miércoles 16 de mayo de 2018 - 12:33 PM

“Una buena mujer de Dios”, de Estados Unidos a Santander

Durante dos meses, Vanguardia Liberal realizó el seguimiento de un grupo de cristianos de la comunidad menonita que llegó a Santander hace tres años con el fin de consolidar su iglesia en estas tierras. Sus reglas, creencias y estilo de vida ya fueron adoptados por algunos colombianos.
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A las 9:00 de la mañana del domingo y en un punto del casco urbano de Piedecuesta, Santander, las alabanzas de un grupo de personas de origen extranjero se escuchan a lo largo y ancho de la calle.

El cántico, en el que se destacan las agudas voces de los niños y un grupo de mujeres que usan atuendos especiales, ya es común para los vecinos del sector.

Aquel sonido proviene de una casa de fachada verde y puertas blancas en la que cuelga un letrero que da la bienvenida a los “seguidores de Jesucristo”.

Al interior, un salón que no mide más de 15 metros cuadrados, con paredes desgastadas y cuya única iluminación es la que llega a través de una abertura que hay en el techo, hace las veces de templo de dos familias de la comunidad cristiana de menonitas que llegaron al municipio hace tres años.

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Su misión: consolidar una iglesia menonita en Santander.

Así, en unas cuantas sillas blancas y rojas acomodadas una al lado de la otra, los norteamericanos y un par de colombianos que decidieron unirse a ellos, hacen parte del culto en el que la lectura de la Palabra de Dios es lo más importante. Es  lo que rige sus vidas y sus reglas.

El ritual solo es liderado por hombres que son escogidos entre los miembros de la hermandad que se encuentran en todo el país. Las mujeres no tienen ese derecho, solo pueden opinar al momento de la selección, pero su voto no es tenido en cuenta.

Y en Santander ya designaron al pastor.

Se trata de un hombre de ojos claros, piel blanca y cabello rubio, quien desde un atril de madera, ubicado frente a las sillas, da la bendición a quienes llegan al lugar para presenciar la ceremonia.

Es estadounidense pero aprendió a hablar español luego de su paso por Perú, donde también pretendía solidificar su iglesia.

A diferencia de las mujeres, su vestimenta no tiene nada de particular.

Su nombre es Darío Witmer y es el líder de la comunidad menonita en territorio santandereano. El hombre a la cabeza y el que da las órdenes que deben ser obedecidas por el resto de la hermandad.

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Es de carácter fuerte y determinante, no le gusta que lo desafíen, dice mandar en nombre de Dios y contradecir su palabra no es una opción.

“En el día primero Dios creó los cielos y la tierra…”, empieza el sermón.

El deber de las mujeres

Con solo seis años de edad y siendo la única mujer entre cuatro hijos, una pequeña a quien llaman ‘Lía’ barre el lugar que minutos antes fue usado como templo para la ceremonia, a la vez que intenta calmar el llanto de su hermano de nueve meses y repartir los refrigerios junto a sus amigos.

La niña, quien comprende el español pero prefiere hablar en inglés, es la más bella del lugar. Sus cabellos son de un dorado profundo y pequeñas pecas adornan el contorno de sus ojos y gran parte de los pómulos.

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Sin embargo, su padre pide que no se exalte su belleza externa sino que se le motive a ser “una buena mujer de Dios”.

Es la hija del pastor y de Rosa Witmer, quien tiene 31 años de edad y nació en Georgia, Estados Unidos, en el seno de una familia tradicional de menonitas.

Su deber es quedarse en casa, atender a su esposo y cuidar a los niños. Así lo dictan las reglas de su comunidad y ella debe obedecerlas.

Los atuendos de las mujeres menonitas llaman la atención de quienes las ven pasando por las calles en compañía de sus hijos y esposos.

Usan vestidos largos que tapan sus cuerpos desde el cuello hasta los pies para evitar ser la tentación de otros hombres. Generalmente los cosen ellas mismas y quienes amamantan lo hacen a través de una tela que cubre el pecho y está pegada al cuello del traje. El uso del maquillaje tampoco está permitido.

Sobre sus cabezas, un manto blanco, agarrado con pinzas, oculta el cabello. Solo así pueden orar pues es considerado una bendición de Dios para ellas y la protección de los ángeles.

No les incomodan los comentarios de las demás personas. Por el contrario, están convencidas de que su misión en Colombia es la de predicar y vivir al pie de la letra según lo dice la Biblia. Sus convicciones están fuertemente arraigadas en cada una de ellas, pese a la controversia que pueden generar.

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“Hay mujeres colombianas que nos acompañan, pero hay otras que nos miran extraño. Nos preguntan y les explicamos para acabar con los rumores. Tenemos nuestra forma de vestir porque es lo que dice la Biblia. No tiene sentido que las mujeres se quejen de que los hombres las tratan mal o como objetos sexuales cuando son ellas las que muestran su cuerpo”, explica Rosa mientras sostiene sobre su regazo al tercero de sus hijos.

El estilo de vida familiar

Seguir al pie de la letra la Palabra de Dios es la consigna que rige a los cristianos de la comunidad menonita. Sin embargo, las mujeres son las que llevan sobre su espalda el peso de las reglas.

Solo los hombres pueden trabajar fuera de la casa y lo hacen en oficios que requieren mano de obra. La producción de quesos, corte de madera y cuidado de animales son las actividades más comunes entre ellos.

Las mujeres, por su parte, se describen a sí mismas como las “ayudantes de sus esposos”. Cocinan, lavan, hacen los deberes del hogar, atienden a sus maridos y se dedican las 24 horas del día al cuidado de los niños, quienes no van al colegio.

Son educados en casa con la ayuda de una profesora que llega cada tanto tiempo de Estados Unidos. No aprenden ciencia ni nada relacionado a las teorías evolucionistas.

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Las niñas también aprenden los deberes de casa y cuando tienen la edad suficiente pueden utilizar el velo como símbolo de entrega a Dios.

Luego de cumplir la mayoría de edad, el pretendiente pedirá su mano ante sus padres y ella podrá decidir si une su vida a él por siempre. La separación no está permitida. Es pecado.

Tener muchos hijos es parte de su legado, “porque son almas que van a vivir por siempre y hay que cuidarlas”.

Rosa lo describe en una frase: “Es  muy egoísta pensar en mí antes que pensar en los niños. Es egoísta pensar en una carrera o en lo que yo quiero ser. Yo debo invertir mi tiempo en los niños en vez de hacerlo en cosas mías”.

Las reglas son estrictas y hay quienes se atreven a romperlas. Sin embargo, eso representa la deshonra de Dios.

La decisión de continuar o no dentro de la comunidad solo puede ser tomada cuando los niños cumplen la mayoría de edad. Mientras tanto, los padres de Lía y de las demás niñas menonitas se encargarán de inculcar en ellas las creencias que desde hace cinco siglos rige las vidas de estas familias.

¿Quiénes son los menonitas?

En 1525, durante la Reforma Protestante, en Zúrich, Suiza, nació un grupo religioso cuya doctrina era vivir bajo las órdenes de Dios.

Liderados por Menno Simons, un anabaptista del protestantismo, se convirtieron en una de las comunidades cristianas más herméticas del mundo.

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Actualmente, solo el 15 % de ellos pertenece a la antigua orden, mientras que el porcentaje restante son de la nueva.

Sin embargo, las mujeres siguen siendo el foco de sometimiento a la autoridad de la Biblia.

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