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Piedecuesta
Sábado 18 de febrero de 2023 - 12:00 PM

Cine comunitario en Piedecuesta: Hacemos cine mirando nuestro barrio, mirándonos a nosotros, y cómo somos

La Escuela de Cine Comunitario La Bellecera es la nueva apuesta cultural y de formación de varias organizaciones sociales del área metropolitana. El 11 de febrero estrenaron sus dos primeros cortometrajes documentales que narran la vida y la cotidianidad de algunos de los habitantes del barrio Cabecera del Llano II.

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Marco Valencia  / VANGUARDIA
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Suministrada  / VANGUARDIA
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Para el cantante y compositor Edson Velandia, el cine es un generador de identidad, y en el escenario colombiano, donde nos hemos acostumbrado a consumir el cine “gringo”, en el que una industria mueve las emociones de las masas, así como el sistema económico mundial, “el cine tiene su encanto, una particularidad muy muy muy berraca”, dice el músico piedecuestano, porque se rechaza o se acogen las historias y sus protagonistas, distinto a lo que sucede con una novela o una canción.

También es cierto que, para Velandia, el cine es la herramienta transformadora en el trabajo comunitario que emprenden las organizaciones sociales de la ciudad, en medio de un “hueco sicosocial” que él considera difícil de llenar, porque ni las mismas comunidades se conocen, menos se integran o saben de las necesidades de sus vecinos, precisamente porque sus realidades están casi siempre alejadas de las agendas que definen las políticas sociales y los políticos de turno.

“Cuando uno le pone a la gente una película en la que se ve y ve el barrio, y ve cómo es una toma aérea que atraviesa una calle peatonal, y ve a la gente del barrio hacer cine, eso es cambiar la onda. En La Bellecera hacemos cine mirando nuestro barrio, mirándonos a nosotros, y cómo somos”, como asegura Velandia.

De las calles a la pantalla

El sábado 11 de febrero, en el barrio Cabecera del Llano II, de Piedecuesta, como parte de la celebración del primer aniversario de la biblioteca comunitaria La Bellecera, se hizo la presentación de dos cortometrajes documentales resultado del proceso de formación que desde agosto de 2022 desarrolla la Escuela de Cine Comunitario La Bellecera.

Los 25 jóvenes que participaron en el proceso, en compañía de sus padres, amigos, vecinos y uno que otro curioso que se desplazó desde Bucaramanga, vieron en pantalla dos historias que permanecían inmersas en la cotidianidad del sector: una llamada “La Colombianita” (de 10 minutos), que cuenta la vida de Idania, una mujer de 67 años, que fue deportista olímpica y que tras su retiro del atletismo -que sigue practicando fuera de las pistas-, se ha convertido en la “sabia” del barrio. La otra es “Báileme ese trompo” (de 17 minutos), que retrata el sueño cumplido de un niño llamado Óscar, el cual consistía en organizar un concurso de trompo y premiar a sus amigos.

Como espectadores de un proceso que se gestó luego de ganar una convocatoria del Ministerio de Cultura en 2022, estaban Marcela Hernández Hincapié, directora de proyectos de la corporación Señal Sur, una de las organizaciones sociales que acompaña los procesos culturales y formativos en La Bellecera; Frank Alexander Rodríguez, profesor universitario y documentalista, e Iván David Gaona, cineastas santandereanos y talleristas en la Escuela de Cine, y Edson Velandia, que ese día dirigió la banda juvenil, otro proyecto que como la biblioteca y la escuela de cine La Bellecera, espera dar sus primeros frutos este año con una serie de conciertos.

De un lugar abandonado a un centro para la cultura

El Festival de La Tigra, Señal Sur, Literatónica y la Batucada Guaricha lideran el proceso de transformación cultural en Cabecera del Llano II. Todo comenzó cuando los organizadores del festival escogieron pintar los muros de una edificación de dos pisos que permanecía en obra gris y devorada por la maleza. Se trataba de una edificación que la Alcaldía de Piedecuesta comenzó a construir en 2017 y en la que se suponía funcionaría un salón para la Junta de Acción Comunal, JAC, pero que, con el paso de los meses, se suspendió la construcción y la terminación quedó en veremos.

Marcela Hernández recuerda que era “un elefante blanco” que no prestaba ningún servicio a la comunidad y que, incluso, los residentes y la JAC no tenían idea sobre qué hacer con ella. Pero, después de varias conversaciones con la administración municipal, en 2021 se reactivó el contrato de adecuación del lugar y en 2022 nació lo que hoy se conoce como la biblioteca comunitaria La Bellecera, que el pasado 5 de febrero cumplió su primer aniversario.

El mural fue dirigido por la artista Soma Difusa y se pintó con la participación de los vecinos del barrio. Fue en ese espacio en el que las organizaciones recogieron al menos 300 libros que fueron donados por los visitantes al Festival de La Tigra y otros viajaron desde distintas ciudades.

Además del préstamo de libros y la Escuela de Cine, La Bellecera cuenta con actividades semanales gratuitas como los talleres de lectura en voz alta y oralidad, de fanzine y cómo ser un book tuber, así como un club de lectura, clases de guitarra, un coro infantil, y dos cineclubes: uno para niños y otro para adultos.

“Cada quién pone lo suyo”, afirma Hernández de Señal Sur, al referirse a las áreas que cada organización social coordina. “Literatónica ha estado muy pendiente de toda la parte literaria y de la biblioteca; el Festival de La Tigra es como el papá de todo, no solo por la música, sino liderando los proceso de formación; la Batucada Guaricha, un colectivo feminista, y Señal Sur, cuyo objeto social es liderar lo social desde lo audiovisual”, según lo explica esta gestora.

La apuesta por llegar a las salas de cine

El proceso formativo de la Escuela de Cine La Bellecera está relacionado con el contexto y esa es la diferencia que marca un proyecto comunitario en el que se parte de procesos no formales y en donde el estudiante no va por una nota, sino por el interés propio, asegura Frank Rodríguez.

“Hay un poco más de libertad en la enseñanza, un poco más de responsabilidad del estudiante, porque en últimas el compromiso de él y sus compañeros es con la escuela, y entienden que la escuela hace parte del barrio y del municipio. Ahí es donde está el reto de sacar adelante una producción de este tipo”, explica Rodríguez, también docente universitario.

Desde agosto del año pasado se inició con una primera fase de formación teórica enfocada en la escritura de guion. Luego se pasó a la investigación de historias y de personajes, lo que le permitió a los estudiantes definir lo que querían contar, para finalmente dar paso al rodaje y posproducción.

“Son producciones no tan relacionadas con la producción tradicional en las que hay un director o un director de fotografía, por ejemplo. Fue un trabajo en donde las decisiones que tomaban partían del colectivo y en donde se presentaron dificultades, porque todos ven su obra de forma distinta”, recuerda el tallerista.

El cineasta santandereano Iván David Gaona cuenta que el equipo que lidera la Escuela de Cine La Bellecera se ha preocupado por desarrollar un proceso de aprendizaje que les dé a las y los jóvenes herramientas más posibles y reales en el mundo laboral de lo audiovisual, ya que es un espacio competitivo hoy día por el elevado número de personas que egresan de universidades y otros centros de formación.

A futuro, el equipo tiene dentro de sus planes exhibir en festivales de cine los dos cortometrajes documentales lanzados en el aniversario de La Bellecera. Gaona añade que las producciones de escuelas formales y no formales ya las tienen en cuenta dentro de las distintas categorías que definen dichos eventos. A esto se suma que las salas de exhibición de cine comercial también se interesan en incluirlos en su programación.

“Estamos pensando en hacer una versión de 7 minutos y 15 segundos de estos productos. Lo que se hace normalmente es sacarlas a una resolución de película nacional, que le permite a empresas exhibidoras como Cine Colombia, Cinépolis y Cinemark, encontrarlas y presentarlas antes de las películas. Eso lo permite la ley de cine, y al mismo tiempo, le permite a las exhibidoras un descuento en los impuestos que debe pagar cada año”, concluye Gaona.

“Un proceso hermoso”

Marcela Hernández asegura que ya tienen un primer público, que son los vecinos del barrio y los habitantes de Piedecuesta. “Para nosotros ya es un hecho la Escuela de Cine y la gestión de proyectos es clave. Lo cierto es que mientras algo ocurre, seguimos trabajando con la comunidad”, añade la integrante de la organización Señal Sur.

Para Edson Velandia, abrir una cancha, una escuela, un cineclub o una biblioteca es encender la luz en una esquina que siempre estuvo en la penumbra: “Esto ha sido un proceso paulatino y hermoso. De verdad que lo es”.

Dice que siempre ha pensado en que hace falta una o varias sedes que se sostengan, como lo ha hecho Kushi Waira, tal vez la apuesta cultural más reconocida en el municipio de Piedecuesta y una inspiración para todos.

Desde su adolescencia y ya convertido en un artista reconocido tanto en Colombia como por fuera del país, no deja a un lado su fascinación por el trabajo cultural. Permanece “trinca”, a la espera del momento o de las oportunidades que le permitan seguir creándolos, y en especial, a su ritmo, ya que “no se puede hacer al ritmo de un empresario ni de un gestor, ni de un pastor de iglesia. No es así como montar una iglesia en un garaje y que se le crece esa vaina, ¿no? Porque esto no es un negocio. De eso no se trata”.

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Publicado por Xiomara Montañez Monsalve

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