Colombia
Jueves 18 de octubre de 2012 - 06:17 PM

Contrastes y sorpresas marcaron la instalación de la mesa

La instalación de la mesa de negociación, fase II de los diálogos de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc, ha servido para recordar que, a pesar de los acercamientos y del optimismo que ha generado esta iniciativa de paz, a las partes todavía las separa un mundo.

Contrastes y sorpresas marcaron la instalación de la mesa (Foto: AFP/VANGUARDIA LIBERAL)
Contrastes y sorpresas marcaron la instalación de la mesa (Foto: AFP/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: COLPRENSA

El acto tuvo lugar en la tarde de este jueves, en el salón de conferencias del Hotel Hurdalsjoen, un hospedaje campestre a orillas del lago Hurdal, ante un auditorio ocupado por cerca de 150 periodistas de medios colombianos e internacionales.

A pesar de la estricta supervisión de los funcionarios del Ministerio de Relaciones de Noruega, uno de los dos países garantes del proceso (el otro es Cuba), los equipos negociadores hicieron su aparición media hora después de lo convenido.

Un nuevo retraso que se sumó a una larga lista de contratiempos, confusiones y malentendidos que las versiones oficiales insistieron en minimizar, pero que quedaron al desnudo a lo largo de las tres horas que duró la comparecencia pública de los equipos negociadores.

Luego de las intervenciones de los representantes de Noruega y Cuba, el ex vicepresidente Humberto De La Calle Lombana, jefe de la misión gubernamental, hizo un sumario conciso de la posición del Gobierno, acentuando la importancia de la confidencialidad, el respeto entre las partes y el realismo de los objetivos planteados.

De La Calle habló de "un día memorable" y ahondó en las condiciones que diferencian este proceso de las iniciativas anteriores para poner fin al conflicto armado colombiano.

En todo momento, el ex Vicepresidente, único miembro de la delegación del Ejecutivo que hizo declaraciones públicas, se preocupó por formular un discurso incluyente y cargado de prudencia.

Reconoció que, a pesar de los avances, el Estado debía garantizar la protección de todos los actores de la vida política nacional para que no se repitan las tragedias del pasado.

"Las Farc tienen su propia visión del mundo, y la respetamos (…) No queremos que depongan sus ideas, sino que depongan las armas", apostilló.

Cuando le llegó el turno a Luciano Marín, alias ‘Iván Márquez’, jefe de la delegación del grupo guerrillero, el contraste fue evidente. El segundo hombre en importancia de esa organización inició su intervención citando a ‘Manuel Marulanda Vélez’, fundador de las Farc.

Pronunció un discurso extenso, adornado de numerosas licencias líricas y cargado de estadísticas, en el que además hizo referencia a Simón Bolívar, el romancero español, Cicerón y Gaitán.

Fue casi un llamado a la guerra, en el que justificó constantemente el accionar de su organización, y describió las políticas económicas del Gobierno, incluida la iniciativa de restitución de tierras, como trampas y meros artificios diseñados para formalizar las conquistas de la guerra sucia.

Pero sus señalamientos no se limitaron a los genéricos, pues se refirió con dedo acusador a varias multinacionales mineras, e incluso a personalidades del sector empresarial como Luis Carlos Sarmiento Angulo o el propietario de Avianca, Germán Efromovich. Ni los hijos del ex presidente Álvaro Uribe ni el ex vicepresdiente Francisco Santos, escaparon de la quema.

LOS CONTRASTES

Cuando llegó el momento de las preguntas de la prensa, cada delegación respondió por separado, pero era evidente el malestar en los emisarios del Gobierno por el discurso de ‘Márquez’.

Humberto De La Calle insistió una vez y otra que las Farc debían ceñirse a lo consignado en el Acuerdo General firmado en La Habana, descartando de plano que las políticas económicas del Gobierno fueran uno de los temas a discutir.

"Las Farc le deben dar la cara a sus víctimas", declaró el ex Vicepresidente, cada vez más exaltado y aseguró que cualquier acuerdo de paz se haría en consonancia con las obligaciones en materia de derechos humanos que exigen los tratados internacionales.

Por su parte, los delegados de las Farc, que respondieron colectivamente las preguntas de la prensa, sugirieron que debían ser otros los que tendrían que responder por sus crímenes, los responsables del "terrorismo de Estado", y no consideraban lógico pagar penas en la cárcel cuando el Congreso de Colombia era "un antro de corrupción".

Varios de los representantes del grupo guerrillero aludieron a las claras señales de molestia de su contraparte, e incluso ‘Jesús Santrich’ le envió un abrazo a Humberto De La Calle "con los brazos del alma".

En varias ocasiones, los miembros del equipo negociador de la guerrilla pidieron la presencia en la mesa de Ricardo Palmera, alias ‘Simón Trinidad’, quién purga una condena de 60 años en una cárcel de máxima seguridad en los Estados Unidos.

De hecho, incluyeron un letrero con su nombre al lado de los suyos, poniendo en evidencia la silla vacía del "compañero injustamente encarcelado".

Si el símbolo de la apertura de las negociaciones del Caguán fue la silla vacía de ‘Manuel Marulanda Vélez’, aquí en Oslo fue la de ‘Simón Trinidad’, que podría representar lo lejos que está, todavía, un acuerdo definitivo entre las partes.

Publicado por: COLPRENSA

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