martes 05 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Joven encamina un pueblo a la paz cambiando coca por cacao

El proyecto ha salido adelante a pesar de obstáculos como los problemas de orden público en la región y la tentación del dinero fácil que viene con la coca.
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El anhelo por frenar la violencia empujó a Elmer Zapata Rojas, un técnico en producción agropecuaria de 27 años, a emprender una cruzada en su pueblo para cambiar los cultivos de coca por granos de cacao con la idea de “dejar de ponerle víctimas” al conflicto colombiano.

“El cacao no tiene ningún enemigo”, le dijo a Efe Zapata para ilustrar el discurso que utiliza con campesinos en Valdivia, un municipio de Antioquia (noroeste) que se mueve entre la erradicación forzada y la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos.

El joven, que hoy lidera a 72 familias como presidente de la Asociación de Cacaoteros de Valdivia (Asocaval), impulsa proyectos de transformación en una zona donde la cultura de la ilegalidad está “muy arraigada”.

Zapata pone su historia como ejemplo ante los cultivadores que frecuenta a diario para hablarles del cacao, producto que cambió su vida y que ha exportado a España, Bélgica, Estados Unidos e Inglaterra.

“Me salí del colegio a los 14 años para sembrar coca”, contó Elmer, interesado en mostrar que “es posible construir un futuro en el campo”, pero de forma correcta.

En 2009 llegó a Valdivia un programa de sustitución de cultivos ilícitos al que se acogió junto a 130 familias: “Habíamos sufrido mucho la violencia, no queríamos ponerle más víctimas al conflicto”.

Muchas de ellas desertaron, pero los Zapata se mantienen hoy firmes pese a las diferencias entre un cultivo y otro. Según explica el productor, los cultivos de coca producen cada dos meses.

“En todos lados hay peligro, se vive con zozobra”, apostilló al detallar que en ese mundo deben lidiar con los grupos armados que manejan el negocio, los ladrones y la fuerza pública.

El cacao, en contraste, es un cultivo de “ciclo largo”, en el que a los dos años los campesinos empiezan a ver los primeros frutos y el pico de producción lo tienen después de cinco años.

“No se puede comparar en cuestión de ingresos económicos, pero sí con la tranquilidad”, afirmó Zapata.

La asociación ha sido determinante para Valdivia en esos pasos hacia la paz al apoyar a los agricultores con semillas e insumos, además de darles acompañamiento técnico y dejarles las plántulas injertadas en sus fincas.

“Cambiarle la mentalidad a un cocalero no es fácil, pero ahí está el reto”, comentó. Actualmente, Asocaval atiende más de 300 familias productoras de cacao en 27 veredas, “algunas complicadas” por el tema de orden público, pero con “gente que quiere cambiar”. Bajo su óptica, “el cacao para esta región significa oportunidad, progreso y futuro”.

El volumen comercializado por la asociación, que en 2015 fue de 40 toneladas, subió a 66 toneladas en 2018 y esperan cerrar este año con 90 toneladas.

Recientemente lograron venderle a la empresa inglesa Willie’s Cacao, cuyo propietario, Willie Harcourt-Cooze, es reconocido por el documental “Willie Wonka’s Chocolate Factory”.

Para él, ese tipo de oportunidades “aumentan la credibilidad” en el proyecto, pues sus coterráneos “nunca imaginaron” que productos de Valdivia entrarían al mercado internacional.

Zapata indicó que para exportar fue fundamental unirse como gremio y por eso crearon la organización Chocolate Colombia con ocho asociaciones de Antioquia y Córdoba, en la región del Nudo de Paramillo.

Esa agremiación ha desarrollado productos como barras de chocolate de origen con alta concentración de cacao y con beneficios para la salud, a diferencia de las “golosinas con sabor a chocolate” altas en azúcar y leche.

En ese sentido, “hay que hacer un trabajo fuerte para educar al consumidor”, que usualmente cree que el chocolate es malo para la salud.

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