisis de la que tanto habla desaparecerá, siempre y cuando usted tenga la voluntad de recuperarse.

Cuando se pasa por una nube gris como la que usted y muchos atraviesan, es preciso reinventarse y estudiar opciones a seguir. ¡Aquí no tiene cabida el desespero!

Todo es posible si cree en usted. Y esto se relaciona mucho con la manera de pensar y con la actitud que adopte para enfrentar la adversidad.

Es decir, la condición indispensable para su recuperación debe estar cimentada tanto en su mente como en su corazón.

Erradique los pensamientos abrumadores.

Si es propositivo, si alimenta sus esperanzas y si se tiene fe todo esto contribuirá a su armonía mental y por ende a su bienestar.

Cultive pensamientos de recuperación, refortalezca sus proyectos y evalúe en qué ha fallado. Además, póngase manos a la obra porque del cielo nada le lloverá.

Es indispensable que emprenda procesos de reingeniería cotidiana que le restablezcan la confianza de saber que podrá ahuyentar las actuales dificultades y responder positivamente a esta crisis.

¡Recurra a la plegaria! La cercanía a Dios, alternada con acciones concretas en pro de su recuperación, es sanadora y lo liberará de la ansiedad, de la tristeza y del desaliento. Hágame caso y verá que empezará a ver las cosas con un tono más alentador.

REFLEXIONES CORTAS

¡Recuérdelo! Su mejor edad es la que tiene en la actualidad, ni un año más ni un año menos. El momento que debe disfrutar es el de hoy. Lo digo porque vivimos pensando en el pasado o en las expectativas del futuro y, en últimas, olvidamos el aquí y el ahora.

La lluvia estuvo relacionada con la abundancia y las antiguas culturas le otorgaban un lugar especial en sus ritos. Una lluvia generosa y equilibrada es sinónimo de prosperidad.

¡Hágase su Voluntad! Solicítele a Dios que lo que sea correcto para todos los involucrados se manifieste en el debido momento. Llénese de valor para dejar ir lo que le corresponda partir.

Alimento para el alma: Así como nuestro cuerpo necesita alimento para estar sano, nuestra alma necesita nutrientes. Estas vitaminas se consiguen en nuestros pensamientos positivos; también la oración contribuye en este propósito.

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