jueves 11 de junio de 2020 - 12:00 AM

Un vestido de novia que se convirtió en una luz de esperanza

La diseñadora santandereana Vicky Bautista fue la encargada de hacer realidad el sueño de Daniela Álvarez, una joven nortesantandereana que siguió adelante con su boda aun en tiempo de cuarentena. Con todos los protocolos de seguridad y el apoyo de quienes se encariñaron con la historia en redes sociales, este vestido de novia se convirtió en una luz de esperanza en medio de la tristeza y la incertidumbre.
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Ese viernes, el día antes de la boda de Daniela Álvarez, la diseñadora Vicky Bautista estuvo en vilo.

El vestido de novia que había diseñado para Daniela y el atuendo para la pajecita, llevaban un elemento adicional, uno muy especial: un tapabocas.

En redes sociales seguían paso a paso el viaje que el hermoso y particular vestido había emprendido desde Bucaramanga hasta Ocaña, donde vive Daniela y donde se habría de realizarse la boda ese sábado 17 de mayo.

La emoción era incontenible para Vicky y su equipo de trabajo: ese vestido de novia no solo cumplía el sueño que había sido postergado de una novia enamorada, era también una luz de esperanza para Vicky y su gremio, fuertemente afectados por la crisis económica que se derivó de la pandemia por la COVID-19.

“La iniciativa del vestido se dio hace unos meses atrás cuando ellos estaban en preparativos de boda y todavía podían viajar, entonces la novia se reunió conmigo en mi oficina, acordamos el diseño, tomé medidas y esa boda se iba a realizar realmente el 11 de abril. Cuando aparecieron las restricciones y todo lo que esta pandemia trajo, evidentemente, todos nuestros eventos de finales de marzo, de abril, de mayo, de junio empezaron a cancelarse y a postergarse”, cuenta Vicky.

Pero Daniela y quien hoy es su esposo tomaron la decisión de casarse: no querían dar más largas para llevar a cabo el enlace tan anhelado: “En estos tiempos de crisis donde nuestros proyectos y nuestros planes se vieron afectados mi esposo y yo tomamos la decisión de seguir con nuestros planes de boda y cumplir este propósito que Dios tenía, así que nos arriesgamos para tener nuestro matrimonio soñado, seguimos con los preparativos, seguí con mi diseño de vestido”, cuenta.

“Mi esposo y yo tomamos la decisión de seguir con nuestros planes de boda y cumplir este propósito que Dios tenía, así que nos arriesgamos para tener nuestro matrimonio soñado”, cuenta Daniela.

Vicky y Daniela se habían visto solo una vez y no podrían volver a verse, así que la diseñadora trabajó incansablemente durante cuatro días para confeccionar a tiempo el vestido y con todos los protocolos de seguridad.

“Tuvimos que cambiar los protocolos, ella con todos los métodos de seguridad se traslada al taller donde también resido. Adaptamos el espacio para que Ernelda Isabel (encargada de confeccionar el vestido y parte del equipo de Vicky) no tuviera que subirse a un transporte público, sino que se quedara aquí durante cuatro días seguidos. Así garantizábamos su seguridad y nuestra seguridad. Virginia, Andreina (bordadoras y también parte del equipo) y yo bordamos completamente el vestido teniendo el tapabocas todo el tiempo puesto y lavándonos las manos cada hora y media”, cuenta Vicky.

Se emociona al narrar la aventura del vestido de novia: durante casi dos meses la vida como la conocía se había detenido. Ese vestido fue un aliciente en medio de la dura oscuridad que parecía cernirse sobre gremio de eventos y espectáculos.

Cuenta que la idea del tapabocas fluyó por sí misma: las medidas sanitarias hacen indispensable el uso del tapabocas y sin bien la boda se haría a puerta cerrada y con muy pocas personas, la responsabilidad ameritaba su uso.

“Queríamos que el tapabocas hiciera parte de su ajuar para que no se viera como un tapabocas quirúrgico”, cuenta Vicky. Y, en realidad, parece caer como anillo al dedo al vestido, con un toque chic y, por supuesto, acorde a los tiempos.

A partir de allí, el vestido empezó a conmover a quienes lo veían: en las redes sociales seguían la historia con entusiasmo y hasta el personal que transportó la prenda se conmovió.

“Buscamos una empresa segura que fuera lo más rápido posible a Ocaña y que llevara el vestido de manera segura, de manera delicada. Encontramos una empresa que está ubicada en San Francisco, Ocaña express. Hablé directamente con el dueño, le conté la historia y él mismo me dijo que no se podía llevar como una mercancía normal, que era importante. Yo veía que lo tomaban con la misma alegría, con la misma esperanza que nosotros de que todo saliera bien. Nos sugirió que el vestido viajara en el transporte como copiloto del chofer, así viajó el vestido a Ocaña”, cuenta Vicky.

Y así fue. Luego de hacerla sufrir un poco, fue al día siguiente, el sábado 17 de mayo, la mañana de su boda, que Daniela se probó su vestido. Cuando Vicky recibió la notificación de la nota de voz, su corazón saltó: todo había salido perfecto, incluso, mejor de lo esperado. Eran las diez de la mañana.

A las cuatro, Daniela daría el sí.

“Hoy puedo decir con seguridad que mi día fue un día soñado y esta es mi manera de incentivar a aquellas personas que tenían sus planes, sus proyectos y que por este virus se vieron afectados. Los invito a que los hagamos realidad, a que no nos quedemos con las ganas al contrario que demos todo de nosotros para poder hacer realidad nuestros sueños y nuestros planes”, dice Daniela.

Era la primera vez que Vicky hacía un vestido de novia así, contrarreloj y en estas circunstancias tan inesperadas. Y aunque su gremio tendrá una reactivación tardía, no se amilana: “para mí ya no es la palabra reinventarse, sino evolucionar. Esta prueba nos ha servido para traer a nuestra empresa nuevos productos que teníamos la capacidad de producir, pero por estar siempre en la misma rutina no lo habíamos contemplado. Unas personas quizá se sienten a llorar, pero otros como nosotros, nos ponemos a hacer pañuelos”, cuenta Vicky.

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