martes 15 de septiembre de 2020 - 9:10 AM

El 69% de los fallecidos por Covid-19 en Colombia son de estratos 1 y 2

El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane, publicó hace dos semanas el informe de Estadísticas Vitales y defunciones por coronavirus en Colombia en el que revisó, entre el 2 de marzo y el 23 de agosto pasado, 17.803 muertes confirmadas por Covid-19.
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Ese panorama ya lo tenía el país relativamente claro, pero lo que no se había estudiado era cuántas se registraban por estrato socioeconómico y qué factores eran determinantes.

Según el informe, los estratos bajos son los que más soportan la mortalidad.

Por ejemplo, el estrato 1 tiene el 34% de los decesos, mientras que el 2 tiene 35% y el 3, el 21%. Es decir, de ese total, estos tres estratos tienen 16.076 muertes; mientras que los estratos 4 (4%), 5 (1%) y 6 (1%), los decesos representan el 6% del total, es decir, 1.068 fallecimiento por cuenta del virus en esta población.

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Y al revisar indicador en las ocho regiones con más muertes, que son Bogotá, Atlántico, Valle, Antioquia, Córdoba, Bolívar, Cundinamarca y Magdalena. Se encuentra que la región que más concentró la mortalidad en el estrato 1 fue Atlántico, con el 7,8% mientras que en el estrato 2 aparece Bogotá, con 11%.

Sobre este documento, el Dane señala que se hace con el objetivo de “determinar con precisión cuántas personas mueren a causa de Covid-19”, pues es uno de los principales desafíos en el seguimiento que se efectúa al comportamiento de la pandemia”.

Análisis del reporte

Jairo Humberto Restrepo, director del grupo de Economía de la Salud de la Universidad de Antioquia, sostiene: “La covid a nuestro país fue importada por personas que tuvieron la oportunidad de estar en el exterior o extranjeros que vinieron al país, es decir, lo trajeron personas de ingresos medios y altos”.

Su mensaje tiene que ver con que, en marzo, cuando se detectó el virus en Colombia, el pico de contagios se estaba registrando en Europa y los turistas colombianos se contagiaron.

Además, plantea que, al entrar con otros ciudadanos de clases vulnerables, el virus se replegó en estas poblaciones, dado que no había un acatamiento de medidas de seguridad y resultaban más vulnerables.

El analista expresa que esto no quiere decir que este fenómeno deba verse como clasista, sino que se le debe analizar como un factor que deja en evidencia la desigualdad e inequidad social.

Andrés Vecino, investigador de salud pública de la Universidad Johns Hopkins, sostiene que el incremento en la transmisión y mortalidad en los estratos bajos tiene su origen en que quienes desempeñan actividades esenciales, como vigilantes, policías, paramédicos, labores de limpieza, supermercados, transporte de alimentos, entre otros, “en su mayoría, estas personas son de menores ingresos”.

Esto provoca que no puedan quedarse en casa aislados o teletrabajando, pues sus actividades exigen que salgan a la calle a cumplirlas.

Desde el punto de vista del comportamiento, el doctor en sociología y docente de la Universidad del Rosario, Carlos Charry, señala que puede haber una correlación entre el estrato y la percepción del riesgo por el covid.

“Las personas de estos estratos suelen caer más fácil en las falsas noticias o teorías conspirativas que niegan el virus, y al mismo tiempo, son más incrédulas frente a las políticas del gobierno”, dice Charry.

¿Por qué sucede?

El epidemiólogo e infectólogo de la Clínica Universitaria Bolivariana y del hospital San Vicente Fundación de Rionegro, Carlos Agudelo, plantea algunas razones para entender el porqué el virus es más certero en los estratos bajos.

Dichas condiciones pasan por “las dificultades de acceso a los servicios de salud, que pueden ser vistas desde una mayor distancia para ir a un hospital o limitaciones económicas para transporte”. Además, hay menor acatamiento de las medidas de prevención y bioseguridad, como el lavado de manos, uso del tapabocas y evitar lugares cerrados.

Agrega que hay otras razones que pueden ser vistas desde el cómo viven las familias vulnerables, pues sus viviendas son más pequeñas, en ocasiones hay hacinamiento y la ventilación de los hogares no es suficiente.

“El nivel socioeconómico se asocia con un menor nivel educativo y, por ende, hay menor adherencia a la consulta temprana ante síntomas relacionados”, agrega Agudelo.

Frente a esto, Restrepo señala que lo que reseña el Dane es “una clara demostración de la inequidad de la sociedad, que ante una pandemia como esta, no todos tenemos las mismas capacidades de cuidarnos por igual”.

Una visión similar tiene Angélica Maya, médica internista e infectóloga y asesora de la Gobernación de Antioquia para el manejo de la covid, quien destaca que si bien hay cobertura universal en el aseguramiento en salud, casi del 98 % en el país, según el Ministerio de Salud, esto no se traduce en que todos tengan las mismas posibilidades.

“Su capacidad para lograr conectarse a una línea telefónica, con un médico o tener dinero para ir a la consulta de urgencias hacen que la atención sea más limitada”, sostiene Maya. La analista también da una explicación desde el punto de vista médico. La hipoxia silenciosa (pérdida de capacidad respiratoria de manera lenta), se hace imperceptible para el ciudadano.

Sin embargo, hay que dejar claro que el virus también ha provocado muertes en los estratos altos, tal cual se puede ver en la infografía que acompaña este artículo. Además, los analistas coinciden en que no es una realidad propia de Colombia, sino que se ha visto en todo el mundo y lo que marca son las desigualdades.

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Augusto Galán, director del observatorio Así vamos en salud, plantea que aunque es claro que hay una mayor fragilidad social en los sectores más vulnerables, “no creo que haya habido restricción al acceso, porque se ha demostrado que el sistema de salud ha garantizado la atención”. Se evitó el colapso del sistema, especialmente con haber pasado de 5.345 camas Unidad de Cuidado Intensivo (UCI) en marzo a poco más de 10.000 con corte a 31 de agosto.

Economía y salud

Román Restrepo, docente de la facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, para describir lo que pasa con el virus en el mundo, cita al filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quien en una frase describió lo que pasa: ‘El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos’.

Por ello, comenta Restrepo, el coronavirus lo que hace es confirmar lo que la salud pública ha demostrado en los últimos años, “en el sentido de que la población en peores condiciones de vida presenta mayores tasas de mortalidad y una mortalidad a más tempranas edades”.

Restrepo agrega que esto también se ve al comparar los países de mejores ingresos con los de bajos. “No es lo mismo ver la mortalidad en los países del África subsahariana que en los escandinavos”.

Sin embargo, el investigador de Johns Hopkins destaca que Colombia, por tener una cobertura universal y su aseguramiento no depende del nivel de ingresos, garantiza que cualquier ciudadano tenga derecho a la atención médica. Cita, por ejemplo, que en Perú este ha sido uno de los determinantes para tener una tasa de mortalidad de 911 por 100.000 habitantes, pues hay que pagar para acceder a una UCI, lo que no sucede en Colombia. Aquí, la tasa es de 428, según Our World in Data.

Otros determinantes

Hay que tener en cuenta que las enfermedades previas (comorbilidades) más reportadas en los decesos en el país son hipertensión, diabetes y afecciones respiratorias. Por eso, recuerda Galán, son fundamentales a la hora de analizar la mortalidad por estratos.

¿Por qué? El analista plantea que el 80% de estas enfermedades se encuentran en las poblaciones de menores ingresos, lo que aumenta el riesgo de morir al contraer el virus. “Eso también demuestra malos hábitos alimenticios, porque en estratos bajos, al tener que vivir con mayor limitación, tienden a consumir alimentos menos saludables”.

Frente a esto, Román, de la U de A, destaca que están más vulnerables y con mayor probabilidad de morir, dado que “la población en peores condiciones de vida se muere más rápido, porque tienen un mayor desgaste del organismo”.

De igual manera, el investigador de Johns Hopkins detalla que Colombia está en el punto en el cual la diabetes y la obesidad están dejando de ser un problema de la población de altos y medios ingresos a afectar a las comunidades de bajos ingresos, lo que los hace más vulnerables.

Ahora bien, hay un indicador médico final que vale la pena mencionar y que resulta revelador, sobre todo por lo relacionado con la población más pobre.

Según la analista, “tienen menos capacidad de darse cuenta que se están poniendo graves y son personas que están acostumbradas a trabajar con el dolor, con la adversidad. No es grave trabajar enfermos o con dolor”, que es lo que pasa con el virus en la primera semana, pues en la mayoría de casos son síntomas leves, pero en la segunda, cuando ya hay menos capacidad respiratoria y acuden a un centro médico, no hay mucho que hacer para salvar su vida.

Finalmente, Maya detalla que detectaron casos de personas informales que fueron diagnosticadas, pero como no tenían recursos para mantener a su familia, siguieron saliendo a la calle a trabajar, pese al riesgo.

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