miércoles 13 de noviembre de 2019 - 9:15 AM

El relato de un sobreviviente de la tragedia de Armero

Emilio Méndez Cruz es uno de los sobrevivientes de la tragedia de Armero hace 34 años. Para entonces tenía tan solo seis años de edad y tuvo que presenciar cómo la avalancha acabó con su familia, aunque milagrosamente su hermana fue rescatada con vida por un socorrista de la Defensa Civil.
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Pocos días después comenzaron a llegar las ayudas de diferentes países que se solidarizaron con Colombia. Eran cajas llenas de ropa y juguetes para niños que terminaron en manos de personas que no eran damnificados por la tragedia.

“Cuando íbamos a recoger la ropa nueva que había llegado a través de donaciones de otros países, lo que nos entregaban las enfermeras del hospital era ropa vieja y sucia, aun cuando veíamos cómo ellas abrían las cajas y se repartían la mejor ropa entre funcionarios del hospital; por eso nunca más volvimos a pedir nada de las donaciones extranjeras porque no merecíamos ser tratados como indigentes”, narró Emilio.

También recuerda que “fue muy difícil” recibir las ayudas “debido a que no teníamos documentación porque todas nuestras cosas las perdimos en la avalancha, entonces no podíamos demostrar que éramos armeritas”. Por eso dice que mucha gente aprovechó el desorden y se hizo pasar por sobrevivientes para recibir ropa y auxilios, “y los verdaderos damnificados parecíamos mendigos pidiendo lo que era para nosotros”, se queja Emilio.

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Sin embargo, esa parece no ser una situación aislada sino más bien generalizada en este tipo de eventos naturales, de acuerdo con el antropólogo y sociólogo de la Universidad Nacional Fabián Sanabria. “En un Estado Social de Derecho, cuando surge una tragedia o una catástrofe, el ciudadano tiene derecho a reclamar ayudas al Estado, pues no está pidiendo limosna. Hay que superar la concepción limosnera y caritativa que muchas veces tienen las entidades del Estado, más aún cuando no hay sanciones a quienes se aprovechan de los damnificados: en Colombia siempre el vivo ha vivido del bobo”, sostiene el experto.

Por su parte, Carlos Sepúlveda, decano de la facultad de Economía de la Universidad del Rosario, señaló que el problema en el caso de la avalancha de Armero radicó en la carencia que existía en ese momento de un sistema sólido de registro de la población afectada; de ahí que muchos habitantes de otras poblaciones llegaron a recibir parte de las ayudas que se les estaba brindando a los armeritas, situación que -dice el catedrático- no ha cambiado a pesar de los avances de la Registraduría Nacional.

Avances en atención de desastres naturales

A raíz de todos los desastres naturales por los que ha pasado Colombia, entre ellos el terremoto de Popayán (1998), la avalancha de Armero (1985) y la reciente ola invernal, se demostró la necesidad de crear una entidad que atendiera todos los fenómenos naturales que se presentan en el país debido a sus condiciones climáticas, y que en los casos de emergencia administre adecuadamente las ayudas para la población afectada.

Por esta razón en 2011 se creó la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) que ha trabajado en pro de reducir el impacto de las emergencias naturales y que ha sido la encargada de administrar y hacer llegar las ayudas a las poblaciones afectadas.

Esta Unidad trabaja del mano con otras entidades como el Servicio Geológico Colombiano y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, Ideam, que a través de sus equipos han logrado prever varios desastres naturales y minimizar la vulnerabilidad de las poblaciones cercanas permitiendo disminuir el número de víctimas fatales por las emergencias y dar alertas tempranas en las zonas de influcencia.

Igualmente, a lo largo de los años estas entidades han logrado implementar una mejor tecnología que les ayude a fortalecer la parte técnica para la atención de fenómenos naturales.

Pero la Ungrd no trabaja sola sino, por el contrario, ha contado con el acompañamiento de organismos como las Fuerzas Militares, la Policía, la Cruz Roja, la Defensa Civil, los Bomberos, entro otros, lo que les ha permitido liderar a nivel nacional la oportuna reacción en la atención de desastres.

Omaira: de símbolo de la tragedia a figura comercial

El relato de un sobreviviente de la tragedia de Armero

Aunque en todo el camposanto de Armero hay centenares de cruces y de vez en cuando aparecen grupos de personas rezando por sus muertos, es la tumba de la niña Omaira Sánchez la de más romería.

La pequeña, sin duda, se convirtió en uno de los símbolos de la tragedia, su imagen pidiendo ayuda y despidiéndose de su mamá le dio la vuelta al mundo. Es más, los videos de Omaira en internet tienen millones de visitas.

Sin embargo, hay algo más y es que los vendedores convirtieron su tumba en un “atractivo” turístico en el que venden desde gaseosa y agua helada, hasta relojes, anillos, rosarios, prendedores y esquelas con la niña agonizante.

En la tumba de Omaira la tragedia se repite todos los días. Los vendedores tienen el lugar “acondicionado” con computadores en los cuales se reproduce el video de Omaira, que suena mientras una señora entona un Rosario. Le pregunto a José Antonio Rubio, uno de los vendedores, qué por qué hacen eso y él responde fríamente: “¡Eso es lo que vende!”. Lo cuestiono y le digo que para qué poner el video justo en la tumba de la pequeña y él advierte que lo hace porque necesita comer, “vengo a rebuscarme la vida. Sumercé, entienda, el video de Omaira es el machete para poder vender el CD, claro, yo llego a mi casa todos los días con dolor de cabeza de escuchar a la niña, pero no tengo otra opción”.

Hasta la tumba de Omaira, entonces, llegan todos los días docenas de personas no solo a curiosear, sino también, cual santo, a agradecerle a la niña y entonces, ponen placas en las que le dan gracias. Dicen que la niña hace milagros.

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