miércoles 16 de septiembre de 2020 - 5:10 PM

Indígenas exigen la presencia del presidente Iván Duque en el Cauca

Las comunidades nativas misak, pijao y nasa adelantaron una amplia movilización por las principales calles de Popayán, para exigirle al gobierno de Iván Duque el cumplimiento inmediato de los acuerdos de paz.
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“Presidente no tenemos dudas de que eres un luchador, pero su pelea solo está dirigida a la clase más privilegiada de este país y usted no es el presidente de la república del Centro Democrático, sino de todos los colombianos”, expresaron las autoridades indígenas del suroccidente del país, Aiso.

La organización que reúne las tres comunidades mencionadas anteriormente agregó: “tranquilo presidente, aquí estamos para recordarle su deber de gobernar para el pueblo ejerciendo el derecho fundamental a no olvidar a los que han sido asesinados por luchar por la vida y la paz”.

Por eso, en chivas, los nativos llegaron primero a la salida norte de Popayán, donde se reunieron para después movilizarse hacia el sector histórico y terminar con un acto político que planteó la necesidad de detener la violencia en las regiones colombianas.

“Marchamos contra la violencia, no más atropellos contra los campesinos, los indígenas, en fin, contra los colombianos y las colombianas, como es el asesinato de líderes sociales, son 700 representantes comunitarios asesinados desde la firma del acuerdo de paz”, indicó Luis Enrique Yalanda Hurtado, representante de Aiso.

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Según explicó Yalanda Hurtado, “de esa cifra son alrededor de 200 líderes nativos ultimados, por eso decimos, con esta marcha, no más, acá pedimos la presencia del presidente Iván Duque en La María, Piendamó, para hablar del tema”.

El recorrido se adelantó en completa calma, donde los nativos expusieron sus expresiones culturales a la hora de pedir la presencia de Iván Duque en La María, Piendamó, para proponer la implementación de los acuerdos de paz con las Farc y el proyecto de país que ellos tienen.

Para este jueves se tienen proyectan más movilizaciones por parte de otras organizaciones sociales, las cuales se sumarán a la concentración nativa que se adelantará en la localidad en mención a la espera del llegada del presidente de los colombianos con sus ministros.

Derribaron estatua

La movilización de los pueblos indígenas terminó con el derribamiento de la estatua de Sebastián de Belalcázar, el fundador de la ciudad de Popayán y otras ciudades colombianas.

“Ese muñeco es una afrenta para nuestro pueblo, masacrados por los conquistadores”, comentaban los nativos que protagonizaron el polémico acto que hoy tiene dividida a una ciudad, habitada por blancos, negros, indígenas, mestizos.

Por eso, cuando la movilización llegó a este punto del centro histórico, varios nativos misak, pijao y nasas subieron el tradicional Morro de Tulcán para acorralar a cinco policías carabineros, intimidarlos con palos y machetes para después tumbar el monumento, como si se tratara de una cuenta pendiente de la historia.

“Era un montón, no pudimos hacer mucha cosa porque nos atacaron con arma blanca”, comentaban los policías mientras acordonaban el sitio mientras las autoridades empezaban el registró de cómo quedó la figura del conquistador.

Los vecinos de los barrios aledaños, muchos de ellos descendientes de españoles, no podían creer semejante situación, considerada por ellos como una falta de respeto a la historia de Popayán.

Sin embargo, en los rostros de los nativos, protagonistas de este capítulo de la historia, se veía el odio que siente aún por los duros momentos que vivieron sus antepasados cuando los españoles llegaron a conquistar estas tierras.

“El Morro de Tulcán fue un cementerio precolombino que existió 500 años antes de la llegada de los españoles. Era un templo sagrado donde se adoraban los dioses, el sol, la luna, las estrellas, la lluvia”, cuenta el portal comarca digital. com en un trabajo donde expone cómo fue error ubicar la estatua de Sebastián de Belalcázar en un sitio sagrado para los pueblos originarios.

Entonces, este acto era como un ajuste de cuentas por esa otra historia que rodea este lugar, un escenario turístico de la ciudad.

Luego de tumbar la estatua, los nativos continuaron su movilización por la ciudad, arribando a un parque donde gritaron a viva voz: “Cayó el Conquistador”, mientras eran rodeado por centenares de Policías.

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