martes 22 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Humor con sentido

Durante siglos el humor ha sido considerado como el mejor opositor. Según los expertos, si no existiera no habría mucho por hacer y políticamente seríamos una sociedad plana.
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Veinte años después de su asesinato, Jaime Garzón continúa siendo una figura importante en el imaginario colectivo de los colombianos, más aún, tras la situación que día a día afronta el país.

En su vida, fue abogado, periodista, presentador y hasta funcionario público, pero sin duda la gente guarda en su memoria al destacado líder de opinión que usó el humor político como forma de activismo.

Un personaje agudo e histriónico que se dio a conocer en todo el país a través de formatos que combinaban la parodia y el reporte de la realidad colombiana.

Como él, a lo largo de los años en Colombia, y en el mundo, han existido diversos personajes que valiéndose del humor, la sátira y la caricatura han criticado el acontecer nacional.

En los años 30, Ricardo Rendón documentaba la política nacional con caricaturas sobre Alfonso López Pumarejo, Laureano Gómez o la masacre de las bananeras. Sus dibujos, amados por unos y odiados por otros, dejaban en evidencia las artimañas de los poderosos.

En la misma línea, años más tarde Lucas Caballero Calderón, más conocido como ‘Klim’, cargaba de humor, inteligencia e irreverencia sus columnas publicadas en diarios como El Tiempo y El Espectador, textos en los que solía burlarse de los personajes de la vida pública de su época.

Fue tanta la acogida a su crítica que en 1977, cuando publicó las denuncias por corrupción que por poco tumban al gobierno de Alfonso López Michelsen, las directivas de El Tiempo, por influencia del presidente, le pidieron ser más moderado. A raíz de esto ‘Klim’ renunció y volvió a El Espectador.

“El humor es muy interesante porque es como un taladro, es una prueba ácida que se le hace a la política. Aún nos falta mucho humor, nos faltan más caricaturistas, más escritores que manejan esa pluma humorística que es tan importante, porque muestra a la gente como es”, opina el Docente Universitario, Rodolfo Mantilla Jácome.

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Hacer catarsis

Expresar emociones reprimidas ha sido desde siempre la función del humor, una forma de enfrentar la realidad, en ocasiones con matices de crudeza.

Los chistes, las parodias, el doble sentido, son maneras de alterar el discurso de lo real, uno que muchas veces aburre por su seriedad.

Según relata Neyla Pardo, lingüista y Miembro del Instituto de Estudio en Comunicaciones de la Universidad Nacional de Colombia, a lo largo de la historia de la humanidad, los pueblos que han sufrido todo tipo de opresiones, siempre han encontrado en el arte y particularmente en las formas de expresión burlesca una alternativa para la construcción de formas de resistir los ejercicios abusivos de poder.

“El humor ha sido el escenario para que la gente del común exprese sus ideas sobre cómo se está percibiendo el ejercicio del poder político, económico y en general del ejercicio social, por parte de grupos humanos que en algún momento o circunstancia histórica han asumido esos roles”.

Hoy sobran los formatos para hacer humor político, en donde la creatividad y el ingenio a flor de piel son el principal ingrediente al momento de transmitir un mensaje.

Periódicos, revistas, programas de radio y televisión, hasta las más modernas obras de stand-up y las redes sociales están a la orden del día.

Según manifiesta Mario Morales, analista y docente de la Universidad Javeriana, el humor es siempre una salida cuando lo demás no funciona por su carácter emocional y porque conecta a las audiencias.

“Funciona cuando la censura, la presión, el lenguaje de unos o la desinformación son evidentes, y genera más ruido hacer crítica a través de argumentos que recurren a otro tipo de estrategias. El humor siempre será una alternativa, que tiene una enorme incidencia, tanto en las audiencias como en los personajes que son narrados, además de que forma parte de nuestra identidad, por eso es tan fácil conectarse en los memes, en las redes, en el cine, en la comedia y en la televisión nacional, porque está inmerso en nuestro ADN y es a través del humor que encontramos reconocimiento”, expresa.

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¿Un mal necesario?

Aunque en repetidas ocasiones el humor ha sido una ideología no aprobada por todos, forma parte de la naturaleza comunicativa del ser humano, como refiere Pardo.

“Todos hacemos chistes, somos satíricos, hacemos todos los juegos del lenguaje que tienen sentido para el ser humano y por eso los producimos. Cuando se hace humor político estoy jugando, hago un pacto con el humor, en esa medida el significado debe producir al otro risa, se planea crear humor satírico, ridiculizar, poner en evidencia de una manera configurada, con unos determinados propósitos, una realidad que está en la vida cotidiana de cierta comunidad”.

No obstante, el ejercicio del humor político ha puesto en peligro la vida y la integridad de aquellos que encontraron en la risa una crítica a la sociedad.

“El humor corrige, sanciona, bienvenido el humor que aunque es importante, también ha sido muy riesgoso”, argumenta Mantilla Jácome.

El humor como opositor

Édgar Sánchez Torres, más conocido como ‘Junífero’, es un reconocido comediante santandereano que se ha tomado muy en serio el arte de hacer reír.

Aunque ‘Junífero’ recalca que su manera de hacer crítica no va enfocada a la política, reconoce que no hay nada más serio que hacer humor.

“Es un tema delicado, de política pasamos a politiquería y es ahí cuando el político peca y da el espacio para que el comediante haga humor de esa situación. Nosotros, (los humoristas) los que nos dedicamos a generar sonrisas estamos pendientes que cualquier situación que se presente en la vida cotidiana. Sin embargo, he sido muy esquivo a mezclar el humor con situaciones de dolor”.

A pesar de que su línea artística vaya por otro lado, asegura que de alguna forma es bueno que en el país aún se pueda hacer humor de cualquier situación, siempre y cuando no se atente contra una vida o una desgracia.

“Censurar el humor es como censurar al maestro Botero porque en sus obras resalta a la gente gorda. Si le buscamos la arista a cualquier actividad artística podría ser censurada. Si le cortamos las alas al humor apague y vámonos, estaríamos entrando en una dictadura informativa, intelectual. Si caemos en esa trampa ideológica, no podríamos hacer ningún tipo de critica”, advierte.

“La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”, rezaba el dramaturgo y actor italiano Darío Fo.

Recientemente Alejandro Riaño encarna el papel de Juanpis González, el personaje más políticamente incorrecto del momento, que es cómico, delirante y una crítica voraz de nuestra época.

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