domingo 28 de noviembre de 2021 - 10:37 AM

Así fue la tragedia del avión del Chapecoense, que conmemora 5 años

Con la salida del sol quedó en evidencia la tragedia. El avión que había surcado los cielos, atravesado los Andes, estaba despedazado sobre el suelo. Solo quedaba una maraña de hierro retorcido, informe, en medio de un terreno quebrado, pantanoso.
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Entre las vísceras del avión sobresalían guayos, guantes, camisetas. Acababa de ocurrir la tragedia del fútbol mundial, que entristeció a todos los continentes y ciudades, que dejó una huella imperecedera en un pueblo del Oriente antioqueño.

Han pasado cinco años desde que el avión en que venía Chapecoense, un humilde equipo del sur de Brasil, se estrelló en La Unión, Antioquia. Setenta y un personas murieron en el accidente, entre deportistas, periodistas, dirigentes y tripulantes.

El recuerdo de los fallecidos, pese a que un lustro ha pasado, es imperecedero. El cerro donde se estrelló el avión es hoy un lugar de peregrinación. En el lugar se conservan las llantas de la aeronave y hay un pequeño avión a escala que hace honor a las víctimas.

Pero la tragedia fue más que desconsoladora. Solo dos días después de acaecida, más de 30.000 personas se reunieron para despedir a las víctimas en el Atanasio Girardot.

Fue tal la magnitud, la tristeza de la ciudad, que las puertas del estadio tuvieron que cerrarse para evitar una nueva tragedia. Miles de personas se agolparon, tratando de entrar, empujándose. En la carrera 74, frente el Obelisco, se instaló una pantalla que retransmitió el homenaje.

Las 30.000 personas presentes cantaron al unísono “Vamos vamos chapé”, la arenga insignia del club brasileño. Hinchas de Nacional y Medellín, de sus barras Los Del Sur y la Rexistenxia, se unieron en un solo grito.

Dos días después del homenaje, los 71 cuerpos fueron repatriados. La mayoría de ellos viajó al sur de Brasil, a la pequeña ciudad de Chapecó; otros, los de la tripulación, volaron a Bolivia.

Se les despidió como a héroes, con pompa, aunque con una sentida tristeza, con una desgarrada marcha fúnebre. Era la despedida definitiva de Medellín. La física, porque los lazos entre Medellín y Chapecó se hicieron sempiternos. Ahora las ciudades son hermanas.

En Chapecó, las víctimas recibieron otro homenaje. El estadio Arená Condá, en donde se iba a jugar la final de la Copa Suramericana, se tiñó de verde y blanco. Aunque la pelota nunca rodó, los jugadores fueron reconocidos como campeones, pues Nacional, en un gesto loable, cedió el campeonato al equipo brasileño.

En estos cinco años, la relación entre Chapecó y Colombia se ha mantenido firme. En el parque principal de La Unión hay una placa que hace homenaje a las víctimas de la tragedia. A las afueras del Atanasio Girardot, en Medellín, un mural que recuerda al equipo brasileño.

Este domingo 28 de noviembre, como recuerdo de los cinco años de la tragedia, la gente de La Unión se reunirá a las 11:00 a.m., en la escuela rural de Pantalio para conmemorar estos cinco años con una eucaristía.

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