lunes 27 de abril de 2020 - 2:30 PM

Video registra a un hombre comiendo de la basura en Bucaramanga

A los ciudadanos más vulnerables de Bucaramanga la pandemia por coronavirus los ha afectado a tal punto que se ha visto personas comiendo de lo que encuentran en la basura.
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El pasado domingo en la mañana un taxista fue testigo de la cruda imagen de un hombre escarbando entre los desechos de una canasta de basura en Bucaramanga. Esta persona se vio obligada a alimentarse de las sobras. “Esto es la calle 48 con 27. Que tristeza hermano, ver a una persona comiendo ahí sobros de la basura”, relató en una nota de voz el taxista que grabó.

En el video se aprecia cómo un hombre, vestido con jeans, camisa naranja y zapatos marrones, busca algo de comer un tambor de basura. De un tarro que encuentra allí, saca algo de comida y se los come. El hombre vuelve y deja en el caneco de basura el tarro, toma una bolsa que llevaba y se retira del lugar.

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“Es una situación muy triste. Yo estaba esperando a que el semáforo cambiara a verde para arrancar cuando veo que el señor empieza a sacar comida de la basura y se la come. Dios mío, hasta dónde hemos llegado. Es una situación muy triste”, narró Edgar Tolosa León, el taxista que grabó el video.

Como esta persona son muchos los ciudadanos que han sufrido las consecuencias de la pandemia de COVID-19.

Nicole Alvarado se ha puesto en la tarea de repartir alimentos a la población necesitada de la ciudad. Cuenta que normalmente los habitantes de calle, antes de la emergencia, solían recibir comida gracias a la generosidad de establecimientos comerciales. “Normalmente se alimentaban de lo que los restaurantes, hoteles y los locales les brindaban. En estos momentos en que todo está cerrado no tienen una provisión de alimentos en ninguna parte”.

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Los habitantes de calle se han desprendido de la ropa y el calzado. Para dormir les basta un cambuche, unas cajas o una simple cobija. Pueden sobrevivir sin una vivienda, pero un bocado de comida siempre será necesario.

Alvarado considera que el instinto de supervivencia hace que las personas reaccionen cuando sienten hambre para suplir esta necesidad básica. “Ellos en el momento en que padezcan un hambre extremo van a intentar hacer lo que sea por conseguir alimento. Podríamos tener un gran impacto social, porque no les va a importar conseguir a mano propia su comida”.

La joven destaca que al brindarles comida no solo se realiza una obra humanitaria sino que también se podría una alteración al orden público. En el peor de los escenarios, una situación de hambre podría impulsar a la gente a destruir locales y saquear viviendas para obtener comida.

“Dar comida es lo mínimo que se puede hacer por una persona. Ellos reciben con mucho agradecimiento cualquier plato de comida, así sea solo una aguapanela con pan o un arroz con huevo. Odio la palabra indigente, porque ellos siguen siendo persona solo que con unas condiciones diferentes”, comenta.

Desde hace tres años, Nicole Alvarado y tres amigos más se esmeran por distribuir a diario cerca de 200 raciones de comida a la población en condición de calle. Asegura que en tiempos de coronavirus se requiere aún más la solidaridad de la ciudadanía. “Los panes y los huevos se están yendo muy rápido”.

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Este grupo de jóvenes ha identificado zonas de la ciudad donde las personas pasan más hambre, como el Norte y el Centro. “En inmediaciones de La Virgen hay muchas personas en la calle, al igual que en la avenida Quebradaseca y sobre la carrera 17. Ni hablar de los puntos donde se concentran los venezolanos”.

Recuerde que si usted desea realizar una aporte para contribuir a esta causa puede contactar a Nicole Alvarado al celular 318 5301804.

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"Hambrunas de proporciones bíblicas", otro riesgo del COVID-19, según la ONU

La pandemia del coronavirus y su parón económico, unidos a las crisis humanitarias ya existentes, han creado una "tormenta perfecta" que amenaza con desencadenar "hambrunas de proporciones bíblicas", según el jefe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley.

En una entrevista con Efe, Beasley -que acaba de recuperarse del virus- asegura que la enfermedad ha llegado en un momento "ya muy frágil" para el sistema humanitario y que sus efectos van a "causar estragos" alrededor del mundo.

Según cuenta, durante los últimos meses ya había ido alertando a los líderes internacionales de que 2020 iba a ser "la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial" como consecuencia de las guerras en países como Sudán del Sur, Yemen o Siria, los problemas en la región del Sahel, la plaga de langostas en África oriental y los efectos del cambio climático.

"Pensaba eso antes del COVID", subraya Beasley, que calcula que la pandemia puede poner en riesgo de morir de hambre a unos 130 millones de personas más, que se sumarían a los 135 millones que su agencia ya preveía que estuviesen en esa situación.

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El Programa Mundial de Alimentos, PMA, ayuda de forma cotidiana a unos 100 millones de personas a acceder a comida y, de ellos, unos 30 millones dependen en exclusiva de esa asistencia para alimentarse. "Si perdemos acceso o dinero para esos 30 millones... Uno no puede estar sin comida durante un par de semanas", apunta Beasley.

Según subraya, si el avance de la pandemia no se controla, podrían verse "hambrunas de proporciones bíblicas" y una catástrofe humanitaria "nunca vista durante nuestras vidas".

Entre las prioridades del PMA, figura conseguir que se mantenga en todo momento la cadena de suministro y disponer de los fondos suficientes para apoyar a los lugares más vulnerables.

En las zonas más vulnerables al hambre, sobre todo en África, el PMA está tratando de anticiparse a las necesidades antes de que el coronavirus impacte con fuerza sobre el terreno para evitar, entre otras cosas, el riesgo de desestabilización social que puede crearse si se combinan enfermedad y hambre.

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Los estragos de la pandemia, sin embargo, ya se hacen notar en muchos países, incluso si el virus aún no se ha propagado allí, dado el impacto económico de las medidas que se han tomado en otros lugares.

El desplome de los precios del petróleo, por ejemplo, es devastador para Sudán del Sur y el del turismo para Etiopía, dos Estados que figuran entre los peores del mundo en cuanto a su situación alimentaria.

Pero el peligro no se limita a África, con países como Yemen, Siria, Haití o Venezuela también con crisis muy graves, según el último análisis del PMA.

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