lunes 17 de febrero de 2020 - 12:13 PM

Y por esto ‘ciencia’ tiene nombre femenino

El pasado 11 de febrero se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y la Niña la Ciencia, un campo en donde el género femenino viene ganando cada vez más relevancia. Vanguardia hablo con la santandereana Norma Cecilia Serrano Díaz, quien ha dedicado 20 años de su vida a la investigación.
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En el mundo son cada vez más los escenarios importantes que ocupan las mujeres. Hoy es más común encontrar al sexo femenino realizando labores en donde antes no eran socialmente aceptadas. Campos como la ciencia y la investigación estaban alejados para las mujeres, muchas eran relegadas, o incluso, quienes se atrevían a ingresar a este mundo, colmado casi en su totalidad por hombres, no eran reconocidas por sus trabajos.

Es por eso que desde el 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, con el fin de cumplir a cabalidad uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al lograr la igualdad en el acceso y la participación de mujeres y niñas en la ciencia.

Como conmemoración de esta fecha, la cual merece la mayor trascendencia por parte de todos los países del mundo, Vanguardia decidió hablar con Norma Cecilia Serrano Díaz, genetista y directora de investigación de la Fundación Cardiovascular de Colombia, FCV, en donde se tocaron aspectos relacionados con su trabajo como investigadora, su trayectoria, sus objetivos, pero sobre todo, la importancia y la participación de la mujer en la ciencia.

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$!Suministrada / VANGUARDIA
Suministrada / VANGUARDIA

¿Cuál ha sido el mayor logro que ha alcanzado con la investigación?

Una cosa es la investigación que he hecho durante mi trayectoria en investigaciones, y otra, que también tiene relación, los objetivos institucionales.

A nivel personal, he estado enfocada desde el año 2000 en investigar los marcadores genéticos asociados a la preeclampsia, que es una enfermedad exclusiva de la mujer, de los humanos, no hay un modelo animal en donde se reproduzca la enfermedad y es un trastorno que solo se da durante el embarazo, que se caracteriza por el aumento de la presión arterial y por eliminación de proteínas en la orina. Esta enfermedad es relativamente silenciosa y a la fecha no tenemos un tratamiento farmacológico efectivo.

Le apuntamos a que nosotros podamos tener una prueba biológica que pueda predecir qué mujeres están en riesgo de desarrollar la enfermedad, inclusive antes que se embaracen, y que esas mujeres tengan un control prenatal más estricto, y conociendo esos factores genéticos se vuelven blancos terapeúticos para intentar desarrollar medicamentos para el manejo de la preeclampsia.

De manera coincidente, estamos hablando del día internacional de la mujer científica, yo soy mujer, llevo 20 años investigando una enfermedad que es específica de las mujeres y nuestro grupo de investigación está conformado casi que exclusivamente por mujeres.

¿Qué la motivó a enfocarse en la ciencia y la investigación?

Yo estudié medicina porque quería ser genetista, desde muy niña empecé a tener una gran curiosidad por los temas de genética, y como en esa época no había internet, no era tan fácil consultar las cosas.

Yo entré a la UIS a estudiar medicina muy joven, y tan pronto terminé, me fui a estudiar genética a la Universidad Nacional y empecé a trabajar en esa área, luego viajé a Inglaterra para estudiar Biología Molecular.

Fueron la curiosidad, el amor y la pasión por un tema los ejes centrales que me motivaron a ser investigadora.

¿Fue fácil ingresar a un campo que, casi en su totalidad, estaba lleno de hombres?

Confieso que, a nivel personal, sí. Realmente, nunca he sentido la discriminación en ciencia por ser mujer. No sé si sea cuestión de personalidad o por mi carácter fuerte, pero yo no lo he sentido. Sin embargo, que yo no lo haya vivido no quiere decir que no exista. Las cifras lo confirman en el mundo.

Hay un dato muy curioso con respecto a los países que, en su constitución, tienen plasmada la igualdad entre hombres y mujeres. En el 2014, de los 195 que existían o que estaban registrados en el mundo, 143 tenían dentro de su carta magna, la igualdad entre hombres y mujeres. O sea, en 52 países no hay igualdad, lo que es totalmente alarmante. Uno diría, bueno, en los 143 sí, pero que realmente eso sea efectivo, que uno vea que existe un equilibrio entre hombres y mujeres, vale la pena indagarlo más a fondo.

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En este punto, creo que nunca he pensado que tengamos que hablar de igualdad entre hombres y mujeres, y más cuando soy genetista. La genética nos dice que nosotros somos diferentes, pero lo que sí es importante es que debemos tener un equilibrio en oportunidades, acceso a la educación, a lo comercial y a la vida laboral. Eso es lo que tenemos que luchar en el mundo, y la lucha debe ser tanto de hombres como de mujeres, que exista un equilibrio.

¿En los últimos tiempos ha sido significativa la inmersión de las mujeres en la ciencia?

Sí, sin duda. Si uno revisa las cifras, el número de mujeres que se están formando en áreas ‘duras’ de la ciencia cada vez es más grande. No es suficiente, esto es un proceso que es tan importante, tan necesario para la sociedad, que los objetivos de desarrollo sostenible a 2030 lo pusieron como un objetivo específico. Esto no es un simple antojo, sino que a nivel mundial se está convirtiendo en una necesidad.

Por ejemplo, si tú revisas los Premios Nobel que han sido otorgado en Física, Química, Fisiología o Matemática, 587 premios han sido entregados a hombres y solo 20 a mujeres. Hay una diferencia enorme.

¿Qué se necesita para que las mujeres se involucren más en este campo, en donde a veces una sociedad machista no las mira con respeto?

Nosotros somos fruto de nuestra cultura, y romper paradigmas es muy difícil. Romper la costumbre de que la mujer se quedaba en casa, que tenía que aprender oficios domésticos, y que porque tenía que cuidar el hogar, no iba a la escuela. La discusión no está en que las mujeres no aprendamos los oficios domésticos, el problema está cuando solo las mujeres son las que tienen que aprender esos oficios, se quedan en sus casas y no van a la escuela.

Esto un problema complejo que requiere de la participación de muchos entes. Primero, a nivel estatal debe haber un compromiso para que haya un verdadero equilibrio entre hombres y mujeres. Debe haber un compromiso de los hombres, de respeto hacia las mujeres, que nosotras también queramos estudiar, progresar, que no nos quedemos en la casa, como social y generacionalmente se ha hecho. El ser mujer de ciencia no es parecerse al hombre, sino no perder nuestra esencia femenina.

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En este punto, creo que nunca he pensado que tengamos que hablar de igualdad entre hombres y mujeres, y más cuando soy genetista. La genética nos dice que nosotros somos diferentes, pero lo que sí es importante es que debemos tener un equilibrio en oportunidades, acceso a la educación, a lo comercial y a la vida laboral. Eso es lo que tenemos que luchar en el mundo, y la lucha debe ser tanto de hombres como de mujeres, que exista un equilibrio.

¿En los últimos tiempos ha sido significativa la inmersión de las mujeres en la ciencia?

Sí, sin duda. Si uno revisa las cifras, el número de mujeres que se están formando en áreas ‘duras’ de la ciencia cada vez es más grande. No es suficiente, esto es un proceso que es tan importante, tan necesario para la sociedad, que los objetivos de desarrollo sostenible a 2030 lo pusieron como un objetivo específico. Esto no es un simple antojo, sino que a nivel mundial se está convirtiendo en una necesidad.

Por ejemplo, si tú revisas los Premios Nobel que han sido otorgado en Física, Química, Fisiología o Matemática, 587 premios han sido entregados a hombres y solo 20 a mujeres. Hay una diferencia enorme.

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¿Qué se necesita para que las mujeres se involucren más en este campo, en donde a veces una sociedad machista no las mira con respeto?

Nosotros somos fruto de nuestra cultura, y romper paradigmas es muy difícil. Romper la costumbre de que la mujer se quedaba en casa, que tenía que aprender oficios domésticos, y que porque tenía que cuidar el hogar, no iba a la escuela. La discusión no está en que las mujeres no aprendamos los oficios domésticos, el problema está cuando solo las mujeres son las que tienen que aprender esos oficios, se quedan en sus casas y no van a la escuela.

Esto un problema complejo que requiere de la participación de muchos entes. Primero, a nivel estatal debe haber un compromiso para que haya un verdadero equilibrio entre hombres y mujeres. Debe haber un compromiso de los hombres, de respeto hacia las mujeres, que nosotras también queramos estudiar, progresar, que no nos quedemos en la casa, como social y generacionalmente se ha hecho. El ser mujer de ciencia no es parecerse al hombre, sino no perder nuestra esencia femenina.

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