lunes 02 de diciembre de 2019 - 1:20 PM

Camilo Daza fue el primer colombiano que piloteó un avión

El nortesantandereano obtuvo en 1919 su diploma de aviador y mecánico aeronáutico.
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El pamplonés Camilo Daza, quien es considerado como el precursor de la aviación en el país, fue el primer colombiano que piloteó un avión en 1919, año en el que recibió su diploma de aviador y mecánico aeronáutico, el 20 de marzo.

Su título lo obtuvo en Estados Unidos, donde sobresalió por su pericia al verse obligado a aterrizar con una sola rueda en ese primer vuelo, pues, al despegar, la llanta derecha del avión se estalló ocasionando el rompimiento del soporte de la rueda, situación de la que solo se percató a pocos metros de aterrizar.

Una pasión que se hizo evidente desde niño

Camilo Daza nació el 25 de junio de 1898, en el hogar conformado por don Antonio Daza y doña Elisa Álvarez, y su interés por la aviación se vio desde su infancia, que transcurrió entre la hacienda familiar ‘La Caldera’, entre Mutiscua y Pamplona.

Allí, a sus 12 años, dedicó varias semanas a la construcción de un artefacto conformado por dos alas rígidas de madera de balso y tela común ajustado al cuerpo y a los brazos mediante lazos y cabuya, con el que se lanzó al vacío desde el altillo de la casa. Hazaña que le habría podido costar la vida.

En 1993 viajó a Bogotá y después a España con su familia, donde ingresó a la Escuela Industrial de Terraza, la mayor institución en el aprendizaje de la mecánica.

Después su padre lo llevó a Estados Unidos, donde decidió unirse a la Escuela de Curtis para ser aviador, por lo que su papá le quitó toda la ayuda económica.

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Vuelve a Colombia

Tras recibir su diploma regresó a Colombia, en 1920. Se reconcilió con su padre y también ingresó a la Sociedad Nortesantandereana de Aviación.

Dueño de un avión biplano Curtiss JN-4, Daza llevó a cabo numerosos vuelos regionales, siendo uno de los de más trascendencia en el que llegó a Pamplona, el 16 de marzo de 1923, superando los riesgos de la abrupta topografía y que culminó en un aterrizaje forzoso del que sobrevivió increíblemente.

Reparado el aeroplano, el nortesantandereano extendió después sus viajes a Bucaramanga y Chiquinquirá, hasta su llegada a Bogotá, donde estableció su base de operaciones en la ejecución de vuelos diarios, transportando pasajeros ávidos de experimentar la emoción de las alturas.

El 12 de octubre de 1925, un fracaso al intentar el despegue nocturno, hizo que el avión en que viajaba se incendiara, pero él emergió vivo. A lo largo de su carrera como piloto sufrió más de 30 accidentes, sobreviviendo milagrosamente a todos.

Además, fue condecorado en varias ocasiones por sus servicios en la aviación militar, como piloto e instructor, le hicieron merecedor del rango de Brigadier General Honorario.

Ingresó a la Aviación Militar Colombiana con el grado de subteniente y fue experto instructor de vuelo y piloto de transportes aéreos, participando también en las escuadrillas de guerra que defendieron la soberanía nacional frente a la invasión del Perú a Leticia, entre 1932 y 1933.

Comandando una escuadrilla de la Escuela de Aviación, Daza trazó nuevas aerovías en las regiones del sur y norte de Santander y los Llanos de Oriente.

En España calificó como hábil aviador en la operación de autogiros, novedosa concepción aeronáutica, mezcla de avión y helicóptero a la vez. También allí escapó de la muerte, cuando sufrió el más grave de los 37 accidentes registrados en su agitada vida profesional.

Retirado temporalmente del servicio activo militar, Daza creó su propia empresa aérea comercial en los Llanos Orientales y posteriormente la escuela de aviación ABC, en proximidades de Bogotá

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Así mismo, Daza impulsó la expansión internacional de los vuelos de esa empresa hacia Cuba y Venezuela y apoyó la construcción de aeropuertos propios en Bogotá, Barranquilla, Cartagena y Cúcuta.

El gobierno nacional lo nombró director técnico para las obras de construcción del nuevo aeropuerto internacional El Dorado, en la capital de Colombia, en la que que aportó su infatigable dedicación.

Se aproximaba a los 63 años de vida, cuando superó la barrera del sonido en vuelo, invitado por el comandante de la escuadrilla acrobática de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, quien visitó Bogotá.

Al siguiente decenio, el gobierno nacional le otorgó el grado de brigadier general de Aviación, en categoría honoraria, cuyos distintivos le fueron colocados en imponente ceremonia militar, como máximo reconocimiento a su meritoria trayectoria y su constante consagración al progreso de la aeronáutica colombiana.

Murió el 18 de marzo de 1975, en el Hospital Militar de Bogotá.

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