sábado 05 de julio de 2014 - 12:01 AM

El Eln tiene al petróleo bajo fuego. ¿Poder o presión?

Las dudas acerca de lo que está sucediendo con la industria petrolera están referidas a si existe una desprotección por parte del Estado o si se trata de una exagerada percepción provocada por las guerrillas, en especial la del Eln, para mostrar que están vigentes.
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Las cifras son claras. El primer semestre de 2014 (1 de enero a 30 de junio), según los datos que a la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP) le ha entregado el ministerio de Defensa; se han presentado 64 ataques terroristas contra la infraestructura petrolera; es decir, 2,5 ataques en promedio cada semana. Y la que termina no fue la excepción.

El pasado domingo, 29 de junio, el Eln atacó un campamento del campo Caño Limón, dejando a trece personas heridas; quienes fueron trasladados al hospital San Vicente, de Arauca. No satisfechos por el terror causado, el jueves siguiente ese grupo ilegal advirtió que el referido campamento había sido cercado con medio centenar de minas antipersonal, versión que fue desmentida por el comandante de las Fuerzas Militares, general Jaime Alfonso Lasprilla.

Mientras el país se enteraba de lo sucedido con Caño Limón, las Farc el lunes el 1 de junio obligaron a los conductores de 23 carros tanques a verter, en los ríos El Tigre y Guamuez en Putumayo, del crudo que estos transportaban. Los vehículos están afiliados a la empresa Vetra que presta sus servicios al consorcio Colombia Energy. Este hecho fue duramente cuestionado por la Defensoría del Pueblo.

“Esta vez no fue contra el oleoducto propiamente, sino contra las instalaciones del campamento, poniendo en grave riesgo la integridad de las personas que se encontraban allí”, dijo el ministro de Minas y Energía Amylkar Acosta, al rechazar lo sucedido.

Dolor de cabeza

Pero al incalculable daño ambiental, por lo menos en el caso de Putumayo, donde la guerrilla afectó los dos principales afluentes de la región, se suman los costos económicos para el país, y más aún para las regiones cuyo desarrollo depende de las regalías.

Según el presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP), Alejandro Martínez, los ataques a esa industria han impedido la extracción de, al menos, cinco millones de barriles de petróleo; cuyo valor fácilmente puede superar los 500 millones de dólares. Los ecos de esas acciones seguro se oirán en las regiones que se benefician de las regalías.

Según Martínez, si bien los ataques siguen afectando la industria, la cifra reportada en el primer semestre de este año representa una disminución del 44 por ciento frente a lo sucedido en el mismo periodo del año anterior, cuando se registraron 113 acciones.

Pero esta es una historia contada una y mil veces. El dolor de cabeza ha estado, y continúa estando en los departamentos de Arauca donde en lo corrido del año se han cometido 21 atentados, número que se repite en Putumayo. En Norte de Santander se dieron 17 ataques, mientras en Boyacá se cometieron 3 y Nariño 2.

Es casi un ‘deja vú’ de lo vivido en 2012, cuando, según cifras de Ecopetrol, en Putumayo se presentaron 39 atentados a oleoductos en el municipio de Orito, zona en la que se replicaron los hechos en 2013, en 86 oportunidades.

En Norte de Santander, los municipios afectados fueron Teorema; con 6 acciones; en Tibú otras 6, y en Convención 8, para un total de 20 ataques en 2012. Ese número se elevó a 73 en 2013, año en el que de nuevo los protagonistas fueron los mismos departamentos. En Putumayo, la zona de San Miguel fue víctima en 18 oportunidades en 2012, y en 17 para 2013.

¿PODER O PRESIÓN?

Las dudas rondan en torno a si la suma de estos hechos constituyen una demostración poder y de vigencia del Eln cuyos acercamientos para iniciar un diálogo de paz con el Gobierno se estarían dando, además de estar en la conmemoración de su 50 aniversario.

“Esa es una demostración de fuerza que no tienen”, dijo el presidente de la ACP ante la posibilidad de que lo que se estén queriendo representar con esos actos, sea una expresión de poder para presionar al Gobierno Nacional ante una eventual mesa de negociación.

Lo cierto es que hasta ahora la meta que en cuanto a producción del crudo que se había fijado la ACP del millón de barriles diarios (bpdp) parece que no se va a cumplir, con las consecuentes pérdidas millonarias. “Este año seguramente vamos a estar por debajo del millón de barriles de producción de área, en gran medida por ataques terroristas y eso implica una disminución importante de los ingresos fiscales de Colombia”, dijo Martínez y añadió que “la renta del Estado es del 81% de cada barril dejado de producir, en impuestos, regalías y participación de Ecopetrol”.

Sobre el tema de seguridad el dirigente gremial se mostró tranquilo al señalar que “en la mayor parte del territorio nacional la situación ha mejorado significativamente en los últimos 10 años”, aunque no desconoce que “hay regiones en las cuales sigue la situación crítica empeorándose en los últimos tres”.

La confianza expresada por Martínez fue respaldada por el ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta quien aseguró que se han redoblando los esfuerzos en este punto. “En este momento se disponen de 94 pelotones del Ejército y de drones que están al servicio del monitoreo de la infraestructura”, indicó.

Pese a los continuos ataques, la proyección que maneja el Ministerio de Minas y Energía es que se pueda tener un repunte en la producción que permita terminar el año en 1.007.000 de barriles, lo que implicaría que entre julio y diciembre se deben producir cerca de 1.030.000 barriles diarios.

Contrario a Martínez se mostró el analista Lázaro Vivero para quien las acciones contra los oleoductos son una manera de reiterar el repudio que sienten los insurgentes por las multinacionales, “pues continúan con su creencia acerca de que dichas compañías están acabando con los recursos naturales, además de las riquezas”.

Armando Borrero, exconsejero de Seguridad Nacional, contempla tres hipótesis al mirar este caso. Una es precisamente el que la voladura de oleoductos pueda ser una forma de presión por parte del Eln con miras a una eventual negociación. “En este caso no hay tal poder en la medida en que esas acciones no requieren de mayor logística; por el contrario, cometer un atentado como los que se han venido dando requieren de un reducido grupo de insurgentes”.

En cuanto a la saña contra los oleoductos, el analista es claro en considerar que ese tipo de sabotaje se da por lo fácil de cometer, sino que además genera repercusiones nacionales. “Ellos (Eln) ya muy poco combaten. Esos ataques no son una demostración de fuerza”.

Además, “el ELN nació oliendo a gasolina, pues surgió de un grupo armado que nació en el campo y que se mató con gente que tenía mucha esencia de la Tropical Oil y luego de la USO. Por eso será su fijación por los oleoductos”.

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