lunes 15 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Sobreponerse al exilio, el doloroso camino de Gonzalo Restrepo

Gonzalo contó su historia y pidió asilo político en varios países, Suecia lo acogió.
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Gonzalo Restrepo lleva 33 de sus 53 años de vida en el exilio, fuera del país que lo vio nacer y por el que soñaba trabajar toda su vida y crear un cambio en el que se acepten las diferencias de las personas que, como él, piensan diferente.

Cuando tenía 20 años, le tocó alejarse del suelo colombiano, luego de ser víctima de un terrible atentado que le dejó incrustado para siempre un fragmento de bala en el pómulo, para recordarle la inclemencia de la violencia que todavía parece no cesar en el país.

Ocurrió cuando era dirigente estudiantil de la Universidad Autónoma Latinoamericana, en donde estudiaba sociología en los años 80, y lideraba a los estudiantes tanto en movimientos culturales como en protestas, por lo que consideraba justo, lo que llamó la atención de un grupo paramilitar denominado “Amor por Medellín”, que empezó a seguirle los pasos y tildarlo de guerrillero, por sus ideas.

A la salida de la universidad, por la espalda y cuando estaba desprevenido, alguien lo abrazó y le disparó en la cara para matarlo. El sicario huyó convencido de que había podido arrebatarle la vida a Gonzalo, mientras él cayó al piso, consiente, pero sin entender lo que le había pasado.

$!Sobreponerse al exilio, el doloroso camino de Gonzalo Restrepo

“Antes de que me dispararan yo conocía que me estaban persiguiendo y que me querían asesinar porque me habían hecho tres atentados graves. Dos veces me dispararon desde carros blindados, pero no alcanzaron a pegarme un solo tiro y otra vez cuando me encontraba en el Parque de la Milagrosa (en Medellín), por dispararme a mí, hirieron a una niña que se encontraba jugando. Yo no dimensionaba hasta ese momento la gravedad de las amenazas en mi contra, cuando me decían ‘piérdase guerrillero hijueputa’ pensaba que podía enfrentarme a ellos”, cuenta Gonzalo.

Y es que antes de que lograran dispararle, cuenta Restrepo, a Medellín la inundaban panfletos con fotos y nombres de estudiantes que los paramilitares amenazaban de frente.

“Cuando uno está joven se siente invencible, es muy idealista. Yo no les temía a las amenazas. Me dijeron que tenía que irme de la ciudad, perderme, que estaba avisado y en los panfletos que circulaban por ese entonces mi cara estaba tachada con una equis... Cuando por fin me dispararon, yo quedé como desorientado, caí al piso, pero no inconsciente y me toqué la cabeza y vi la sangre. Como ayudaba en el hospital también, sabía cómo tenía que hacer el procedimiento para que me atendieran, así que di las instrucciones y ahí si me desvanecí”, narra.

Los paramilitares se enteraron que no habían cumplido con su cometido y fueron hasta el hospital vestidos de médicos para terminar con el “trabajo”, por lo que Gonzalo tuvo que salir corriendo.

Viajó a Suecia como refugiado

Un año después de su atentado, tras permanecer aferrado a la idea de continuar en el país y luchando hasta el último momento por poder quedarse a terminar su misión en este suelo, Gonzalo viajó hasta Suecia como refugiado, luego de que el padre Javier Giraldo lo ayudara a cumplir con esa misión y lo llevara a un avión que terminaría sellando el fin de su historia en Colombia.

“La idea no era irme para siempre, era ausentarme un tiempo y volver... Cuando llegué a Suecia la sensación era indescriptible. Sentía soledad, un frío terrible, miedo de no entender nada porque no hablaba inglés, ni sueco y me sentía completamente perdido. Me llevaron al hospital de Linköping y entré a una zona en donde había heridos de guerra de todo el mundo, fue traumático. Además, la traductora no estaba disponible todo el tiempo, lo que me dificultó aún más las cosas”, narra Gonzalo.

Estando en Suecia, le practicaron 4 cirugías, le explicaron que no podían retirarle la bala de la cara y que su viaje tenía que alargarse porque su recuperación y tratamiento se iba a tardar más de lo esperado, lo que lo obligó a dejar su idea de volver a Colombia para seguir con sus estudios.

Restrepo entendió que tenía que capacitarse, adaptarse a su nueva vida en Suecia y le tocó volver a estudiar el bachillerato, aprender a las malas a hablar inglés y encajar en un mundo en donde lo observaban raro por la seña de violencia que tiene todavía plasmada en la cara. Fue un proceso verdaderamente difícil, de duelos contantes, de tratar de sobreponerse al dolor y entender que su vida no volvería a ser nunca más la misma.

Le costó comunicarse, dejar su arepa paisa, no poder comer yuca y le cambiaron todas las bases de su existencia, pero con la valentía y la verraquera que lo caracterizan, como buen paisa, se sobrepuso a su situación y adquirió un préstamo para poder estudiar en la universidad (que terminará de pagar cuando tenga 65 años) y empezó a trabajar, a estudiar y salió adelante con el pasar del tiempo.

Empezó a trabajar en una empresa de metalmecánica y a pesar de que no era sencillo, pues no tenía completa su movilidad, sobresalió por su inteligencia y rápidamente lo ascendieron. Entabló una relación con una mujer sueca, perfeccionó el idioma, consiguió un trabajo en Estocolmo y pudo continuar con sus estudios.

En ese camino, tras terminar su relación son la dama sueca, conoció a una mujer, hija de refugiados uruguayos, quien se convirtió en la madre de su único hijo y terminó su carrera profesional que en Colombia podría compararse con el mercadeo.

Pero no todo podía ser bueno, pues incluso estando al otro lado del mundo, lo llamaron a amenazarlo. Le dijeron que se quedara bien lejos, que si volvía a Colombia iban a atacar a su familia y Restrepo entendió que volver no era una opción. Entonces pidió la nacionalidad sueca y tuvo que renunciar a reconocerse como colombiano, porque en ese momento no se podía tener doble nacionalidad.

Tras varios años y luchas, Gonzalo fue reconocido formalmente como víctima en Colombia, gracias a una publicación que realizó el diario El Colombiano el 26 de noviembre de 1986 y muchos años después pudo entregar su testimonio a la Comisión de la Verdad, como parte de la labor que realiza ese organismo para explicar la violencia en el marco del conflicto armado.

Director de proyectos

Gonzalo Restrepo es un exitoso Director de Proyectos en empresas a nivel internacional. Tras vivir en Suecia, su trabajo lo ha llevado a España, México, Chile y ahora vive en Malasia. Sigue amando a Colombia, comiendo arepa paisa, siente que cada experiencia por la que tuvo que pasar lo hizo crecer como persona y espera algún día poder aportar su experiencia al país, impulsar pequeñas empresas a salir adelante y proyectarlas para que crezcan en la región. Su idea de vejez, es estar en una finca en Colombia y cree que este país puede ser mejor.

Aún siente miedo y cree que existe en muchas personas la idea de que quien piensa diferente es un enemigo, le preocupa cómo continúan en el país los asesinatos de líderes sociales.

NOTA: Crónica escrita como parte de una alianza con la Comisión de la Verdad para contar historias de víctimas colombianas que viven en el exterior, una contribución inédita a la verdad del exilio colombiano. “Esta crónica fue posible gracias al apoyo del gobierno de Estados Unidos de América a través de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Sus contenidos son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID, el Gobierno de Estados Unidos de América o de la OIM.”

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