miércoles 18 de marzo de 2015 - 10:12 AM

El feliz regreso de 148 animales víctimas de tráfico a la libertad

El mundo no es tan cruel como parece. el martes se comprobó que de alguna manera hay esperanza, gente que repara lo que hacen quienes se dedican al mal. Todo comenzó muy temprano, a eso de las 5: 30 a.m., cuando el sol aún no se asomaba.
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A esa hora, en el Centro de Valoración de Fauna Silvestre de la CVC, ubicado en la vereda San Emigdio de Palmira, biólogos y médicos veterinarios intentaban, afanados, resarcir a los animales del daño que alguna vez les causó el hombre.

Caminaban por ahí y por allá, dando ordenes, mientras un camión se iba llenando de cajas de madera con respiraderos en los que reposaban boas, primates, tigrillos, loros, guacamayas, tortugas. Los animales estaban en poder de la CVC desde hace meses, después de que les fueran incautados a los traficantes de fauna - que entre otras cosas mutilan las alas de las aves para domesticarlas - o rescatados de situaciones extremas como inundaciones o fincas donde permanecían en cautiverio y mal alimentados.

El martes, mientras reposaban en las cajas de madera, sin embargo, los animales se encontraban en perfectas condiciones.

Para rehabilitarlos pasó un año, explicó el biólogo de la CVC Pedro Nel Montoya. El primer paso fue evaluarlos. Que no tuvieran enfermedades, que su sangre y orina estuvieran correctas, que no presentaran patógenos. Enseguida inició un trabajo con su alimentación. Que los animales, en lo posible, comieran lo que comerían en el bosque. Después el reto fue lograr que se comportaran, también, como lo harían en la selva.

Tal vez fue lo más difícil. Una de las estrategia para lograrlo – contó el biólogo Gustavo Trujillo - fue minimizar el contacto visual entre los animales y los humanos, incluyendo a los operarios del Centro de Valoración de Fauna Silvestre. Eso explica por qué algunas jaulas se encontraban forradas con lonas verdes.

Que el animal próximo a ser liberado no tenga aquel contacto visual tiene un sentido: se busca que no relacione al hombre como su proveedor de alimentos y cuidado, al fin y al cabo en la selva no habrá nadie que le lleve la comida.

Lo que hacemos es una deshumanización. Requerimos que los animales que van a ser liberados a su entorno natural reconozcan al humano como un posible enemigo. Es importante para su supervivencia, agregó Gustavo.

El Centro de Conservación de Fauna Silvestre de la CVC es algo así como una clínica para animales sacados de su lugar de origen por el hombre, maltratados por el hombre.

Solamente el año pasado, por ejemplo, llegaron 700 entre incautaciones a traficantes, rescates y entregas voluntarias. Pero no todos tienen la posibilidad de ser rehabilitados para después retornar a la selva.

Algunos llegan en un estado de salud tan crítico que, después de comités, reuniones, en el Centro de Conversación han determinado que lo mejor para ellos es una muerte asistida. Estos casos son minoría, por fortuna.

Otros animales – los que son mutilados sobre todo – por lo general tampoco pueden regresar a su origen y entonces, después de recuperarlos, los envían a zoológicos o fundaciones. “Por eso podríamos decir que los animales que van a ser liberados hoy tuvieron suerte”, comentó el biólogo Pedro Nel Montoya.

Los animales solitarios como los tigrillos, las tortugas, las boas, viajaron en cajones de madera independientes para evitar conflictos. Las especies más sociables como los primates viajaron en grupo por cajón. Ninguno de los 148 animales que regresaron a la selva lo hizo sedado.

No es fácil evitar el estrés de un viaje. Es una situación con la que tenemos que trabajar. Sin embargo no se puede ni se deben utilizar medicaciones para los animales. Lo que hacemos es darles algunos compuestos de la Vitamina B que son relajantes, pero definitivamente no los dormimos o ‘atontamos’ parcialmente. Necesitamos que estén alertas a la hora de la liberación, explicó el biólogo Gustavo Trujillo mientras caminaba apresurado.

El camión con los animales se disponía a partir a la Fuerza Aérea, donde a eso del mediodía un avión de carga recogió las cajas de madera con sus ocupantes y tomó destino hacia los bosques del municipio de Solano, Caquetá, el sitio elegido para la liberación. El mundo, desde entonces, (para esos animales) parece un mejor lugar.

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