El 79% de los municipios dispone sus residuos en sitios adecuados como rellenos sanitarios. Este porcentaje corresponde a la disposición de 25.091 toneladas por día.

Publicado por: COLPRENSA
En 190 municipios del país se generan diariamente 1.446 toneladas de basura que van a parar a botaderos a cielo abierto, las entierran, las queman o terminan en el agua.
Es como si todos los días se botaran 77 mil cajas de manzanas cada una de ellas con 100 unidades con las que servirían 2 millones de vasos de jugo en un restaurante.
En el país y según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios hay 190 botaderos a cielo abierto a lo largo de 23 departamentos que no cumplen con las resoluciones 1045 de 2003 y con la resolución 1390 de 2005, en las que dice, básicamente, que para 2005 tendrían que estar cerrados.
DE SUR A NORTE
De los 39 municipios que tiene Cauca, 25 tienen botaderos a cielo abierto, que en el 2011 recibieron 74 toneladas de basura al día.
Para Jesús Hernán Guevara, director de la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC), en los últimos años se ha avanzado en este tema, ya que lograron un acuerdo en 19 municipios para la construcción de celdas transitorias y asegura que los botaderos a cielo abierto solo están funcionando en poblaciones pequeñas, en las que están buscando que se ajusten a la ley y lleven sus desperdicios a un relleno.
Indicó, además, que la Corporación más allá de sancionar a los alcaldes, busca una solución definitiva a la problemática. "Queremos romper el círculo vicioso que tenemos de investigar, sancionar y no solucionar", subraya Guevara.
Siguiendo por el litoral Pacífico, el Valle del Cauca no sale bien librado. Buenaventura es el municipio del país con mayor número de toneladas de basura sin procesar, toda una bomba de tiempo. En otras palabras, se necesitarían 8 tractomulas con capacidad de 30 toneladas que trabajen 12 horas para limpiar las 222 toneladas de basura que durante un día este municipio deja a cielo abierto.
En el Chocó la fotografía es la misma. Las estadísticas dicen que de los 30 municipios que tiene el departamento, en 16 hay botaderos de basura a cielo abierto, y que uno de ellos está en Quibdó, la capital, con 73 toneladas de residuos diarios.
Damián Mosquera, director de la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible del Chocó (Codechocó), explica que a los municipios se les ha recomendado la construcción de celdas transitorias, y en el caso de Quibdó, es "urgente" el relleno sanitario.
En el norte del país, La Guajira y Bolívar también aportan a la crisis ambiental. Mientras que Bolívar se lleva el primer lugar como el departamento con más municipios con botaderos a cielo abierto, ya que de sus 48 municipios, 27 arrojaron 117 toneladas de desechos en botaderos a cielo abierto al día. La Guajira no se queda atrás con ciudades como Maicao y Riohacha, en donde el año pasado se botaban 271 toneladas de basura en promedio en un día. En el departamento, y de acuerdo con Corpoguajira, el 60 por ciento de la basura no se dispone en rellenos autorizados.
EL OLOR DE LA BASURA
En Chiriguaná, Heriberto Fragoso no parpadeó ante la docena de mosquitos que lo escoltaban. Ni se inmutó. Parecía más preocupado por espantarlos de su carro que hasta les hablaba -¡bájense, carajo!-, decía mientras sacudía un trapito rojo con el que también se limpiaba el sudor.
Fragoso, que no es de allí sino de La Jagua de Ibirico, a una hora de distancia, y tiene los brazos y el rostro aporreados por el sol, se convirtió en un esporádico baquiano de los botaderos de basura a cielo abierto de estos dos municipios del Cesar, cuya fama va más allá de su bonanza carbonera. Sus 54 mil habitantes votan ocho toneladas de basura en lugares clandestinos en un día.
En La Jagua y antes de que Fragoso comience la maratónica labor de espantar mosquitos en Chiriguaná, sus habitantes coinciden en que hoy no es un buen día para hablar de basuras. ¡Ya las recogieron! "Amanecimos en el paraíso, ayer todas las calles eran un basurero. No le miento. Aquí pueden durar semanas sin recogerla. El basurero nuestro son las calles", dijo una vendedora de jugos, mientras pedía que no escribiera su nombre.
Virgilio Calderón, director de la Corporación Ambiental del Cesar (Corpocesar), reconoce que el problema de La Jagua es mayúsculo. Afirma que aunque es un municipio minero no tiene resuelto su problema de disposición final de las basuras, calificándolo como el más grave de la región, ya que sus autoridades no saben qué hacer con las 12 mil toneladas que generaron sus 11 mil habitantes, el año pasado.
Sin embargo, y según datos de la Superintendencia de Servicios, el de Chiriguaná es el caso más dramático de la región con siete toneladas que su administración no sabe dónde poner en un día.
En el Cesar y según Corpocesar, se han cerrado 14 basureros a cielo abierto desde hace tres años. No obstante es claro que esta medida no ha sido suficiente debido a que, según la Corporación, de las 500 toneladas de basura que se producen a diario, el 50 por ciento no van a un relleno sanitario.
Ya en Chiriguaná y después de hacerle un diagnóstico básico, sin otro elemento distinto al olor a tierra mojada, Fragoso sentencia que la basura la tapan. "No hay que ser ingeniero para ver que aquí hubo una retroexcavadora que la escondió", dice Fragoso mientras se sacude los zapatos antes de montarse al carro al que no le cabe un mosquito más.
En Magdalena y ya para terminar, los 29 municipios, a excepción de Santa Marta, están sancionados por disponer 72 toneladas de basuras diarias en lugares no aptos.
Aquí en Fundación (Magdalena), por ejemplo, todos saben dónde queda el basurero, pero también todos lo niegan. Hablan de ese potrero inundado de desechos con tal gravedad que sin llegar, ya uno se quiere devolver.
Las razones por las que ningún mototaxista llega hasta el basurero van desde que es muy lejos, queda a unos 10 minutos del centro del municipio por una carretera sin pavimentar y laberíntica, y por su fama de peligroso. "Nos pueden atracar, seño, si quiere yo le cuento cómo es, pero es mejor que no vaya", dice un mototaxista bañado en sudor.
Este es un basurero tenebroso, no solo por el olor a animal muerto, a comida podrida, a agua estancada y a mierda, por los cientos de mosquitos que tratan de meterse en los oídos, en la nariz y en la boca, sino también por la aparición de docenas de recicladores completamente tiznados que se camuflan en medio de las toneladas de basura. Aquí no se recicla ni cartón ni papel ni vidrio, no, lo que buscan tras las quemas que provocan es cobre.
Ahí, bañada en sudor, con un costal en la mano izquierda y con un pedazo de hierro en la derecha aparece mimetizada Carmen Orozco. Saluda en un tono de felicidad, con un buenos días tan potente, que asusta. La sigue un niño de no más de 10 años, también bañado en sudor. Sin zapatos y tiznado, sí, desde el dedo gordo del pie hasta su pequeña frente tiene rastros de tizne. Él también sonríe sin razón.
Doña Carmen habla moviendo un hierro. Ahora está diciendo que ayer sacaron 16 mil pesos en cobre y que de esa plata comen dos familias. "Pero hoy" y en este instante, se pone el hierro en cuello y pone expresión de terror, "no hemos sacado nada" y sin más ni más comienza a caminar entre tarros y pañales, empaques de galletas sin galletas y humo denso que los desaparece.














