domingo 09 de mayo de 2021 - 10:05 AM

Un abuso llamado trabajo doméstico en Bucaramanga

No son pocos los casos en Bucaramanga de discriminación. Horarios extendidos, pero sin pago de horas extras. Reciben sueldos por debajo del mínimo legal vigente. No son afiliadas a una seguridad social. En otros casos son humilladas. Son las personas del servicio doméstico, quienes tienen una historia, o mejor, tienen derechos, más allá de hacer aseo, cocinar, lavar o planchar.
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Socialmente seguimos, en la mayoría de los casos, registrando el trabajo doméstico como inferior. Destinado a personas de baja escolaridad. Su labor es estigmatizada en una sociedad machista, donde no son la excepción los pagos injustos, los maltratos y la discriminación. En medio de la pandemia por la COVID-19 este panorama se agudizó.

Ante el ordenamiento jurídico quienes se dedican al servicio doméstico tienen los mismos derechos que cualquier otro trabajador. La cartilla de servicio doméstico del Ministerio de Protección Social explica que una persona que haga labores de aseo, cocina, lavado, planchado y cuidado de los niños, se reconoce como trabajador siempre y cuando no labore en una empresa, establecimiento comercial, ONG, o cualquier entidad con o sin ánimo de lucro. Al contratar una empleada del servicio doméstico es obligatorio suscribir un contrato de trabajo, verbal o escrito. Por tal motivo tiene los mismos derechos y responsabilidades que cualquier otro empleado.

María Elena Antolínez es la representante de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Santander. Ellas suman varias décadas generando conciencia en los empleadores de la dignidad que tienen las personas dedicadas al servicio doméstico. Además, las asesoran legalmente ante los atropellos. Esta es la memoria de una charla con ella.

¿Qué tanto se reconoce la labor que realizan las trabajadoras domésticas?

Este es uno de los trabajados más discriminados e invisibilizados que existen por parte del gobierno y la sociedad. Por eso pedimos una rigurosa vigilancia y control a las condiciones de las trabajadoras domésticas. ¿Por qué vigilancia? Porque ellas laboran en un lugar cerrado. Ellas no pueden tan fácilmente denunciar la violencia que sufren diariamente. Ellas padecen de todo tipo de discriminación.

¿Muchos no entienden que este es un trabajo como cualquier otro?

Este es uno de los trabajos más discriminados que existen. Mediante el convenio número 189 la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en el 2011, se reconoció la condición de trabajador a las empleadas domésticas y se les empoderó para que gozaran de los mismos derechos de cualquier trabajador en el país.

¿Una década después, es una realidad esta afirmación?

Creo que no se le ha dado la importancia y el valor al pronunciamiento de la OIT. La Corte Constitucional en el 2016 dijo que este colectivo es de especial protección por el Estado, y tampoco pasó nada. Tampoco se respeta. Hoy más que nunca, en medio de la pandemia, hemos sido muy afectadas. Muchas tuvimos que irnos a nuestra casa a cuidar a nuestros hijos, dejamos de trabajar y de recibir apoyo económico.

¿Las despidieron en pandemia?

Sí. A las trabajadoras domésticas mayores las sacaron, y no las han vuelto a llamar a sus antiguos trabajos. Muchas familias pensaron que la trabajadora doméstica les traería el virus y los infectaría. A otras les dijeron que por ser mayores de edad, tienen riesgo con la COVID-19 y era mejor que no volvieran. ¿Qué hicieron? Tratar de sobrevivir en sus casas sin una remuneración económica, sin una seguridad social, sin una pensión y buscando cómo poder pagar su alimentación y el arriendo, porque la mayoría vive en arriendo. La pandemia agudizó los problemas del trabajo doméstico, en el sentido de la precarización y la discriminación.

¿Qué pasó con las internas?

Trabajan en pandemia con una alta carga laboral y poco descanso. Se imagina lo que es tener a una familia numerosa todo el día en la casa. Se imagina cuánta carga laboral demanda eso. Además, discriminadas. Ella es la que duerme en el último cuarto, con todos los trastes. Muchas carecen de un espacio adecuado y privado para dormir. Cuentan con horarios de trabajo muy fuertes. Se levantan muy temprano y se acuestan muy tarde. Tampoco las dejan salir o les dan permisos. ¿Por qué? Piensan que en esta pandemia, si salen, les traerán el virus. Muchas han tenido, por esta circunstancia, que dejar sus hijos con otras personas al cuidado y no los pueden ver.

$!Un abuso llamado trabajo doméstico en Bucaramanga

¿Cuénteme un caso que le haya impresionado en Bucaramanga?

Hay muchos. Conocimos el caso de una señora de 66 años, que llevaba cinco años trabajando en una casa de ocho personas. Cuando empezó la pandemia le dijeron: ‘o se interna o pierde el empleo’. Ella es una adulta mayor. Tenía a su cargo un nieto de 11 años y una hija en situación de discapacidad. ¿Qué hizo esa señora? Internarse para pagar el arriendo donde vive a su familia. Si les decía que no, cómo conseguía lo del arriendo para vivir. Ella se encargaba de todo. Había una persona que planchaba solamente, pero la despidieron. Así que tuvo que asumir toda la carga laboral. Lo más triste es que no le pagaban seguridad social, ni pensión, menos el salario mínimo.

¿Hay historias de personas despedidas en pandemia?

Conocimos una señora de 54 años, que está muy enferma. En el trabajo doméstico las personas terminan con muchas enfermedades, que aparecen tiempo después. A esta señora le empezaron a doler las rodillas, pero en medio de la pandemia, esa fue la excusa que aprovecharon para despedirla. Trabajaba con dos familias. De ambas la echaron y no le pagaron la liquidación. La despidieron diciéndole que cuando estuviera mejor la recibían y esta es la hora que no la volvieron a llamar. Ella tiene a cargo una nieta y dos hijos. Le tocó empezar a vender empanadas y recorrer las plazas de mercado, buscando quien le pueda regalar para comer.

¿Han conocido casos donde los empleadores en Bucaramanga atenten contra la dignidad de las trabajadoras domésticas?

Varios. Por ejemplo, en varios casos los empleadores se aprovechan de la poca escolaridad de las trabajadoras domésticas. Como ellas no conocen sus derechos, se aprovechan. Hemos tenido casos donde les dijeron: ‘eso de las ocho horas de trabajo, es solo para las empresas, usted acá tiene que trabajar 12 o más’. En otras ocasiones no las llaman por el nombre, sino que les ponen apodos. ‘Negra’ o ‘fea’. Son diferentes formas de atentar contra su dignidad. A otras ni siquiera las dejan ingresar por la puerta principal de los edificios en los conjuntos residenciales.

Eso es increíble.

Sí. Les decían: “usted entra por el garaje”. Conocimos el caso de una señora que en Bucaramanga la obligaban a bañarse en una piscina, en la zona social, para poder ingresar al apartamento. A ella le dijeron que con el agua de la piscina se echara agua y luego se cambiara para poder ir a trabajar. Debo decir que también tenemos casos de empleadores responsables y legales, pero una mayoría lamentablemente son discriminadas.

¿Qué pasó con ella?

Ella terminó con un problema sicológico. Cuando nos contó lo que ocurrió, no paraba de llorar. Ella se bañaba en la piscina delante de todos y luego se cambiaba en un cuarto, ubicado en el parqueadero. Luego subía con su uniforme al apartamento. Lo que hicimos como organización fue enviar un comunicado a la señora que la contrató alertando la situación. Esta mujer se retiró del lugar de trabajo y hoy, gracias a Dios, está en mejores condiciones, más dignas.

¿En la práctica se puede hacer una vigilancia y sanción a estos empleadores?

Nosotros le hemos pedido esto al Gobierno. Que se ejerza una vigilancia y control. Lo que pasa es que no hay una ruta clara de la denuncia de estos casos. A veces los teléfonos que hay de las autoridades no contestan. La trabajadora doméstica puede denunciar, pero el proceso es muy lento. Hay otras que se coaccionan, porque queda en el ambiente que el empleador es quien tiene el poder y ellas no.

¿Esa idea, que la trabajadora doméstica es una joven que llega a la ciudad proveniente de la zona rural, para “ayudar” en la casa con el oficio, persiste en la actualidad en Bucaramanga?

Persiste y pienso que en la actualidad se ha hecho más evidente. ¿Por qué? Como no reciben a las mayores, quién viene a la línea de trabajo, las jóvenes. Las traen del campo y les dicen: ‘Es que yo les doy una oportunidad de trabajo’. Pero en realidad no es así. Primero, porque se les quita la oportunidad de estudiar a esas niñas, y segundo, porque en la mayoría de casos son explotadas.

¿Hablamos de explotación infantil?

Sí. Hay niñas que desde los nueve años empiezan a trabajar en una casa. Le dicen a la familia: “Déjenmela para que me acompañe y me ayude en las cosas de la casa”. Todavía se ven esos casos.

¿Y se denuncian esos casos?

Hay miedo. La gente dice que si los denuncian, pues pierden el trabajo y los pocos recursos que reciben. La gente no denuncia. Pero existen los casos. Niñas en las casas realizando todos los quehaceres domésticos en una clara explotación. Y si les pagan, en muchos casos no es lo justo. A una trabajadora doméstica no se le puede pagar menos de un salario mínimo legal vigente. Pero muchos prefieren trabajar por lo que les ofrezcan. Es preferible, dicen, llevar algo a la casa, que nada.

¿En qué porcentaje se le paga el salario mínimo legal a este personal de trabajo doméstico?

Ni en un 10%. Aunque hay que reconocer que hay empleadores que sí reconocen y pagan de acuerdo a la ley, pero no son todos. Ahora son muy pocas las que siguieron trabajando en esta pandemia, en el inicio de la pandemia más del 70% perdió su trabajo. No tenemos datos actualizados de personas en servicios domésticos. Según el Dane, para el 2019 en Colombia 687.717 mujeres trabajaban en servicios domésticos. Esa realidad cambió.

¿Cómo acabar estos ciclos de abuso?

Nosotros hablamos con el Gobierno, con las empleadas, pero con los empleadores es muy difícil reunirlos y hablarles. Una propuesta es llegar a ellos por medio de las cajas de compensación familiar. La idea es sensibilizarlos para darle dignidad al trabajo doméstico.

¿Si alguien quiere denunciar, a qué teléfono puede hacerlo?

322-2021838. A esta línea telefónica puede denunciar abusos o buscar asesoría.

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