'Viejo es aquel que tuvo la suerte de llegar a la vejez' es la primera obra de esta encantadora mujer, que a través de experiencias personales comprendió que la tercera edad, puede llegar a ser la etapa más hermosa del ser humano.

Publicado por: COLPRENSA
Luz María Londoño pasó de ser la hermana del ex ministro Fernando Londoño a ser una excelente escritora que le enseñó a los viejos y por qué no, a la juventud, a dejar atrás el miedo a la vejez, a esa edad madura en la que la gente piensa que es un inútil y no una persona que aún puede aprender más de la vida y fortalecer su espíritu.
'Viejo es aquel que tuvo la suerte de llegar a la vejez' es la primera obra de esta encantadora mujer, que a través de experiencias personales comprendió que la tercera edad, puede llegar a ser la etapa más hermosa del ser humano.
Su libro, que ya avanza por su séptima edición, es un compendio de reflexiones propias y de otros autores que llenarán de paz y calma a aquel que lo lea y asimismo, lo llevará a ilusionarse con la vejez y a comprender aún más a los seres que viven esta edad.
Luz María le contó a Colprensa las satisfacciones alcanzadas gracias a su obra y aprovechó para enviar un consejo a todas las generaciones para que aprenda a apreciar lo hermosa que puede llegar a ser la vejez.
-¿De dónde surgieron todo este tipo de reflexiones que vemos en el libro?
Este libro lo concebí por miedo a la muerte y a la vejez. Desde hace mucho tiempo venía pensando y veía personas de edad y me dije ¿qué sentirá quien sabe que le queda poco tiempo de vida? porque yo no estoy vieja, pero si hablan de una cosa que va a pasar dentro de 20 años yo inmediatamente hago la cuenta y digo creo que ya no lo alcanzo. Me parecía terrible, miedoso y angustiante.
Cuando ya llegué a una edad en la que sentí que no era joven, pensé en escribirles a mis hijos un diario en el que ellos pudieran sentir lo mismo que yo, de lo que hacía, pensaba y de toda la gente que estaba cerca a mi y eran mayores de edad. Empecé a tomar noticas y a mirar mucho al viejo y a pensar sobre la vejez, ya que a esto, yo no le ponía mucho cuidado, más bien pensaba en espantarlo. Al tomar las notas de pronto dije esto está bonito, hay cosas que me quedaban muy bien, me animé y dije lo que voy es a escribir sobre el viejo y la vejez.
-Una persona tan ligada a la literatura desde que era una niña ¿por qué decide escribir un libro hasta ahora?
Voy a contar una anécdota con mi hermano Fernando. En la casa todos éramos muy aficionados a la literatura, yo tenía 17 años y él 13, escribí unos poemas y no sabía a quién mostrárselos, todo el mundo sabe lo difícil que es mostrar lo que uno escribe, entonces le dije: Fernando quién habrá escrito este poema tan bonito, aún no logro saberlo, él lo cogió lo leyó muy seriamente y me dijo: “eso tan malo debe ser tuyo” (risas), entonces ahí quedaron frustradas todas mi aspiraciones literarias. Siempre quise participar en los concursos de cuento, pero me casé, tuve mis hijos y no pude. Este era el momento preciso para hacerlo, ahora no tengo compromisos de ninguna clase.
-¿Por qué le pidió el prólogo a Plinio Apuleyo Mendoza?
Lo admiro mucho, Plinio es uno de esos escritores que me produce ese deleite cuando leo. Un día lo estuve visitando y le hable mi afición por Azorín, se levantó como un resorte y me trajo un libro de él, de su juventud y desde allí me pareció que mi libro merecía a Plinio.
LA ACTUALIDAD DE LA VEJEZ
-¿Cómo cree que está la vejez en el mundo? ¿Cómo los jóvenes están cuidando a sus viejos?
En general y una de las cosas por las cuales escribí el libro, es que en muchas partes del mundo es tal la velocidad y la energía que se necesita para seguir la vida, que la vejez se queda muy atrás de la evolución y el ritmo del mundo. Entonces, eso ha hecho que el viejo se sienta absolutamente inútil en un momento dado. Es decir, al primer celular de estos que aparece, uno no es capaz de aprender a prenderlo, eso ya para qué, esto se acabo, eso no sucedía antes la diferencia entre una generación y otra, hoy en día sí. El viejo se fue quedando atrás y la sociedad también, no es maltrato es que lo ignora, no hay ningún respeto por él. La autoestima del viejo está por el suelo y me parece, ese mérito si me lo atribuyo, yo creo que ha sido el éxito del libro, yo les digo, no señor usted es una maravilla que los demás no se han dado cuenta.
-¿Siente que con este libro usted ya le perdió el miedo a la vejez?
Totalmente, uno de mis hijos me decía, ‘mamá, no es que yo quiera ser viejo, pero tengo ilusión de serlo’. Si le he perdido el miedo porque es una cosa grandiosa, es esa etapa del espíritu, lo otro es lo físico y lo material, donde se requieren unas capacidades enormes, lo otro es la espiritualidad, la paz, el empezar a trascender. Es que el viejo empieza a trascender porque las circunstancias le ayudan. Cuando uno empieza a ver que ya no es bonita y que no le queda la ropa, uno traslada toda esa energía que le ponía a las cosas, busca en qué ponerla y ¿qué es lo que se encuentra? Que lo que hay es el espíritu.
-¿Qué tiene para decirle a esas personas que les da miedo verse viejos?
En la vejez definitivamente se pierden muchas cosas, estamos en la época en que le dicen a uno “se ve que fue bonita”, entonces acostumbrase a eso es difícil. Mientras tú vas perdiendo condiciones físicas o intelectuales, te va creciendo otra parte, no hay ningún miedo. La vejez es como cualquier otra etapa de la vida, ninguna de ella es la panacea, la niñez también es dura.
-¿Qué le dijo su familia luego de leer el libro? Por ejemplo su hermano Fernando...
Fernando se volvió el fan número uno, tuve el valor de mostrárselo (risas). Cuando lo terminé se lo mostré a un par de personas amigas que me daban muchísima confianza porque son intelectualmente valiosas y les fascinó. Entonces ya con ese aval me fui a donde mi hermano y quedó fascinado, inclusive, fue a donde mi mamá y la regañó por no haberme dejado estudiar. Él es quien me ha ido animando todo el tiempo porque dice que el libro es solo espíritu, y mis hijos, creo que están muy orgullosos de mi, mis nietos le toman fotos en donde lo encuentren.
-Siendo la literatura tan amplia ¿en qué se basó para escoger las citas de esos autores que señala el libro?
Gustavo Restrepo que fue una de las personas que me ayudó a corregir, tal vez es el único que me ha dicho que fue un trabajo gigante, porque si uno mira las citas, casi todas tienen mucho que ver con lo que digo. Si fue muy difícil encontrarlas, no fue que yo acomodara la cita con una frase mía, simplemente coincidían con lo que estaba pensando y me encontré con maravillas.
-De sus reflexiones ¿cuál es la que más destaca?
Hay varias, hay una que me gusta muchísimo porque veo el desconcierto de mis amigas con relación a sus hijos y dice: 'el viejo ama sin pedir retribuciones porque siente, porque comprende que esos, que aún siente como suyos, ya no lo son y tienen gran parte de su amor comprometido'. Es que uno tiene a sus hijos, ellos luego se casan y se comprometen con la familia que están formando y ya uno pasa a un segundo plano.
-¿Qué satisfacción le dejó su libro?
Enorme, porque absolutamente todo el que ha hablado conmigo dice que le ha servido, que es un consuelo y lo tiene al pie de la mesa de noche para verlo todo el tiempo, cuando se siente triste o aburrido lo mira y se reconcilia.
-¿Qué paso con el sueño de estudiar filosofía y letras?
En el colegio yo era la dura en filosofía y me fascinaba. Mi casa era de un ambiente intelectual enorme, pero mi papá era retrogrado a morir y cuando salí del colegio y dije que quería estudiarla me respondió que ni riesgos, que él tenía muchos libros en la biblioteca, que los leyera y que lo que no entendiera, él me lo explicaba. Entonces eso quedó frustrado, si he leído, tomé cursos en la Universidad Javeriana y sí siento que me truncaron esta vocación.
-¿Tiene un libro que disfrute más que cualquier otro?
No, eso si sería muy difícil, no soy aficionada a un autor o a un estilo definido, por ejemplo 'El principito' es una cosa que me parece preciosa. Yo diría que Ortega, porque su obra es muy amplia, me podría quedar leyéndolo el tiempo que quiera, lo hice en muchas ocasiones, más que como literatura, como filósofo.
¿Algún otro proyecto literario en mente?
Sí, pero está en total reserva (risas).













