lunes 08 de noviembre de 2021 - 7:59 AM

Excéntrico capo que cayó en Sabaneta va rumbo a una cárcel en Holanda

Se llama Said Razzouki, tiene 48 años y la inteligencia de Países Bajos lo considera el jefe de una “maquinaria de matar” que trafica cocaína. Duque ya firmó su extradición.
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Era un jefe narcotraficante a la vieja usanza. Dejó de contactarse con su familia durante los últimos 8 años, evitó a toda costa el uso de redes sociales y hasta de teléfonos móviles y, para garantizar que no lo detectaran, cada tanto hacía ajustes a su apariencia física. Excéntrico sí por sus métodos, pero no ostentoso como los capos con los que se codeó desde finales de los 90 y principios de los 2000.

Esa es parte de la descripción que tienen organismos de inteligencia colombianos y holandeses de Said Razzouki, un poderoso narcotraficante europeo que logró camuflarse en el municipio antioqueño de Sabaneta y cuya extradición a Países Bajos acaba de ser ratificada por el presidente Iván Duque.

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EL COLOMBIANO tiene en su poder la resolución ejecutiva 238 del 27 de octubre de 2021, en la cual está la rúbrica del Jefe de Estado y los argumentos por los que Razzouki –de 48 años y pedido en extradición por el Tribunal de Ámsterdam– será remitido en cuestión de días a una cárcel en Holanda.

En efecto, la defensa de este ciudadano marroquí-holandés pidió tumbar en septiembre pasado su extradición, argumentando que el aval que de la misma había dado la Corte Suprema de Justicia no tenía un fundamento “serio”, ya que –a su juicio– los delitos por los que Ámsterdam pedía su envío eran “indeterminados”.

Por eso, según el expediente en poder de este diario, pidió reconsiderar su extradición “hasta tanto el Estado requirente no precise con exactitud los actos que determinan la reclamación, así como los lugares y fechas de su ejecución y no de manera indeterminada y genérica como se ha hecho”.

Pero el Ministerio de Justicia y la oficina jurídica de la Casa de Nariño le respondieron en la resolución firmada hace 13 días por Duque que, contrario a sus argumentos, la solicitud de extradición cumple con todos los parámetros legales y que la única salvedad que se puede hacer es recordarle a Holanda que Razzouki no podrá, entre otras cosas, “someterlo a desaparición forzada, torturas, tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, prisión perpetua o confiscación”.

¿De qué se la acusa?

Razzouki es el responsable, según la justicia holandesa, de al menos una decena de asesinatos relacionados con el ajuste de cuentas entre grupos narcotraficantes que trafican cocaína a través de puertos europeos y que mueven el alcaloide, incluso, por algunos países árabes y de África.

De hecho, su cómplice fue capturado en 2020 en Dubai, ciudad de Emiratos Árabes donde estaba buscando cómplices para ampliar las redes de su narcobanda. Se trata de Ridouan Taghi, jefe del capo que cayó en Colombia y a quien también terminaron extraditando a Ámsterdam.

Lo jugoso del mercado ilegal árabe está en que, debido a la riqueza petrolera que caracteriza a estos países, el kilo de coca puede superar hasta los 50 millones de pesos (unos 13.000 dólares).

El rol de Razzouki en este entramado ilegal consistía en negociar la cocaína en Colombia, incluso –según estableció EL COLOMBIANO– con emisarios del Clan del Golfo, y asegurar las rutas a través de las fronteras marítimas con Panamá y terrestres con Venezuela para que la droga pudiese seguir sin líos hasta el viejo continente.

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Pero para capturarlo, la Policía colombiana tuvo que recurrir al apoyo de agencias internacionales como la DEA y el FBI, y a rastreos aéreos y secretos para poder ubicarlo, pues al evitar el uso de este tipo de tecnología su rastro era imperceptible.

Fue así como logró ocultarse por al menos cuatro años en Sabaneta, municipio del Aburrá a donde un comando policial –apoyado por agentes extranjeros– llegó en febrero de 2020 a capturarlo. En ese momento, Razzouki se lanzó desde un tercer piso de la edificación donde se ocultaba para intentar escapar, pero las heridas que se autoinfligió con el golpe le impidieron seguir adelante.

Desde ese momento, y hasta ahora, ha permanecido en un calabozo de extraditables en Bogotá, a donde lo trasladaron para evitar que se gestara un eventual plan de fuga.

Pero en todo este tiempo, de acuerdo con fuentes judiciales, este marroquí-holandés evitó hablar de sus cómplices colombianos. Ahora, con la confirmación de su extradición por parte del presidente Duque, solo es cuestión de días para que termine en una cárcel en Holanda

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