viernes 16 de agosto de 2019 - 12:00 AM

¿Cómo opera la justicia animal?

Un oso en Barranquilla y una osa en Medellín, representados por un tercero, esperan que la justicia colombiana emita fallos en defensa de su bienestar, tal como lo contempla la Constitución.
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Dos casos sobre la justicia con animales concentran la atención en este momento en el país.

Uno es el caso del oso Chucho en Barranquilla y el otro el de la osa Remedios en Medellín.

Desde la expedición de la Ley 1774 de 2016 los animales son considerados como seres sintientes, es decir, no son cosas, por lo tanto, recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial el causado directa o indirectamente por los humanos.

Y aunque la ley opera en la protección de los animales, un mecanismo constitucional como el “habeas corpus” no pudo ser aplicado para resolver el pleito de la osa Remedios en Medellín, que buscaba asegurar que a esta osa de anteojos se le respetara el derecho a vivir en su hábitat natural”, ya que el Tribunal Superior de Medellín considera que ese recurso es exclusivo para solicitar la libertad de los seres humanos.

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Además, hay que recordar que la semana pasada la Corte Constitucional hizo una audiencia pública sobre la acción de tutela instaurada por la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla -FUNDAZOO- contra la Corte Suprema de Justicia y el centro de discusión fue el oso Chucho.

Diego Hernández, docente de Derecho de la Universidad Industrial de Santander, considera que “otros casos, que también ha estudiado la rama judicial, vía tutelas o a través del habeas corpus, han pretendido hacer extensivas las acciones en protección a los derechos y la libertad de los ciudadanos a los animales no humanos. Casos como el del perro “Negro”, en Bucaramanga, o el famoso caso del oso “Chucho”, ponen en discusión esta ampliación del paradigma de protección que deben analizar los jueces, en cada caso”.

Finalmente, considera el docente de la UIS que “la discusión de si los animales son o no sujetos de derechos parece ser una discusión “semántica”, de uso de palabras, pero, los seres humanos también hemos luchado por siglos porque el derecho declarara en leyes o en sentencias que tenemos derecho a aquello que no se nos reconoce o protege, por lo que en el derecho, de lo que se trata muchas veces, es de posibilitar el uso de palabras que luego podamos emplear para defendernos de otros o para defender a otros de los abusos a los que puedan verse sometidos”.

Para Hernández, la discusión del oso “Chucho” ante la Corte Constitucional, plantea un escenario democrático para reconfigurar el rol del ser humano en el planeta, y nos pone a tono con una discusión mayor sobre el cambio climático y los derechos de la naturaleza, en los que definitivamente la protección de todas las formas de vida resulta definitiva.

Incluso, la jurisprudencia en Colombia ha sido más protectora en torno al respeto de ecosistemas, como el Río Atrato, la Amazonía, en donde a través de fallos judiciales se ha considerado que estas manifestaciones de la naturaleza, distintas al ser humano, pero en estrecha relación con la vida de todos los seres vivos del planeta, deben reconocerse como titulares de derecho, y así lo han declarado.

Acciones legales

Carlos Andrés Muñoz López, Director de la firma Abogato jurídico, Abogado, Filósofo, con Maestría en Bioética y Docente universitario, señala que habeas corpus como figura aplicable a los animales es un debate amplio, no solo en Colombia sino en el mundo.

Sobre el debate que actualmente adelanta la Corte Constitucional, Muñoz López, advierte que “la Corte va a decidir si aplica o no el habeas corpus, pero también puede suceder que diga que no opera porque puede ser para seres humanos y para seres animales aplica una acción (que no sabemos cómo se llama) que perfectamente la puede crear”.

Por tanto, apenas la Corte emita un fallo, ya se convierte en un precedente y los juzgados tendrían que empezar a utilizar este tipo de herramientas para proteger a los animales, aunque actualmente no está muy clara, tampoco está negado, señala el Director de Abogato.

“Hace falta la directriz de la Corte para saber cómo proceder, porque en el caso del oso chucho los expertos recomiendan no liberarlo de cualquier manera porque es un oso ya viejo y que además siempre nació en cautiverio”, reconoce Muñoz López.

Justicia y humanización

La humanización es un término que algunos lo toman como positivo o negativo, entonces si humanizar es proteger a partir de los valores que tenemos como humanidad, pues los estamos humanizando, pero no sería nada malo; pero si entendemos que la humanización riñe con la animalidad y por eso estamos sacrificando su naturaleza, sería algo negativo, como lo que sucede con animales silvestres que quieren ser domesticados y la gente piensa que teniendo un mico o un loro en la casa les está haciendo bien, cuando en realidad no, porque les está quitando su animalidad, considera el Director de Abogato.

Practicas de sobreprotección
Alejandra Orduz, médica veterinaria, considera que la “humanización” de las mascotas ocurre cuando sus propietarios se exceden en cuanto a prácticas de sobreprotección, es decir, cuando le manejan su plan sanitario, vacunas, cuando se le maneja su hambre y sed a voluntad y no lo dejan ser perro o interactuar con otros de su especie.
La experta considera que los perros tienen un comportamiento de sociabilización con la manada, pero hay personas que no los dejan ir al parque a jugar con otros de su especie o cuando defecan y en todo momento están limpiándolos con pañitos húmedos, en ese cuidado extremo es cuando se ve la humanización de la mascota.
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