La polémica por lo que se ve en la llamada televisión real exige una reflexión del televidente, dicen expertos.

Publicado por: COLPRENSA
Llevan más de una década en la televisión. Son un formato popular, que encontró una excelente respuesta del público, pero también son polémicos o por sus acciones o por los personajes que protagonizan esa realidad al otro lado de la pantalla del televisor.
Y sin embargo, están ahí para quedarse. “Son una forma más del entretenimiento”, dice Andrés Burgos, director de la película Sofía y el terco, pero quien también ejerció como subdirector de contenido de una edición anterior del reality Protagonistas, cuando se apellidaba “de Novela” y no “de Nuestra Tele”.
“Es parte de un formato establecido, que va a seguir ahí. Es parte integral de la televisión y como en los dramatizados, hay de todo tipo. La gente se va acercando al que más le guste, identifique o entretenga”, opina el guionista y ahora cineasta.
Opinión similar a la del crítico de televisión Ómar Rincón, quien sostiene que se trata de un formato más, de un programa de televisión más.
“Creo que están haciendo televisión buena, en el sentido de lo que quieren hacer, de generar rating. El otro debate es el social y es ahí donde la sociedad tendría que actuar distinto para no jugarle a eso”, dice Rincón.
Del voyersimo al escándalo
El Jefe del pregrado en Comunicación Social de Eafit, Jorge Bonilla, los realities son “un formato innovador, fácil de hacer, no es costoso y que genera mucho rendimiento y rentabilidad”.
Agrega, además, que mucho de en lo que las sociedades modernas se han convertido: fascinada con la vida íntima de los otros y con la vigilancia y la seguridad y, por lo tanto, los escándalos que generan los realities, como la crisis de valores, son el iceberg de lo que pasa en la sociedad.
“Más que reflejar la realidad, interpretan una sociedad que quiere culpar de todo a la televisión”, argumenta.
Una posición compartida por el magíster en Historia e investigador Eduardo Domínguez, para quien no hay ninguna ética en hacerlos, ni en quienes participan ni en quienes los promueven. “Rompen con la moral humana, en el sentido de la tradición de lograr una mejor convivencia”.
¿Y, entonces, por qué cautivan a los espectadores?
Hay una trama, gente que debe superar obstáculos para obtener una recompensa. En este caso es convertirse en una celebridad, sostiene Bonilla.
“Allí no se expresa el talento de las personas, sino cómo saben convivir. La tarea humana de vivir con otros y cómo se expresan los sentimientos y las pasiones: amor, odio, venganza, deseo, atracción” y eso cautiva.
Tras el espectáculo que se ve en la pantalla, además, hay un proceso de dramaturgia, de acuerdo con las situaciones que se presentan, explica Burgos. Y aparecen entonces los tradicionales roles de un dramatizado: buenos, malos, amigos, enemigos, con los que el televidente se identifica u odia.
“Hay un trabajo de edición y de armar las situaciones, de incentivarlas. Es pura inducción. Tiene que ver con las características de los personajes que están en el reality y con las actividades que los reúnen”, agrega el cineasta.
Y hay diversión y entretenimiento, que luego genera conversaciones ciudadanas en la vida real y en la virtual, no por nada el #PDNT ha sido uno de los hashtag más comunes esta semana en la red social Twitter.
El debate social
Honestidad. Eso es lo que pide Ómar Rincón a los canales. “No soy amigo del control de contenidos”, agrega, pero sí de que se exprese con claridad qué es lo que se busca.
“Hacemos este programa para ganar plata y punto, eso deberían decir”.
Para el académico Bonilla sí debería existir la pregunta sobre qué tanto aporta este tipo de contenidos a la democracia, a la ciudadanía y a la vida de las personas y si se pueden construir propuestas que de interactuar con el otro que no sean exponiendo lo más bajo de la condición humana.
¿Qué hacer? “Usar lo que hace 300 años estamos intentando: la razón. Se necesita conciencia crítica, tomar la decisión de quitarlo”, opina Domínguez.
O no pararle bolas, como concluye Rincón. “Básicamente son los medios de comunicación son los que establecen el interés. En el momento en que todos le dan importancia, le dan fuerza, dirigen hacia allá la atención pública. Por es un debate más de los medios”, dice el crítico de televisión y repite la clave para restarle importancia: “Asumir que es un programa de televisión común y corriente”.














