martes 23 de julio de 2019 - 2:00 PM

Video: La nueva vida de Margarita, una de las trabajadoras sexuales de la tercera edad

Como ella, son más de 60 mujeres de la tercera edad que siguen prostituyéndose en el centro.
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Margarita empieza a florecer... Fueron más de 40 años en la calle, vendiendo su cuerpo a hombres deseosos de ‘amor comprado’. Ahora, a sus 68, tomó la decisión de salir de esa calle que le arrebató no solo la juventud sino los sueños.

Su historia, contada a través de este medio hace algunos días, conmovió a muchos que decidieron ayudarla... Ahora, Margarita tendrá un nuevo hogar en un Centro Vida en Girón. Un techo digno, un plato de comida en su mesa, pero sobre todo la tranquilidad de saber que no tendrá que vender su cuerpo para sobrevivir.

Su ‘oficina’, como las trabajadoras sexuales llaman al lugar donde se hacen a diario a la espera de clientes, era el centro de Bucaramanga, en la congestionada y bulliciosa calle 33 con carrera 17.

A las 3:00 de la tarde del pasado jueves se sentó allí de nuevo. No esperaba a uno de esos ‘amantes furtivos’ a los que les vendía un ‘rato’ por 20 mil pesos o menos. Esta vez era diferente, su cita era con su nueva vida, esa en la que ya no será manoseada, usada y abusada.

Estaba ansiosa esperando la llegada de quienes, conmovidos, le tendieron una mano. Sonreía por instantes y otros sus ojos se llenaban de lágrimas. No ha de ser fácil dejar esa calle que aunque cruel, le fue dejando a personas que se convirtieron en su familia. Se acostumbró al ruido, al caos y hasta al peligro que representa ser una trabajadora sexual, y más aún, de la tercera edad.

Video: La nueva vida de Margarita, una de las trabajadoras sexuales de la tercera edad

“Me siento contenta porque me voy para una fundación, allá estaré bien porque tendré la comida, la dormida. Uno extraña a las compañeras, porque uno es humano. Habrá días en los que me provoque hablar con ellas, con la gente de los negocios, los vendedores ambulantes. Donde yo estaba es puro comercio, ahí donde me sentaba gracias a Dios nunca me trataron mal”, dijo con un dejo de nostalgia.

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Entre llanto se despidió de todos, muchos la abrazaron y le desearon esa suerte que esperaba desde hace más de 10 años.

“Yo quería salir de la calle desde hace como unos 12 años y hasta ahora se me dio la oportunidad. Estoy feliz porque me voy a descansar, este cerebro me duele de escuchar esos insultos, que una cosa que otra, de ver cómo las compañeras llevan del bulto. En mi vida fueron como 45 años en vano porque a la hora de la verdad no conseguí nada, pero a mí Dios nunca me desampara, nunca me va a faltar nada”, expresó nostálgica.

Mientras tanto a su lado, Fátima Bacca, quien lidera la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales del centro de Bucaramanga, dijo entre lágrimas: “Que Dios los bendiga y que todo lo que están haciendo por esta mujer se les devuelva en miles de bendiciones, no saben el desespero que teníamos de verla a ella en la calle, enferma. Ya no van a abusar más de ella, ya no se me van a aprovechar más de ella, no me la van a golpear, no me la van a maltratar, yo me las juego todo por ellas, pero veo que también hay gente que se las juega por nosotras, muchísimas gracias y sin palabras”, expresó entré lágrimas.

Pasadas las 3:00 de la tarde del jueves, Margarita, o Martica como también la llaman en el centro, tomó su maleta, su bolso y hasta la virgencita de Guadalupe que, según cuenta, siempre la acompaña. Se subió a una camioneta y emprendió el recorrido. Durante el camino se vio feliz, contando una que otra anécdota que le dejó esa vida de calle.

Video: La nueva vida de Margarita, una de las trabajadoras sexuales de la tercera edad

“Una vez un tipo fue a robarme, a quitarme todo lo que tenía encima, a golpearme, pero le gané de mano y le di una trilla con una tabla de la cama”, “varios de los clientes se enamoraron de mí, para qué le digo que no, pero se enamoraban solos”, decía con picardía, entre carcajadas, mientras miraba por la ventanilla y señalaba lugares donde vivieron algunos de los novios que –según dijo- tuvo desde su juventud.

“Un tiempo viví en una cantina, un día llegaron y echaron plomo y quedaran todas las balas pegadas en la puerta, yo me pegué el piso y me arrastré. El ataque era contra mí porque llegaron al mismo lugar, hombres que fueron mis novios y se formó la ‘plomacera’. Es que en esta vida me ha tocada duro contra el muro”... Ahora le da risa contarlo, pero en esos momentos sintió la muerte encima.

Luego de casi una hora la camioneta empezó a transitar por las empedradas calles de Girón. Margarita se veía nerviosa, no eran calles extrañas para ella pues vivió allí durante 25 años.

Finalmente se detuvo frente al lugar que desde el jueves se convirtió en el nuevo hogar de Margarita: Fundación Esperanza y Vida.

Se bajó y caminó hasta la amplia y antigua casona llena de personas de la tercera edad que como ella, llegan allí en busca de una vida digna y tranquila.

“Me siento contenta porque voy a tener quién me acompañe. Yo soy muy comunitaria, me gusta el compañerismo, no me gusta aislarme. Al principio va a ser difícil acostumbrarme a muchas cosas, por ejemplo a hacer fila para el baño. Pero la casa está muy bonita”... Se veía un poco incómoda, algo común cuando se es nuevo en cualquier lugar.

Era una mezcla de alegría y nostalgia. Extraña esa calle que la ‘explotó’ por más de 40 años, le hacen falta las compañeras que como ella, siguen a merced de los ‘compradores de sexo’. Solo en el centro de Bucaramanga hay más de 60 mujeres de la tercera edad prostituyéndose.

Video: La nueva vida de Margarita, una de las trabajadoras sexuales de la tercera edad

“Les digo a mis compañeras que sigan adelante, que mi Dios las acompañe todos los días y todas las noches para que puedan salir de esa vida. Ellas corren peligro, les digo que se ayuden las unas a las otras como mi Dios manda”... Así lo hizo Margarita muchas veces. “Les daba de mi plata para que no tuvieran que pasar la noche en las calles con sus hijos. La vida de la trabajadora sexual es muy dura”.

Aún tímida, acomodó sus cosas. Al rincón de su pequeña pero impecable cama, ubicó su viejo radio con el que se entretiene en las noches. En la ventana colocó a la Virgen y una camándula de muranos de colores, porque aunque muchos no lo crean, Margarita es muy piadosa y creyente. “El que peca y reza empata”, dijo en tono jocoso, pero en el fondo sabe que por fin, sus súplicas fueron escuchadas. Logró salir de esa calle en la que muchas mujeres como Margarita, claman por ayudas.

Esa noche por fin pudo pasar la página y dejar atrás la dura vida de la calle y la prostitución. Sin embargo, en el centro de Bucaramanga aún hay más de 60 mujeres de la tercera edad que deben seguir enfrentándose al peligro. ¿Qué más podríamos hacer para ayudarlas?

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