domingo 28 de agosto de 2022 - 10:20 AM

Ulibro: Historias de mujeres, memoria y resiliencia, en la novela de Beatriz Vanegas

Las mujeres en Colombia han sido resilientes ante las diferentes épocas de violencia en el país y ante los múltiples ataques a sus cuerpos, a sus vidas, a sus luchas. La escritora Beatriz Vanegas Athías, quien vive en el Área Metropolitana de Bucaramanga, narra magistralmente la vida de María Martínez, una mujer ícono de resistencia.

Calor, alegría, música Costa Caribe, Sucre, Sur de Bolívar, río Magdalena que extiende su influencia sobre Santander. Violencia, dolor, resistencia, mujeres: durante la época de La Violencia, la abuela de María Martínez, Estanislá, caminaba con su pequeña hija de un año para atravesar la plaza de Sacramento, en las inmediaciones de Sincelejo.

Corría la sangre entre liberales y conservadores a finales de los años cuarenta y principio de los cincuenta. Estanislá, a quien conocían como Tani, llevaba a su hija en brazos y la mala fortuna hizo que se topara con varios “godos” como les decían a los conservadores. Entre ellos, dos oficiales. Uno de los cuales era su amigo, su vecino y quien con la fuerza de la ley la hizo detenerse bajo el solazo de la una y media de la tarde. Sin sombra. Decía que esas “cachiporras” no valían nada. Estanislá era la única liberal en su familia.

Y este ha sido uno de los aportes más terribles de la extrema violencia en el país: ponernos a unos en contra de otros, muchas veces sin saber de todo por qué.

Empezaba entonces a verse cómo La Violencia, con mayúscula (y con minúscula) habría de cernirse sobre las mujeres: vejaciones, violaciones, desapariciones. Y este relato de la violencia todavía se desconoce a profundidad pues buena parte de la Historia del conflicto, tanto en la realidad como en la ficción, está aún compuesto de una narrativa desde la perspectiva masculina.

La escritora Beatriz Vanegas Athías, nacida en Magajual, Sucre, pero quien vive en Santander desde hace casi dos décadas, escuchó esta historia en su pueblo natal mientras escribía su primera novela, recientemente publicada por Planeta, “Dónde estará la vida que no recuerdo”, y que se presenta este sábado 3 de septiembre en Ulibro.

“Mi madre me contaba que ‘fulanito de tal’ era conservador en ese tiempo y que se ubicaba en el segundo piso (de su casa). A quien salía después de las diez de la noche y se sabía que era liberal, le disparaba”, cuenta la escritora en entrevista con esta redacción.

Según el relato, fue pasadas las cuatro y treinta de la tarde que el oficial finalmente dejó ir a Estanislá y a la niña, que vomitaba ya su cortísima vida en el hombro de su madre. La mujer corrió con las fuerzas que le quedaban “huyendo del sol, huyendo de la policía, huyendo de aquel hombre que la asesinó y echó por tierra la vecindad que los unía”, pero no había nada qué hacer.

De haber vivido, la niña habría sido entonces la tía de María Martínez, heroína de la novela de Beatriz Vanegas Athías y quien lleva sobre sí la historia de tantas mujeres unidas por el asalto que la violencia perpetró sobre sus cuerpos, sus proyectos de vida y sus sueños en un intento por determinar su futuro, pero a la cual han muchas de ellas han sabido plantar cara y resistirse.

$!La Comisión de la Verdad explica que las mujeres rurales de la región Centroandina son reflejo de resiliencia para romper los ciclos heredados de violencia. Foto: Comisión de la Verdad / VANGUARDIA
La Comisión de la Verdad explica que las mujeres rurales de la región Centroandina son reflejo de resiliencia para romper los ciclos heredados de violencia. Foto: Comisión de la Verdad / VANGUARDIA

María Martínez nace en ese Sacramento que es reflejo de los pueblos de la ribera del río Magdalena, en una vida que se une a la nuestra, a Bucaramanga y a su Área Metropolitana, de maneras infranqueables a través de la llegada de las generaciones que siguieron a las de María, las que nacieron en los años 70’s y 80’s y que llegaron a la región en busca de un destino diferente, huyendo de la guerra entre guerrillas, paramilitares y Ejército que se encarnizó con la ruralidad y tener así la oportunidad de torcer este destino.

La escritora narra de manera magistral los tiempos de la historia de María Martínez y ofrece una perspectiva conmovedora y brillante de lo padecido y sobrevivido por las mujeres en el conflicto armado y, también, en su fuero íntimo: esa violencia de género que es una más de las que se extienden sobre la vida de las mujeres y que ubica su novela a la altura de Los Ejércitos, de Evelio Rosero y Delirio, de Laura Restrepo.

Beatriz Vanegas Athías dice que no sigue “esa premisa de que la literatura es literatura no importa quien escriba, si una mujer o un hombre: esto influye muchísimo porque yo percibo el mundo de una manera diferente a cómo lo percibe el hombre”.

“Es importante que quienes escriban también sean mujeres. Soy radical en eso: la mirada con que la mujer escritora cuenta es diferente a la mirada con la que el escritor hombre cuenta. Hay necesidad de que más escritoras cuenten su versión de la violencia”, explica Beatriz Vanegas Athías.

Y agrega: “Estamos acostumbrados en el canon literario narrativo colombiano a que se nos cuente la violencia desde la perspectiva del hombre, pero hay mujeres que están contando esas historias. No sigo esa premisa de que la literatura es literatura no importa quien escriba, si una mujer o un hombre: esto influye muchísimo porque yo percibo el mundo de una manera diferente a cómo lo percibe el hombre”.

Los procesos de Memoria Histórica con un enfoque feminista, como es el caso del de la Casa Museo de las Mujeres del Magdalena Medio, quiere ser un documento permanente de memoria de las mujeres de la región que les permita a los colombianos reconocer las afectaciones diferenciadas que la guerra produjo a las mujeres e impedir que las nuevas generaciones repitan esta historia.

“Dónde estará la vida que no recuerdo es, en realidad, una carta de amor a la resiliencia de las mujeres populares, rurales.

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Las luchas de María Martínez

María Martínez, dice Beatriz Vanegas Athías, nació de la inspiración de su mamá, de su tía, de su abuela, de las mujeres cuyos testimonios han servido para reconocer cómo la violencia ocupó sus vidas: siempre en medio, tratando de sobrevivir a unos y otros, su cuerpo usado como botín de guerra, recibiendo a sus hijos, esposos, hermanos en bolsas negras.

“Madres que fueron a reclamar a sus hijos y se los devolvieron despedazados. Quise escribir una historia sobre mujeres, pero las mujeres que tenía guardadas eran esas. Lo único que hice fue recrear esas vidas y crear toda una estructura literaria y narrativa, un lenguaje de Caribe, que no me puedo desprender de él”, cuenta Beatriz Vanegas Athías.

El poder de María está en su feminismo, su generosidad, en el poder de servir.
Beatriz Vanegas Athías, Escritora

Tiempo después de La Violencia (el conflicto entre liberales y conservadores que sucedió entre el año 46 y el 58), las mujeres y sus proyectos de vida continuaron suspendidos, ahora, por la cruda guerra entre guerrilla, paramilitares y Ejército.

Entre 1958 y 2017 un total de 15.076 personas fueron víctimas de violencia sexual; el 91,6% eran mujeres, según datos del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Viviana Ayde Vargas Rivera señala en su informe ‘Mujer víctima, violencia de género y conflicto armado... Realidad que persiste’ que según cifras oficiales de la Red Nacional de Información (Unidad para las Víctimas, 2018), el número de víctimas del conflicto asciende a 8.760.290, según el registro hecho a corte del 1 de octubre de 2018. De este número, 4.170.856 son mujeres y “de ese universo de mujeres, 23.875 de ellas fueron víctimas de delitos contra la integridad sexual”.

Mujeres como María Martínez que con sus emprendimientos y aportes a la comunidad lograron sobrevivir lo hicieron a costa de su tranquilidad, de su dignidad y libertad.

“Es sobre su cuerpo que hay violencia porque ella siempre temió que la mataran. A pesar de que era una mujer con mucho criterio, siempre hubo en ella prudencia, autocensura. Era la manera como sobrellevaba a los dos grupos armados y esto hace sin duda que sea una receptora y una resistencia de la violencia”, explica Beatriz Vanegas Athías.

Y agrega: “La guerra ha ocurrido en la ruralidad y no podía contar una historia de amor atravesada por el cine sin que hubiera un contexto como el que vivieron”, señala la escritora.

49.73%

de las 8.347.566 víctimas del país durante el conflicto armado en Colombia son mujeres.

María Martínez trabajó en su juventud vendiendo boletas para el único teatro del pueblo, a donde, como pasaba en Bucaramanga, llegaban las películas de la “Época de Oro del cine mexicano”, con protagonistas fuertes como María Félix, de allí parte la portada del libro.

Otra parte importante de éste es la música, los porros, el vallenato, que narran historias y amores de los campesinos, así como las disputas por el territorio entre grupos armados, la soledad, el despojo y el desplazamiento.

“La guerra ha ocurrido en la ruralidad y no podía contar una historia de amor atravesada por el cine sin que hubiera un contexto como el que vivieron”, dice Beatriz Vanegas Athías.

Las guerrillas de las Farc y el Eln nacieron a mitad de los años sesenta y ocuparon el territorio santandereano el de la ribera del Magdalena Medio, Montes de María y Sucre, y se asentaron rápidamente en estos territorios rurales olvidados por el Estado desde siempre.

Sin embargo, a finales de la década de los ochenta aparecieron las autodefensas, campesinos armados por terratenientes que pronto recibieron el apoyo del Estado y se convirtieron en paramilitares que comenzaron a disputar el territorio a las guerrillas.

En medio de ese conflicto y según el Centro Nacional de Memoria Histórica, “6.356 mujeres han sido víctimas de secuestro, 4.632 víctimas de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes; 1.878 han sido asesinadas en medio de masacres, 1.256 han sufrido acciones bélicas, 606 han sido víctimas de minas antipersonal, 149 son víctimas de atentados terroristas, 113 de daños a bienes civiles y 78 de ataques a poblados”.

“Estas mujeres han sobrevivido a las distintas versiones de la de la violencia: después de la violencia guerrillera vino la llamada “pacificación”, que fue la presencia del paramilitarismo, que es un regreso a la violencia de principios del siglo y fue tan feroz como esa”, señala Beatriz Vanegas Ahtías.

Pero María Martínez se sostiene en su tienda, donde pierde más de lo que gana porque ayuda a quienes se lo piden y a quienes no se lo piden, lo que la lleva a convertirse en un pilar de la comunidad.

$!Beatriz Vanegas Athías. Foto suministrada/VANGUARDIA
Beatriz Vanegas Athías. Foto suministrada/VANGUARDIA
¿Cómo nace “Dónde está la vida que no recuerdo”?

Beatriz Vanegas Ahtías señala que “la novela es una manera de encontrarme con la única patria que uno tiene, que es la infancia. Venía escribiendo sobre de dónde vengo a través de la poesía, pero a veces no alcanza la para contar lo que uno tiene que contar. A veces los personajes se desbordan y se necesita otro tipo de envolturas, que algunos llaman género literario. Yo necesite este”.

La escritora señala que Facebook contribuyó también a traer los recuerdos vuelta, así como de prestar atención a aquellas heridas abiertas “que tenía que cerrar a través de la de la escritura. Como también dice el poeta español José Manuel Caballero Bonald, eran también unas pequeñas venganzas que quería efectuar”.

Además, señala que su novela recogió todos estos recuerdos y personajes dispersos, todas las historias que la acompañaban y que estaban guardadas.

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Paola Esteban

Comunicadora social - periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Desde 2005 hace parte del equipo de Vanguardia, trabajando en crónicas y reportajes premium, los cuales se enfocan en temáticas culturales, población Lgbt, y mujer y género.

Ganadora de un premio Luis Enrique Figueroa en 2007 con ‘Aquí estamos pintados’ y un premio CPB con ‘Diario de una bulimica’ en 2008.

@paola_esteban

Besteban@vanguardia.com

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